Existen varias hipótesis sobre cómo y por qué el homo sapiens (es decir, nosotros) desarrolló la capacidad de distribuirse a lo largo del mundo y posteriormente dominarlo. Se conoce que la especie humana se originó en África hace aproximadamente 200.000 años y que realizó varios intentos para salir de ese continente hasta lograrlo. Migró finalmente hace 75.000 años hacia el continente Euroasiático.

Esta migración no solo la realizó el homo sapiens sino que, miles de años antes, el homo erectus (tronco común) ya había podido consumarla, transformándose luego en neardental. Fue sustancial para este gran desplazamiento el poder caminar largas distancias, una capacidad relacionada con la bipedestación y con la disminución del pelo corporal, así como también con la aparición de las glándulas sudoríparas, que permiten dispersar el calor. Los animales veloces tienen pelos y sudan poco, esto les permite alcanzar altas velocidades, pero durante poco tiempo.

Esto ayudó al humano primitivo a cazar persiguiendo a la presa por cansancio a través de largos trayectos. Pero, ¿qué tenía en el cerebro el homo sapiens que le permitió migrar, competir con todos los seres vivos existentes, dominarlos y muchas veces extinguirlos?

Por otro lado, esta lucha no fue solo con animales primitivos, que eran muy inferiores intelectualmente, sino con los otros “homos”: neandertales y denisovanos. Es decir, compitieron con sus primos hermanos que se habían conformado previamente y descendían de un ancestro en común (homo erectus), pero que, a diferencia del hombre, comenzaron su existencia fuera de África, a partir de la migración del tronco evolutivo originario.

Desarrollo cerebral

Estos humanos no sapiens presentaban un gran desarrollo cerebral y un buen manejo de instrumentos, armas y lenguaje primitivo, así como también de rituales funerarios y religiosos. Es decir, tenían una cultura asentada. Pero al establecerse el homo sapiens se habría entablado una lucha muy fi na por la supervivencia con estos humanos desarrollados pero no sapiens. Curtis Marean, de la Universidad Estatal de Arizona, sostiene que fueron claves dos funciones para superar al resto de las especies: la capacidad genética de sociabilidad (cooperar con grupos parecidos) y la creación del proyectil a distancia.

Marean explica que la hipótesis que la calidad de intercambiar con nuevos homos sapiens y asociarse con objetivos logrables generó nuevas relaciones. Así se habría podido establecer una gran difusión de la información aprendida, a través del ensayo error, así como también la enseñanza de nuevas estrategias para lograr sobrevivir por sobre los otras especies.

Estos aprendizajes fueron importantes para sobrevivir, defenderse y atacar a otros grupos. Pareciera que los neandertal podrían no haber desarrollado esta capacidad, difi cultando su supervivencia, y sucumbido ante el sapiens, lo cual no evitó que se cruzara con nosotros (tenemos material genético del neandertal en nuestro ADN).

La capacidad social implicó entonces nuevas funciones intelectuales, como la cognición social (capacidad para sentir lo que el otro), que implica la abstracción social y el reconocimiento tanto de amigos como de enemigos. Todas funciones de nuestras cortezas cerebrales más recientes, como la prefrontal y la parietal superior.

Dentro de este desarrollo se plantea como hipótesis la praxis constructiva de crear armas con proyectil a distancia. Esto habría generado una mayor habilidad y una gran protección con respecto a otros humanos no sapiens, que solo tenían lanzas, quedando en contacto directo con la presa y padeciendo un gran riesgo (los fósiles neandertales tienen generalmente muchas lesiones secuelares de animales).

Bipedestación, lenguaje, sudor, sociabilidad y armas a distancia parecen haber sido parte del combo conquistador con en el que se consolidó nuestra especie. Hoy hemos desarrollado todavía más estas funciones, aunque esperemos que no demasiado, pues muchas veces han servido más para la extinción del resto de las especies que para la salvación del mundo.

* Doctor en Medicina y doctor en filosofía .. Decano de la Facultad de Medicina (UBA)