Se suele decir que la vida no viene con manual de instrucciones. Y casi sin darnos cuenta empleamos nuestro preciado tiempo tratando de cumplir objetivos, uno tras otro. Mientras tanto, la vida desfila ante nuestros ojos. Siempre que pensamos en disfrutar del presente, parece haber un futuro que demanda nuestro sacrificio; siempre hay algo que hacer. Sin embargo, la vida está ocurriendo ahora. Es necesario encontrar el equilibrio. Es evidente que no podemos desentendernos de nuestras responsabilidades y dedicarnos únicamente a disfrutar. Pero existe un saludable término medio.

Hay que saborear la vida, disfrutarla a fuego lento, abrazarse al momento presente con intensidad, con los ojos bien abiertos y el corazón siempre receptivo. De ese modo, haremos de cada experiencia, combustible de emociones positivas para los momentos difíciles. Depende de nosotros situar la atención en el aquí y ahora y aprender a apreciar un poco más la vida. Vale la pena convertirse en inventor de instantes significativos para poder, de esta manera, hacer más grande el baúl de nuestros recuerdos y ganar en felicidad.

La mente tiene una singular tendencia: focalizarse más en lo negativo que en lo positivo. La razón es que estamos programados para anticipar riesgos, responder y mantenernos a salvo. En resumen, a nuestro cerebro no le importa que seamos felices o no, lo que desea básicamente es que sobrevivamos. Sin embargo podemos reeducar el enfoque mental. Despertar de la rutina y mirar a nuestro alrededor. La idea es no obsesionarnos y ser capaces de entrenar a nuestra mente para que sepa apreciar los momentos significativos y gratificantes. Si somos capaces de saborear los instantes plácidos y positivos de nuestra cotidianidad, reduciremos la ansiedad y el estrés.

Para degustar la vida, primero, hay que crear el instante, ser promotores de los buenos momentos. Ello implica saber bajar el ritmo, establecer oportunidades de encuentro con los que más queremos y también de conexión con nosotros mismos. Los instantes perfectos parten de la intencionalidad de cada uno, porque no son producto de la magia o del azar. Decía el escritor italiano César Pavese que las personas no recordamos días, recordamos momentos: la sensación de un abrazo o un beso, un paseo bajo la lluvia o el olor del océano en verano. Dejarnos arropar por la emoción, por el sentimiento, la determinación, el impulso creativo y el deseo. Los instantes perfectos necesitan de esta alquimia fabulosa para que aparezcan. A veces, los aspectos más sencillos de nuestro día a día son los que más impacto dejan en nuestra memoria y nos convierten en creadores de recuerdos felices.

Estrés y ansiedad  

Lamentablemente hemos desarrollado una capacidad asombrosa para ver problemas donde no los hay y para anticipar preocupaciones. Nos nutrimos de prisas y, con ellas, alimentamos la infelicidad. Solemos dejar pasar muchos momentos sin saborearlos, sin concedernos el placer de conectar con el presente y su aporte. Si nos focalizamos en lo positivo del día a día, nuestro bienestar se intensificará. Factores como el estrés o la ansiedad nos incapacitan por completo para ver, disfrutar y sentir la belleza de la vida, así como la mágica sencillez de las cosas que surgen a cada instante y ante las que nuestra mirada está cada vez más ciega.

Debemos anticiparnos y pensar que todo lo que vamos a vivir serán buenos momentos, instantes que merecerán ser recordados. Es como ejercitar un músculo psicológico capaz de mejorar la atención, la actitud, la motivación y las emociones. Es que la realización personal no llega con los años, como lo hacen las primeras canas o las primeras arrugas. Alcanzar la plenitud y esa sensación de bienestar y de equilibrio interno no es algo normativo, ni tampoco un programa que podamos instalar en nuestro cerebro como quien se descarga una aplicación nueva en su teléfono móvil.

Disfrutar del momento, de nuestro presente, de lo que sentimos, de lo que vemos y nos rodea. Algo hermoso, algo más luminoso y sin duda, mucho más fuerte. HOY es siempre el mejor momento. Solo las personas que otorgan una gran importancia a vivir el instante son las que logran sentirse plenas y felices, a pesar de no tener grandes riquezas o tener problemas comunes. Cada momento es especial para quien tiene la visión de reconocerlo como tal.

"Un empresario rico se horrorizó al encontrarse a un pescador que descansaba tranquilamente junto a su bote, jugando con unos niños.

-¿Por qué no estás afuera pescando? le preguntó el empresario.

-Porque ya he atrapado suficientes peces para el día, dijo el pescador.

-¿Por qué no atrapas unos cuántos más?

-¿Y que haría con ellos?

-Podrías ganar más dinero. Con eso podrías ponerle un motor a tu bote e ir a aguas más profundas y atrapar más peces. Pronto podrías tener suficiente dinero para tener dos botes, quizás incluso una flotilla de botes. Entonces serías un hombre rico como yo.

-¿Y entonces qué haría?, preguntó el pescador.

-Entonces podrías disfrutar la vida realmente.

-¿Y qué crees que estoy haciendo en este momento?, respondió el pescador. Vivir el momento te da la verdadera riqueza."

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