El Homo Sapiens se constituyó en el ser biológico más sociable del mundo conquistando los cinco continentes y generando una gran preferencia gregaria, además de producir grandes conglomerados urbanos. Instintos sociales, sentimientos tribales y un gran cerebro crearon un gran combo que derivó en un ser hiper-sociable.

Sin embargo, estos factores nos expusieron a diferentes cuestiones ambientales, sentimientos nacionalistas, hambrunas, problemas de seguridad, afecciones viales y a pandemias, entre otros factores, que dejan expuesta la supuesta supremacía de nuestra especie, dándole un baño repentino de realidad.

Desde que se historian las pandemias, Atenas, Roma, Constantinopla, Florencia, Londres sufrieron grandes epidemias, dada la mayor posibilidad de transmisión ante la gran densidad poblacional de estos conglomerados.

Enfermedades pandémicas como la peste negra o la gripe española tuvieron una mayor tasa de letalidad, pero el impacto mundial fue probablemente mucho menor.

El Covid-19 adquiere gran importancia por dos procesos centrales. La "globalización de los contagios" a partir del tráfico aéreo y la "globalización comunicacional" a partir del gran desarrollo de medios y redes, conectados en todo tiempo y espacio; generando un gran impacto subjetivo mundial

Existe una regla que postulan algunos neurobiólogos: a mayor cerebro más capacidad gregaria. Cuanto más masa encefálica, mayores ciudados pero también mayores riesgos ambientales, epidémicos, alimentarios y de seguridad urbana.

Hace 12.000 años se produjo quizá la mayor revolución de nuestra especie, transformándonos de cazadores recolectores a sedentarios. A partir de ese momento se generaron pequeñas urbes pero además se produjo un incremento poblacional. Comienza así el aumento numérico del humano, aunque durante cientos de años la población mundial se incrementó lentamente. 

Sin embargo actualmente se multiplica sistemáticamente siendo hoy casi 8000 millones personas los habitantes del mundo que amplifican intensamente cualquier repercusión social y transcultural, encendido por la velocidad de comunicación intercontinental a través de los aviones que hacen que una pandemia se esparza a una velocidad muy veloz, comparativamente con los que hubiera sucedido un siglo atrás.

Medios masivos, Covid-19 y ansiedad

Igual dispersión adquiere la comunicación a través de la contribución de las diferentes redes sociales. Potencias mediáticas que replican las verdades en medios convencionales y foros las redes, con efecto inmediato, muy difíciles de constatar, generando una cada vez más ansiosa comunidad mundial mass-media.

La necesidad social del humano contiene como plafón a la intersubejtividad corporal para vivenciar una real empatía. Por ejemplo, se conoce la necesidad presencial de los educadores del lenguaje en un bebe, especialmente el primer año de vida; momento crítico para el aprendizaje lingüístico, para que el mismo lo aprenda correctamente.  

Con los niños la interrelación corporal es central al actuar corporalmente un texto, los alumnos aprenden más y mejoran la comprensión con la mayor estimulación ambiental y empatía. Incluso se ha observado que diferentes instrumentos como el lápiz o la tiza, cuando son usados con habitualidad, son registrados en el cerebro como una extensión de la extremidad. Tocarse y verse en forma presencial no generará iguales procesos empáticos.

La necesidad de los cuerpos

Sentidos como el tacto y la visión influyen muy activamente en el sistema nervioso sirviendo para la actividad cotidiana del niño, pero también en el desarrollo de la actividad motriz sensorial y cognitiva. Pues con cada movimiento, caricia o nueva imagen producimos premisas espaciales, ya desde el comienzo de la vida.

Prescindir de la intersubjetividad corporal durante mucho tiempo puede generar consecuencias y conductas reactivas. Si nuestra conciencia funciona aislada de lo intercorporal, como en la película Matrix o como si estuviera el cerebro en una cubeta, separada del cuerpo, no se recibiría igual impronta de nuestro cuerpo ni del otro.  Es probable que no pudiéramos sentir las cuestiones subjetivas, tal cual se producen con normalidad. Pues presidimos de los miles de millones de mensajes que nos otorga la corporalidad desde los ingresos perceptivos exteriores.

