Frente a la perplejidad que la pandemia genera sobre todos los actores, existe entre los analistas económicos un cierto consenso: una menor disminución relativa del comercio bilateral sería un mitigador importante para los efectos de la contracción que irremediablemente sufrirá el comercio mundial. Materializar este consenso, con todo, enfrenta grandes desafíos en el plano económico y en la coordinación política.

Primero, una premisa importante: los casi treinta años de Mercosur nos han enseñado que existe una elevada dependencia de las exportaciones de ambos países respecto del crecimiento del país socio respectivo. El desempeño exportador de uno es afectado por el crecimiento del otro. Esto provoca que una recesión al oeste de Uruguayana, tenga su reflejo en una caída importante de las exportaciones brasileñas, y viceversa. Otro aspecto por considerar es la desvalorización de las respectivas monedas locales, variable que incide directamente sobre las estructuras de costos de las empresas y distorsiona en forma significativa los planes de exportación.

A pesar de las numerosas crisis económicas sufridas en estos 30 años, el intercambio bilateral se ha caracterizado por una importante participación de las manufacturas de origen industrial, principalmente aquellas derivadas de la integración productiva del sector automotriz y autopartista. Es por ello que, en anteriores episodios de fuerte contracción de la actividad económica, las industrias del Mercosur continuaron manteniendo sus ventas, admitiendo así el sostenimiento de un cierto nivel de comercio, el cual permitió oxigenar la actividad industrial de sus dos principales socios. El desafío pasa por integrar a un mayor número de pequeñas y medianas empresas en las cadenas de valor que forman parte de ese intercambio.

Frente a la reducción del comercio internacional global –que la OMC calcula podría llegar inclusive al 30%- una agenda de integración productiva entre Argentina y Brasil resulta más que necesaria. Pero alcanzarlo no pasa por un “relanzamiento” más, de los muchos que se han ensayado para esperanzar al Mercosur. Entendemos que Argentina y Brasil necesitan, más que nunca, pensar en la implementación de mecanismos pragmáticos, efectivos y estables de promoción comercial bilateral, alejados de las coyunturas adversas a la integración y de los humores de la política interna de cada país. Como postuló el ex presidente Lula, para lograr una efectiva integración regional se requiere superar el complejo de “perro callejero” (“vira-latas”), que parece estar presente todavía en sectores de ambas sociedades y de cierta dirigencia política.

El desafío pasa por integrar a un mayor número de pequeñas y medianas empresas en las cadenas de valor que forman parte de ese intercambio

Un primer mecanismo, aún más importante en tiempos de alta imprevisibilidad económica, son las herramientas de financiación del comercio (trade finance). La actual crisis torna más evidente la necesidad de contar con plazos para las ventas externas y, al mismo tiempo, mecanismos para mitigar el riesgo de crédito inherente al comercio exterior. No obstante lo anterior, este ha sido históricamente un asunto subestimado en el bloque, no existiendo objetivamente a la fecha programas financieros que fomenten o prioricen el comercio intra- Mercosur.

Asistencia financiera para exportar 

A partir de las diversas modalidades de financiación del comercio exterior presentes en ambos países, resulta imperioso desarrollar nuevas estructuras, creativas y complementarias a las tradicionales, que permitan brindar asistencia financiera, en especial a las pymes, a lo largo de las distintas etapas de producción y comercialización internacional, integrando el crédito proveedor (“supplier´s credit”) con el crédito comprador (“buyer´s credit”), pero con costos financieros competitivos y orientadas a aquellas cadenas de valor consideradas de interés o estratégicas.

La combinación de estructuras de financiación tradicionales con otras más especializadas y no tradicionales no debería quedar exclusivamente en manos de los grandes bancos globales, los cuales aplican elevados costos, tanto en términos de tasa de interés como de comisiones por servicios. Máxime considerando que, en tiempos de crisis, el acceso a la financiación del comercio exterior suele ser completamente desigual, en virtud del porte del tomador final.

Es decir, mientras que las grandes empresas logran acceder al crédito sin mayores dificultades, las pymes enfrentan restricciones para la obtención de financiación a la exportación. En la práctica estas restricciones terminan fungiendo, en cierta medida, como una barrera al comercio. La excepción a esta situación deviene de los esfuerzos realizados por la banca pública para asistir crediticiamente a las pequeñas y medianas empresas exportadoras en ambos países.

Reglas bilaterales que faciliten el acceso a información comercial, al desempeño cambiario del exportador, como también a la posibilidad de habilitar participaciones de riesgo (sin desembolso) específicamente para prefinanciación y financiación de exportaciones (ACC y ACE), podrían traer un impacto favorable en el stock de crédito al comercio exterior.

Una normativa cambiaria específica para el otorgamiento de garantías internacionales, instrumentadas a través de bancos y específicas para pymes, que permita a firmas argentinas garantizar las operaciones de financiación de importaciones de sus filiales radicadas en Brasil (y a la inversa), sería una herramienta de alta relevancia para los procesos de internacionalización de empresas de ambos países.

Estos instrumentos específicos de garantías facilitarían la instalación, desarrollo y expansión comercial de pymes que poseen un historial crediticio en su país de origen, pero ninguno en el país importador de sus bienes y servicios. Al mismo tiempo, incentivos a los seguros de crédito a la exportación podrían bajar sensiblemente el costo de las pólizas y permitir la ampliación de ventas regionales.

Entendemos que poseer diversificados mecanismos de financiación del comercio complementan la oferta exportable de un país y al mismo tiempo forman parte del denominado “producto ampliado”, sobre todo cuando se trata de servicios y de bienes de alto valor agregado en los cuales la presencia o no de financiación inclina la decisión del importador hacia uno u otro proveedor. Permiten, además, la agregación de servicios en la venta de productos donde existen cadenas productivas más largas.

Una agenda de perfeccionamiento de la financiación de exportaciones trae una ventaja complementaria: se podría realizar por discusiones técnicas, entre agentes financieros pragmáticos y agencias acostumbradas a crear incentivos regulatorios. Sus consecuencias son inmediatas, con efecto multiplicador sobre la oportunidad de incrementar ventas y mejorar opciones para los exportadores.

Queda alejada de esa discusión, por el momento, los caminos bifurcados que hoy matizan al Mercosur, respecto de la pertinencia o no de acuerdos extrarregionales, la modificación del arancel externo común o las posiciones en cuanto a la cooperación multilateral. Son temas sobre los cuales el desarrollo político jugará sus cartas en el futuro. Aunque la obligación de “coordinar política comercial y macroeconómica” se encuentre presente desde el inicio en el Tratado de Asunción, las diferencias actualmente existentes tornan este texto de ardua implementación y dificultan la convergencia. Hasta por ello, pongamos en este momento nuestros esfuerzos en mejorar la regulación financiera regional: este esfuerzo valdrá la pena para los exportadores y para la creación de empleos.

* Secretario de Comercio Exterior de Brasil entre 2007 y 2011. Miembro del Consejo y socio fundador de BMJ Consultores Associados. Director del Departamento de Comercio Exterior de FIESP.

** Ex Gerente de Banco de la Nación Argentina en Brasil entre 2013 y 2019. Ex Representante de BNA en Venezuela entre 2006 y 2013. Miembro Titular del Consejo Fiscal de la “Associação Brasileira de Bancos Internacionais” entre 2013 y 2019.