Cuentan en los “pasillos empresarios virtuales” que hubo gestiones prolongadas y glamorosas para convencer al ministro de Economía, Martín Guzmán, de ser orador estrella en el encuentro del Consejo Interamericano de Comercio y de la producción (CiCyp) para disertar sobre “Argentina: de la recuperación al crecimiento”. Las gestiones comenzaron cuando el titular del Palacio de Hacienda ya había decidido mantener silencio, resguardarse de la escena pública.

Pero el clima empresario está tan helado como la nieve en Córdoba. Las caras largas se  acentúan cuando la vicepresidenta, Cristina Kirchner, sale a escena y el discurso del equipo económico no logra aplacar los temores para el segundo semestre: esa bendita obsesión nacional.  

Las fichas en el acuerdo con el FMI  

Todo luego de su gira por Europa, en mayo para pedir apoyo a la renegociación con el FMI y el Club de París, de que el presidente, Alberto Fernández decidiera ponerle el cuerpo a ese mismo  objetivo viajando un mes después y en pleno chisporroteo interno por la suba de las tarifas de la luz y del gas. Una pelea que, visiblemente  perdió, y que lo llamó al silencio.

En el sector privado consideran los esfuerzos del ministro en pos de recortar el gasto, y lo apuntalan. Le reconocen el haber cerrado el acuerdo con los bonistas el año pasado pero también creen que como ocurre en otras áreas de Gobierno, en Hacienda faltan apoyos políticos internos para avanzar en un rumbo económico que contenga la inflación y mejore la macroeconomía.

Con este espíritu, un puñado de empresarios que participan en el Cicyp pero también en el Consejo Económico y Social logró finalmente que Guzmán les diera el sí. Pero fue una negociación dura. No sólo por el ministro en sí, también por la necesidad de un sector de empresariado de que este discurso se ratifique públicamente por parte de altos funcionarios del Gobierno. Temen que si en las próximas elecciones el oficialismo logra un resultado ajustado, Guzmán tenga el sello “responsable” en la frente y avancen otras ideas que el sector privado preferiría desterrar.   

Como la nieve en Córdoba

Cada vez que la vicepresidente Cristina Kirchner habla públicamente, en el sector privado hay un huracán. Claro no es lo mismo suponer un pensamiento que escucharlo en un discurso político. Aunque haya luego confirmaciones de que no fue lo que se quiso decir (o se entendió), el ruido ya está rodando y tiene ecos. Es lo que ocurrió con la denuncia que efectivizaron 15 entidades nucleadas en la Unión Argentina de Salud presentada en el juzgado número 7, subrogado por el juez Pablo Cayssials. Las empresas de medicina privada solicitaron una cautelar que autorice un aumento del 9,77% al valor actual de las cuotas y exige, además, límites constitucionales al Gobierno.

Las compañías están en alerta por los dichos de la vicepresidente en torno a la unificación del sistema de salud. Desde el sector privado repiten que no es la primera vez que se sugiere este tema y que tampoco es el único sector en el que, al menos, parte de la coalición de Gobierno pretende avanzar sobre funciones que desde las compañías consideran intrínsecas al sector privado.

En el tema del sistema de salud, los dichos de Cristina volvieron a lograr que empresarios y gremios coincidan y estén en alerta porque desde los sindicatos también creen que, en el fondo, este proyecto respondería a la decisión política de avanzar sobre el control de las obras sociales. Incluso luego de un asado realizado en Olivos hace ya casi un mes con toda la cúpula de la CGT donde el presidente, Alberto Fernández, les había prometido que no habría modificaciones para las obras sociales sindicales.

En las entidades empresariales miran con preocupación el escenario electoral y el impacto sobre la economía, ya muy golpeada por la recesión pre pandemia y el Covid-19. Enfocan sus gestiones en reforzar mensajes que defiendan el rol privado independientemente del sector público y siguen cuestionando la elevada presión tributaria nacional, provincial y municipal. En esta única dirección se enmarcan los cambios en la Unión Industrial, los escándalos que trascendieron detrás de la asunción del flamante timonel Daniel Funes de Rioja y también el recambio en la Sociedad Rural hoy presida por Nicolás Pino, un productor con la mirada puesta en el diálogo y en el comercio exterior.

Lo mismo que, en definitiva, aceleró las gestiones empresarias para convencer a Guzmán, de disertar en el Cicyp, que le puso el escenario para que detallara las necesidades de renegociar con el FMI y reducir los subsidios, algo sobre lo que al propio ministro le cuesta mucho trabajo convencer dentro de los propios.

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Alejandra Gallo

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