El arqueólogo cognitivo Emiliano Bruner, junto a otros grupos de neurocientificos ha postulado una estructura cerebral que constituiría el puente de esa relación cuerpo-mente. Correspondiendo a un sector de asociación y conexión entre la sensorialidad corporal y los sentidos, hoy sub-estimulados.

Abrazos y reuniones sociales

Existen además hormonas como la oxitocina relacionadas con la afectividad social, de hecho se la llama la hormona del abrazo. La respuesta a esta hormona facilita la cohesión grupal, cuestión experimentalmente observada en los ratones de pradera; que mantienen una conducta fiel a su familia versus los de montaña; que no lo hacen y presentan una menor respuesta a esta hormona. La falta o disminución de contacto generará menor actividad de la misma.

Muchas son las hipótesis de la neurociencia que avalan al instinto gregario. Sectores como el lóbulo cingulado posterior y el lóbulo prefrontal anterolateral serán los que nos acerquen para analizar al otro y socializar, como postula el neurocientífico Michael Gazzaniga en su libro "El cerebro social". Sectores del cerebro que desconfían del otro como la ínsula o el lóbulo cingulado anterior, rechazan a otros grupos.

Las neuronas en espejo que se ubican en diferentes lugares de la corteza se presentan activas ante la empatía, base de la sociabilidad. Estas prenden al accionar con otro sujeto. Es decir si otro individuo se mueve, las zonas se activan; aún sin realizar ningún acto concreto. Muchos investigadores plantean que estas neuronas tendrían un rol sustancial en la sociabilidad.

Uno de los primeros ejemplos del conflicto que lleva el gran instinto social del humano es lo sucedido la antigua Roma, que habría llegado al millón de habitantes hace dos mil años. Algo insólito para esos tiempos, pero sufrió de una gran dificultad organizativa, falta de alimento, agua, higiene y grandes epidemias, que la siguieron en forma constante.

La masividad es convocante, se encuentra implícita en animales y es más compleja en el humano. Se potencia en con el instinto gregario y con el sedentarismo, especialmente a partir del desarrollo cognitivo que le otorga un plus a nuestro instinto de social. 

Nuestra especie en tanto seres hiper-sociales ha producido modificaciones y sobreexigencias ambientales, relacionales y biológicas. Actualmente existe una clara interacción entre la globalización, la densidad poblacional y la pandemia. Lo sucedido con el Covid-19 en Londres, Madrid, Milán, Nueva York, San Pablo y Buenos Aires son una clara demostración. 

*Neurólogo Cognitivo y doctor en Filosofía. Prof. Titular UBA . CONICET

Más notas de

Ignacio Brusco

Pros y contras de la Ley de Salud Mental

Pros y contras de la Ley de Salud Mental

Vacunas y tratamientos contra el coronavirus: qué puede hacer la melatonina frente al Covid-19

Donald Trump se sometió a un cóctel que incluyó melatonina

Neurociencia: el lugar de las inteligencias en el cerebro

Neurociencia: el lugar de las inteligencias en el cerebro

Temores y supervivencia en pandemia: cuando el hábito se convierte en TOC

Temores y supervivencia en pandemia: cuando el hábito se convierte en TOC

Sin vacuna, el peligro exponencial de contagios en el transporte público: urbes y pandemia

El peligro de contagios en el transporte público

Un Día Mundial de la Salud Mental atípico

Un Día Mundial de la Salud Mental atípico

Venganza por mano propia: enojo y cerebro

Venganza por mano propia: enojo y cerebro

Adultos mayores, sistema inmune y Covid-19

Adultos mayores, sistema inmune y Covid-19

Vacuna para coronavirus

Vacuna para coronavirus

LongCovid: las secuelas que deja el coronavirus en pacientes con Alzheimer

LongCovid: las secuelas que deja el coronavirus en pacientes con Alzheimer