Debajo de la discusión sobre el déficit fiscal, el tipo de cambio o la presión impositiva se oculta el problema central de la economía argentina: el del crecimiento. Y es que a pesar que desde el Gobierno se sostiene a través del optimista proyecto de Presupuesto 2018, que el PBI de Argentina crecería un 3% este año y un 3,5% en 2018 (después de haber caído un 2,2% en 2016), entre los economistas son más las dudas que las certezas. La incertidumbre surge ya no en torno de si se crecerá (algo que casi todos los analistas descuentan) sino a cuánto se crecerá.

Lo cierto es que de cumplirse las proyecciones oficiales, la tasa promedio anual de mejora del PBI arrojaría un magro 1,4%, comparándola con la tasa de crecimiento promedio anual del PBI durante el período 2003-2015, que fue de 4,3%. Otra discusión clave que enfrenta a los economistas locales son las cifras del PBI per cápita: los economistas heterodoxos, como Roberto Feletti, de la Untref, afirman “que el PBI per cápita creció como pocas veces en la historia nacional durante el kirchnerismo, desde u$s7.669 en el 2000 hasta u$s10.276 en el 2010 y u$s13.467 en el 2015, año en que era un 54% superior al de Brasil e igual al de Chile”.

En tanto, otros analistas como Diego Giaccomini, de la consultora E&R, sostienen que “el país no crece y, en consecuencia, su riqueza (PBI per cápita) se reduce. La falta de crecimiento hace que Argentina cambie el tren del desarrollo económico por la carreta del empobrecimiento. Hace años que venimos perdiendo una gran oportunidad por no crecer. En este sentido, Argentina podría tener un PBI per cápita 26,8% mayor que en 2008, pero en contraposición tiene presente un 2% más bajo que hace nueve años. Actualmente, el PBI per cápita es 7,5% más bajo que en 2011”.

Esta discusión, que parece teórica, tiene en la práctica una importancia medular, ya que si el diagnóstico del presente para el Gobierno y muchos economistas (sean heteredoxos u ortodoxos) es tan diferente, las proyecciones para el futuro se hacen cada vez mas nebulosas. Sin embargo, hay varias cosas en la que los economistas acuerdan, no importa la ideología que tengan: y es que una mayor dependencia al endeudamiento, que hace que se necesiten cada vez más de flujos financieros positivos en la cuenta capital para sostener el desequilibrio de la cuenta corriente, aumenta la vulnerabilidad del país a la crisis externa, que sumado a un déficit fiscal en aumento complica cualquier planificación a futuro.

De todas maneras, habrá que esperar cómo la realidad, y no las previsiones, moldea el futuro económico a largo plazo. Ya que después de todo, como decía JK Galbraith: “La única función de la predicción económica es hacer que la astrología parezca algo más respetable.”