Las proyecciones sobre la profundidad de la caída de la actividad económica han ido empeorando progresivamente y Latinoamérica se encuentra entre las regiones del mundo más perjudicadas ante la pandemia. Debido al enorme malestar por la muy difícil situación nacional, a la confusión generalizada por la extensión y el agravamiento de la crisis y también a las malas intenciones de algunos formadores de opinión muy influyentes es necesario analizar el escenario con parámetros cuantitativos de fuentes homogéneas y de alto prestigio internacional para tener una mejor percepción del impacto de la crisis y de la efectividad de las políticas aplicadas para mitigarla.

Esos motivos posiblemente impidan distinguir e incluso puedan sorprender a las grandes mayorías que el impacto de la pandemia en Argentina sería el menos nocivo junto al que padece Chile, entre las economías medianas y grandes de Latinoamérica. Esta conclusión se desprende de la observación de las proyecciones más recientes realizadas por los grandes organismos internacionales y las que hacían antes de la declaración de la pandemia por parte de la OMS.

En sus últimos informes, el FMI estimó una contracción del PBI regional en 2020 de 9,4%, el Banco Mundial de 7,2% y la CEPAL de 5,3%. Si bien la recesión esperada para la economía argentina figura entre las de mayor magnitud (9,9% para el FMI, 7,3% para el Banco Mundial y 6,5% para la CEPAL), el efecto atribuible a la pandemia es de los más bajos. Ello se debe a que, previamente, nuestro país ya estaba atravesando una crisis y, en consecuencia, esos organismos internacionales y también las consultoras privadas descontaban un tercer año consecutivo de recesión. Curiosamente, las tres instituciones preveían antes del inicio de la pandemia una merma del 1,3% y la expectativa de las consultoras privadas daba cuenta de un escenario levemente más hostil (-1,5%, según la mediana de los resultados del relevamiento del Banco Central de enero de 2020).

La menor caída relativa de Argentina respecto al promedio de la región y en particular en relación a los países medianos y grandes es un dato que debería valorarse positivamente. Con un sector privado que ya venía achicándose, perdiendo puestos de trabajo, cierres de empresas y con niveles de rentabilidad y utilización de la capacidad productiva en los niveles mínimos históricos e inclusive grandes empresas registrando fuertes pérdidas, el golpe de la pandemia debería implicar una contracción aún más profunda.

La diferencia fundamental vienen siendo las políticas públicas de resguardo que, desde ya, son insuficientes para combatir este flagelo mundial, pero que evidentemente son las más efectivas en este contexto. Además de la debilidad de las empresas privadas, los recursos públicos para paliar la crisis fueron muy limitados por el sobreendeudamiento del gobierno de Cambiemos que restringe todo tipo de acceso al crédito externo para financiar este proceso.

Economía comparada 

La comparación macroeconómica del impacto respecto a las economías medianas y grandes de la región es una medida apropiada debido a que la pandemia viene siendo considerablemente más agresiva en esos países como consecuencia de la mayor complejidad del control sanitario en las grandes ciudades.

Al respecto, la referencia de la proyección más pesimista para la Argentina y que también es la más reciente (la de junio pasado del FMI) es contundente. La profundización de la recesión esperada, atribuible a la pandemia y a las políticas que se han aplicado para moderarla, equivalente a 8,6 puntos porcentuales. El Fondo tenía una previsión de 1,3% de caída en enero de 2020 y en junio pasado la extendió hasta 9,9%.

Esa merma prevista es menos aterradora que la proyectada para los otros cinco países más grandes de Latinoamérica. En Brasil, el Fondo esperaba a principios de 2020 un crecimiento de 2,2% y ahora estima baja de 9,1%. Así, el impacto sería de -11,3 puntos porcentuales. En México, pasó de 1% a -10,5%, lo cual implica una pérdida neta de -11,5 puntos porcentuales. En el caso de la siguiente economía más grande de Latinoamérica (Colombia), el FMI saltó de estimar un crecimiento de 3,4% a calcular una recesión de -7,8%. O sea, bajó 11,2 puntos porcentuales. Solamente Chile (quinta economía más grande de la región) tiene una merma esperada atribuible a la pandemia similar a la de Argentina. El Fondo proyectaba, antes de la crisis global, un crecimiento del 0,9% y ahora prevé una reducción del -7,5%, así que su pérdida sería de 8,4 puntos porcentuales. Y para Perú, sexta economía de Latinoamérica según su PBI, pasó de estimar 3,2% de crecimiento a -14%, 17,2 puntos porcentuales menos, el peor de los impactos.

Este colapso es a todas luces lamentable, las comparaciones pueden ser odiosas y no significan un consuelo. Pero sí corresponde considerarlas para entender que los esfuerzos no son en vano y que los escasos recursos públicos están siendo relativamente bien empleados, en especial cuando existen grupos de poder que buscan aprovecharse del padecimiento ajeno para intentar sacar rédito.

* Economista y embajador ante el Mercosur y Aladi 

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