La forma inesperada y acelerada en que sobrevino la pandemia primero y luego las medidas de protección sanitaria adoptadas por el Gobierno Nacional, provocaron en forma prácticamente inmediata la paralización total de la economía, afectando a todos los actores pero particularmente o en forma más inmediata a las pequeñas y medianas empresas y a las personas humanas que desempeñan actividades de manera personal.

En las pequeñas y medianas empresas el efecto ha sido demoledor, porque muchas de ellas ya venían con problemas de arrastre, a lo que se agregó ahora la detención total de su funcionamiento. Ello implica la desaparición completa de los ingresos y la existencia de gastos fijos que se siguen generando, incluyendo ello la subsistencia de la fuente de trabajo.

Sucintamente y recurriendo a una metáfora, estamos en un escenario propio de una economía de guerra. 

Sin embargo, la vida debe continuar y las actividades económicas deberán reanudarse ni bien la situación de la pandemia lo haga posible.

Las pymes deberán iniciar un proceso de reconstrucción dentro de un marco económico muy complicado. Seguramente habrá empresarios, que por su edad y sus antecedentes, se verán más golpeados psicológicamente por esta crisis y probablemente les costará mucho mas lidiar con ese proceso. No obstante ello, la realidad no brinda alternativa y todos sin excepción deberán poner la empresa sobre sus espaldas para hacerlas funcionar en el menor tiempo posible y con los recursos existentes.

Actualmente, estamos invadidos por información de todo tipo, en especial, médica y económica. En esta nueva etapa los empresarios deberán concentrarse en los datos relevantes de su propio negocio y del mercado en el que participa. La situación actual tal como se presentó, ha puesto a los negocios y actividades en blanco y negro desde el punto de vista de su supervivencia.

¿Qué significa esto? Que en esta etapa de reconstrucción habrá que evaluar la capacidad de las empresas para subsistir en el futuro. Desde antes de esta crisis, existían numerosas pymes en situación deficitaria, que no resultaban competitivas y no obstante ello continúan trabajando al precio de tener un endeudamiento creciente imposible de revertir a través de procedimientos normales.

La crisis provocará una selección natural del mercado,

en el cual muchas empresas desaparecerán y otras tendrán que restructurarse

La reversión de tal situación hoy no será posible. La crisis provocará una selección natural del mercado, en el cual muchas empresas desaparecerán y otras tendrán que restructurarse o reconvertirse para desarrollar nuevas actividades. Este análisis es previo a cualquier proceso de reapertura de las actividades e implica que se evalúe el negocio desde una triple perspectiva.

* Se debe evaluar si el negocio dispone de ventajas competitivas que le permitan operar con normalidad en el mercado dentro del cual se desenvuelve.

* La empresa tiene que tener razonablemente asegurada su viabilidad financiera. Esto implica que la generación de fondos satisfaga todas las erogaciones necesarias del giro. En situaciones como las actuales, la proyección de fondos futuros deberá contemplar la necesaria evolución de los volúmenes operados para adecuar de la mejor manera los gastos de estructura, en especial el personal, que seguramente en los primeros meses resultará superior al necesario.

Un párrafo especial es el endeudamiento de las empresas. Las empresas deberán además trabajar en la restructuración de sus pasivos acumulados para adecuar el repago de la deuda a las reales posibilidades financieras. Esto podrá hacerlos mediante acuerdos independientes con sus acreedores o recurriendo a los remedios que la ley prevé.

* La empresa tiene que reformular su estructura y comprobar que a través de la misma va a obtener las ventajas competitivas con las que dice contar. La creación de valor a través de recursos humanos capacitados es esencial. Por lo tanto capacitar y entrenar a la gente para alcanzar las ventajas competitivas es de la mayor importancia en esta época que se avecina.

La conducción de la empresa en esta etapa crítica es un dato relevante que va a determinar el éxito o fracaso de la gestión.

Teniendo en cuenta el punto de partida tan adverso, el esfuerzo a realizar por la dirección y por el personal será muy superior al que se requiere en épocas normales. De tal forma, los directivos deberán desarrollar con especial énfasis dos capacidades: el liderazgo y la resiliencia.

Respecto del liderazgo, podemos distinguir entre muchos atributos, como la aptitud de dirigir recursos humanos numerosos que permitan trabajar en la obtención de objetivos estratégicos esenciales de la empresa, tal como la creación y mantenimiento de las ventajas competitivas, la aptitud e iniciativa de buscar nuevos negocios y en épocas como la presente la capacidad para dirigir y gestionar conflictos y situaciones propias de un relanzamiento del negocio.

En cuanto a la resiliencia, fue definida como la capacidad de afrontar la adversidad en forma constructiva y saber adaptarse con flexibilidad para salir fortalecido de un proceso traumático. Como vemos un tema central cuando se esta inmerso en una profunda crisis.

No descartamos la necesidad de contar con apoyo profesional externo especializado para encarar este especial camino que nos conduzca a la recuperación. No hay salida eficiente de la crisis sin encarar este proceso de reestructuración que implica revisar en forma precisa las variables que conducen el camino de la viabilidad a largo plazo de las empresas.

*  Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) y Presidente Asociación Argentina Estudios sobre la Insolvencia