Desde que se comprobó que la tierra es redonda, que gira sobre si misma, que a su vez lo hace alrededor del sol y que la luna nos orbita, la mayoría de las alegorías y metáforas de uso corriente recurren a la utilización de la lógica de lo circular para simplificar y ejemplificar el discurso.

En esta época, donde la jerga militar se infiltra en nuestro vocabulario, las menciones del enemigo invisible y de la guerra contra el virus no forman parte de un discurso políticamente correcto. Aún así, se ha impuesto en nuestra comunicación cotidiana. Modulada por similitudes o características poco simpáticas con las que no quiero lidiar, la terminología bélica, a fuerza de la popularización y uso común que se ha ganado en cada “batalla” dialéctica merece una mirada un poco más dedicada.

Visita obligada a Bauman que, en “La sociedad Sitiada” disparó un alerta temprano sobre la “porosidad” de las viejas fronteras de los estados nacionales ante el fenómeno de la globalización. La incidencia de la web y el flujo de datos, que incluyen transacciones financieras,saberes científicos , artísticos y de todo tipo, hasta la programación para la impresión 3D, por un lado, y la revolución de los transportes de bienes y personas, cada vez más veloces, cada vez más seguros por el otro, acuñaron su idea fuerza: “el espacio global ha asumido el carácter de un espacio de frontera”.

Los limites se diluyen en ámbitos territoriales difusos, las viejas fronteras naturales han sido arrasadas por el hombre y la tecnología y un simple estornudo es capaz de eludir el más férreo de los controles aduaneros. Es que la comprensión y admisión de vivir en un espacio en conflicto permanente, abandonó las delimitaciones fronterizas fijas, los muros y cercos que se erigieron en las formulas nacionalistas de antaño.

En otro recorrido ineludible por la obra de Harari, se nos presenta con gran destaque la división tajante entre las guerras y sus efectos directos sobre los negocios, la producción y el comercio convencional. Ambos, el poder estatal-militar y el comercial-industrial fueron, durante siglos, exitosamente nutridos de recursos estratégicos y logísticos que permitieron ganar guerras militares y comerciales con una actitud despectiva por los avances de la ciencia.

Ni las estructuras del poder político, ni las de los grandes negocios, se preocuparon hasta bien entrada la Revolución Industrial por destinar algún porcentaje significativo de dinero a la investigación científica , y menos aún a sus aplicaciones. Para no extenderme en desarrollar la historia de este apasionado romance que tardó cientos de años en producirse, señalaré simplemente que la pólvora tardó 500 años en utilizarse para alimentar a los cañones y que desde allí hasta la bomba nuclear o la penicilina pasaron otros tantos años en los que muy lentamente creció ese maridaje entre poder e inversión científica que no reconoce mucha prosapia, y que se consolidó desde ambos lados de las trincheras de la Segunda Guerra Mundial, para florecer con fuerza después del Plan Marshall y de los emprendimientos público-privados que fueron desarrollándose a través del tiempo.

Un circulo virtuoso que arranca escondido en laboratorios con pocos recursos y se potencia y expone desde las necesidades crecientes de los Estados para afrontar nuevos conflictos. A la par creció una inmensa industria bélica receptora, consumidora y demandante constante de avances científicos para las guerras en todos sus formatos convencionales, nucleares, químicas, misilísticas, etc, y luego para las nuevas modalidades de campo de batalla: financieras, económicas, virtuales, comerciales, impositivas, psicológicas, etc.

Los estadísticas y el tratamiento de datos computadorizados, fueron (y son) la energía indispensable que abasteció y consolidó en su sitial de honor a las ciencias duras, a fuerza de almacenar, clasificar y analizar miles de experiencias individuales. Esas inmensidades de datos, ahora ordenados y sistematizados han llegado a independizarse y transformarse en nuevas ciencias y a nutrir desde su altar a otros ramas científicas más demoradas y con menos “respeto” social. La estadística, los cálculos actuariales, y últimamente la economía, bajo la lupa de la psicología y las ciencias de la conducta han conformado un nuevo entramado del conocimiento que empuja los limites del saber que creíamos haber conquistado.

Ahora, aquellos saberes de los históricos estrategas y sus organizaciones logísticas vuelven al ruedo. Los datos y su flujo en la red permiten predecir muchas de las actitudes y decisiones que tomamos diariamente y permiten, por ejemplo, reducir los accidente viales a partir de influenciar sobre los hábitos y conductas sociales, con mejores resultados que la maxima tecnología aplicada al diseño, a los materiales y a la ingeniería mecánica de un F1.

Hoy la logística del abastecimiento y la anticipación de las conductas sociales son el primer bastión a la espera de los medicamentos o vacunas que nos libren del COVID. Se ganaron su espacio en el altar de las ciencias.

Un corsi e recorsi del estrellato científico y profesional que nos salve de la pandemia. La gradualidad o la “desescalada” del aislamiento es parte de la prevención del coronavirus y de las otras afecciones médicas que siguen llevándose la vida de nuestros seres cercanos.

Estamos en ese espacio geográfico de frontera que pregonaba Bauman. También en una frontera temporal. El limite entre eras o épocas, menos ciertos que el calendario pero más relevante en sus efectos sobre la humanidad.

Nos llevará tiempo elegir la fecha o la situación que sirva de piedra fundacional del siglo XXI. Al facilísmo del 2000 por derecho propio, se le enfrentarán los que consideran la concepción en 1991 cuando nació la web, o aquellos que como Bauman consideran la caída de las Torres Gemelas en 2001 como la partida de nacimiento del terrorismo global. T

omás Friedman prefiere el 2007, por la conjunción de fenómenos “digitales” que confluyeron ese año. Todas fechas y hechos significativos, centrales y vértices. Pero el 2020 será difícil de olvidar. Por el dolor y la expansión del virus de Wuhan lo tendremos presente, ya sea como el fin de una época o como el principio de otra. Y como nosotros nos empeñamos en destacar el fin de la Primera Guerra o el crack de 1929 como las reales entradas a la nueva centuria, algunas de esas fechas serán reseñadas, en el Siglo XXII como las que marcaron el inicio de la era en la que nos toca vivir.

Y algunos de los que dirigen los destinos de nuestros países, saldrán del presente para instalarse en la historia como tibios renglones de un indice de los presidentes de wikipedia o en la dimensión de estadistas a los que todos los democráticamente elegidos, aspiran.