La política exterior de los Estados Unidos de Norteamérica, en especial en relación a su horizonte comercial, no ha sido afectada a lo largo de la consolidación de su rol central en la economía mundial por sus luchas políticas intestinas.

Varias veces en este espacio señalamos los casos en los que la paciencia diplomática de la comunidad internacional limó las aristas de los líderes más caracterizados del nacionalismo emergente de las posguerras.

El crecimiento institucional de la Unión Europea estuvo atado a una gran pausa en el período de De Gaulle al frente del ejecutivo francés. Con ese contundente ejemplo, especulamos sobre la (escasa) incidencia del histrionacionalismo twitero de Donald Trump en la economía internacional integrada. Obtenga la reelección o sea desalojado por el Senado.

Esta semana, impregnada de notas, comentarios, ensayos sobre las cuestiones ligadas al atentado a la AMIA, el pacto con Irán, la muerte de NIsman e increíblemente, sobre el intercambio de posiciones, roles y opiniones entre las ediciones de espectáculos y de política a partir de la miniserie de Netflix ante la proximidad del quinto aniversario del controvertido fallecimiento, pasó con poco impacto en la agenda del gobierno, de la oposición y de los medios, el fuerte impulso de la administración norteamericana al poner en verde el semáforo de ingreso a la OCDE para Brasil.

Pecando de auto referenciales, durante la gestión de Cambiemos destacábamos los avances en sentido a ese upgrade en el comercio internacional que había iniciado Menem, impulsado Nestor Kirchner y llevado al punto de decisión Macri.

El apoyo a Bolsonaro (y a su ministro Guedes) no puede enmarcarse en los exabruptos cotidianos del encartado presidente de la rubia caballera. La administración norteamericana , digamos, de planta permanente, ya había adelantado la factibilidad del acceso para Rumania, Argentina y Brasil cuando expresó su OK a la incorporación de Colombia. Tampoco es coincidencia el primer periplo internacional de Alberto Fernández y su simpática agenda para el Departamento de Estado.

Este es otro de los ítem en los que el actual Presidente de la Nación encuentra una posición abismalmente diferente entre la actitud del mandato de Néstor y el de CFK. Nubla la visión la mala relación con los hermanos lusoparlantes . Ojalá que despeje. Y se reponga en la lista de objetivos integrarnos más, al menos con Brasil. Nuestro socio principal en el Mercosur, una nación de la Patria Grande, con independencia del gobierno democrático que la administre.

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