“Ésta no va a ser una elección legislativa más”, decía ayer eufórica la vicepresidenta Gabriela Michetti desde el bunker de Cambiemos, quizá sin dimensionar realmente todo lo que implica en materia económica el respaldo que ayer consiguió el Gobierno en las urnas. Con más bancas en las dos cámaras del Congreso, y con un poder que parece consolidarse a nivel nacional, Mauricio Macri aprovechará el impulso para motorizar las reformas en las que está trabajando su equipo económico, que le vienen pidiendo desde el círculo rojo hasta el Fondo Monetario Internacional y que prometen atraer inversiones para la economía real. De fondo, el contexto externo será clave para que Nicolás Dujovne pueda seguir fi nanciando el défi cit de cuenta corriente con emisiones de deuda y el fl ujo de fondos que llega al país para invertir en activos financieros, como viene ocurriendo hasta ahora.

El Gobierno ya se encargó de ir instalando en la agenda los cambios económicos que busca aplicar en el segundo tramo de su mandato: la reforma tributaria, la nueva ley de mercado de capitales, la reforma laboral -que primero no quería que sea tildada de ‘flexibilización’ y que ahora directamente apunta a realizarla sector por sector, al estilo Vaca Muerta-, y el desarrollo de un ambicioso plan de infraestructura, apoyado en la Ley de PPP (Participación Público-Privada) que promete reducir costos logísticos.

Algunas de estas reformas son también las que dicen estar esperando las grandes empresas y multinacionales para concretar las tan anunciadas inversiones, que están tan lejos de llegar como en 2016 lo fue el famoso ‘segundo semestre’ que prometía el Gobierno y que recién llegó a mediados de este año. Según los últimos datos del BCRA en septiembre, sólo el 3,5% de todos los dólares que llegaron al país de no residentes se destinaron a inversiones a la economía real.

En ese contexto, atraer esas inversiones es un desafío para el Gobierno, y va más allá de las reformas estructurales que piden. En paralelo, el ministro Dujovne deberá ir reduciendo el déficit fiscal, algo que va a hacer con el gradualismo que el propio Macri defendió en el último Coloquio de IDEA, cuando destacó que “hay que entender los tiempos de la sociedad”. El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, también es una pieza clave en este proceso ya que si no logra ganarle la batalla a la inflación las tasas de interés seguirán altas, lo que encarece el crédito, enfría la economía y hace que sea más atractivo invertir en activos financieros que en la economía real.

Lo que hay que tener en cuenta es que el fl ujo de fondos que entra al país no llega únicamente por el atractivo rendimiento que ofrecen los activos locales, sino también por el contexto externo, que hoy en día es propicio a que lleguen esos fondos. Sin la baja infl ación mundial, ni el ciclo de crecimiento que están registrando las principales economías del mundo no habría inversores dispuestos a invertir parte de su cartera en activos argentinos. El apetito que se ve en cada emisión de deuda que lleva adelante Luis ‘Toto’ Caputo también está íntimamente atado a ese contexto.

Si la Reserva Federal sube las tasas a un ritmo más acelerado de lo previsto, si se desata una crisis económica inesperada en el mundo que dispara un movimiento de fly to quality entre los inversores o si comienza a haber signos de un rebrote inflacionario en el mundo, el viento de cola se hará humo.

Por eso, las elecciones legislativas de ayer “no serán una más” como dijo Michetti siempre y cuando el Gobierno logre sacar provecho del poder político que cosechó para que fi nalmente lleguen las inversiones y pueda reducir la dependencia externa para fi nanciar el déficit de cuenta corriente.