La aprobación por parte del FMI de una asignación general de DEGs a todos sus miembros es una medida de extraordinaria relevancia para la Arquitectura Financiera Internacional (AFI), tal vez una de las más importantes desde el colapso de Bretton Woods en 1970-73 que implicó pasar de un régimen global de tipo de cambio fijo con reglas claras a uno de flotación sin reglas.

Los DEGs son lo más parecido a una “moneda internacional”, pero no cumplen con todas las condiciones de una divisa tradicional. El DEG es unidad de cuenta y de reserva, pero no se usa en transacciones ordinarias. De hecho, el sector privado no puede ser tenedor de DEG. Es un “derecho a girar” contra otras monedas liquidas.

Su valor se determina a partir de una canasta que tiene en distintas proporciones 5 monedas internacionales (dólar, euro, yen, yuan y libra esterlina). No hay reservas como back up pero su conversión en distintas monedas está garantizada por el FMI. Para ejercer ese derecho el país debe ser un miembro activo del FMI. Los DEG constituyen un pasivo contingente, puesto que, si el país se retira del FMI, debe devolverlos. Pero, a diferencia de los préstamos tradicionales, su utilización no está sujeta a condiciones. Sólo ser socio activo.

Sus usos son múltiples. Se pueden mantener como Reservas del BC, se pueden cambiar por otras monedas para hacer pagos, se pueden usar para cancelar deudas, integrar la cuota en el FMI, realizar aportes a Fondos que los prestan a terceros países o prestarlo bilateralmente a otros países. De acuerdo con el uso que le dio, un país puede tener en su balance con el FMI más o menos DEGs que los asignados y, por tanto, recibe o paga una pequeña tasa de interés (0.05% anual).

Existe un mercado intermediado por el FMI donde los países compran y venden DEGs por monedas internacionalmente liquidas en base a Acuerdos de Intercambio Voluntarios (VTA, por sus siglas en inglés) y donde los Bancos Centrales de 31 países más el BCE actúan como Creadores de Mercado.

La asignación se reparte en proporción a la cuota de cada país en el capital del FMI. En otro momento explicaremos como se distribuyen las cuotas, en base a un sistema muy complejo de indicadores que mantiene una sobre representación de los países avanzados, en especial de Europa. Los cambios de cuota son muy inerciales porque deben ser aprobados por los propios países que perderían participación.

Desde la creación del FMI hasta ahora las asignaciones fueron pequeñas: 1) en 1970-72 con la ruptura del Tratado de Bretton Woods: 9.300 Mill de DEGs; 2) en 1979-81 otra gran crisis: 12.100 Mill, 3) en 2009 con una crisis aún mayor se asignaron en total: 182.700 Mill y ahora se asignarán 455.000 Mill.  Lo cual muestra la dimensión inédita de la actual distribución.

Expresado en dólares esto equivale a 650.000 Mill, de los cuales 376.000 Mill (58%) van a economías avanzadas. El resto irá a países de ingreso bajo y en desarrollo, entre los cuales se encuentra Argentina, que recibirá 4.400 Mill. Seguramente buscar otra forma de asignación hubiera generado un debate larguísimo y el riesgo de llegar muy tarde. Vale recordar que en el FMI las decisiones claves requieren el 86% de los votos y que EEUU detenta el 15% de los votos.

Que sea una asignación generalizada no condicional evita para los países el “estigma” de tener que pedir un crédito al FMI. En la asignación de 2009 una parte importante de los países en desarrollo vendieron sus DEGs o los usaron para cancelar deudas. Los números que vemos, sin embargo, muestran que hay un gran volumen de estos DEGs que no cumplen una función macroeconómica relevante, ya que están en las reservas de países que no los necesitan. Por ello han surgido ideas, como la planteada por la Directora Gerente Giorgieva, para recircular estos DEGs hacia usos más productivos para la recuperación económica global y la estabilidad financiera.

En este sentido, hay un gran esfuerzo diplomático para la construcción de un esquema donde los DEGs que no son usados por esos países sean recirculados en forma de préstamos a tasas más bajas que las usuales y a plazos más largos para países con menor espacio fiscal. De hecho, el Comunicado del FMI postula ampliar el Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza, donde los países beneficiados no pagan intereses, y sostiene que se está estudiando un nuevo Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad que facilite un crecimiento más resiliente y sostenible a mediano plazo. Esto está en línea con propuestas como las de Argentina y México, entre otros.

Para poner en contexto la importancia de la medida, podríamos decir que esta acción comienza a hacer de los DEGs un instrumento algo más parecido a las ideas fundacionales de Keynes en el Tratado de Bretton Woods respecto a la provisión de liquidez global. Luego, tanto la realidad política y militar como la fuerza del dólar y la economía de EEUU limitaron esa idea. Posiblemente la nueva realidad monetaria requiera repensarla.

Justamente, el punto es que esta provisión de liquidez global se da sobre bases excepcionales (una crisis), no como un evento regular y programado. La actual AFI tiene pendiente resolver cómo sería la provisión de liquidez global frente a eventos de estrés financiero sobre bases más predecibles. Hoy sigue dependiendo de acuerdos de swaps de la FED con algunos bancos centrales, de los aportes de los otros grandes BCs sistémicos y de redes como Chiang Mai. Esto ocurre en un contexto donde los grandes desbalances de cuenta corriente no se han reequilibrado, lo cual acentúa cada día los desbalances de las posiciones deudoras y acreedoras netas de los grandes países.

Estos desbalances de flujos y stocks muestran que el mundo ha alcanzado niveles de financiarización muy altos (medidos como deuda o acreencias/PIB o deuda o acreencias per cápita). Niveles mucho más altos que en los 90 y completamente fuera de escala respecto a la época de BW; donde existían controles a los flujos de capital para garantizar la estabilidad del sistema global de cambios fijos.

Si bien este es un paso pequeño hacia un esquema global más estable, era un paso impensado hace dos años. Lo mismo se puede decir de la iniciativa del piso de 15% al impuesto cobrado a las grandes multinacionales que eluden tributar en las jurisdicciones donde operan. O de la discusión sobre un esquema común para reestructuraciones de deuda soberana. Cerrando el triángulo monetario, fiscal y financiero, también la estabilidad financiera requiere muchas más acciones que complementen Basilea III, por ejemplo, en todo en lo referido a una registración y regulación los grandes fondos de inversión globales que son una gran fuente de amplificación de la volatilidad tanto entre como dentro de los países.

El notable gap entre la organización ideal pensada por Keynes para BW y lo que efectivamente sucedió muestra que las reformas de la AFI dependen, sobre todo, de las condiciones objetivas de la economía y la política internacional, así como del peso relativo e intereses de los actores involucrados. Es en ese contexto donde un país como Argentina debe maximizar sus esfuerzos para lograr una integración positiva a la globalización financiera.

*Vicepresidente segundo del Banco Central de la República Argentina. Conicet-UNLP