Se entiende al hombre y a la mujer como trabajadores/as en el centro de la realidad y relaciones del trabajo y clásicos modelos como también en los nuevos vínculos que la tecnología propone.

La cual altera y conmueve el mundo del pensamiento en esta materia. El mismo se encuentra en no pocas oportunidades con deliberadas intenciones precarizantes y flexibilizadoras, postura que rechazamos se imponga hacia el futuro y en nuesta convicción, debe enmarcarse con la visión socio céntrica que debe primar en este ámbito.

Ahora bien, tanto los procesos tecnológicos como la carga horaria de prestación laboral, entre otros factores, son temas inseparables en un contexto global atendido por la Organización Internacional del Trabajo ( OIT).

El cual en consonancia con nuestra actuación y sincronía advierte un gran impacto en la sociedad y en especial en el mundo del trabajo como otros fenómenos u procesos globales referidos por el Papado como “La Cuarta Revolución Industrial”.


En este proceso de transformación y revisión de paradigmas, Europa ofrece ejemplos y se allanan los caminos a la discusión en América Latina. Frente a la producción y el trabajo urge una alianza virtuosa que contenga la dignificación de trabajadores/as en términos generales. La modernidad se impone en un mundo donde el trabajo se verá afectado por su escasez, fruto de las nuevas tecnologías.

A la altura de las circunstancias

El desafío es equilibrar las necesidades de la producción, salud e higiene laboral, medio ambiente y las demandas de empleo donde la robótica y la inteligencia artificial vendrán a ocupar un espacio.

Como una corriente irrefrenable, la reducción de la jornada laboral y semanal a cuatro días se impone a nivel global. En la Argentina sectores políticos y gremiales han ingresado proyectos para reducirlas en un 20% sin alterar las condiciones preexistentes ni futuras en materia salarial.

Esta corriente de reducción de jornada a la cual adherimos, considera indispensable mejorar la calidad de vida del dependiente dentro y fuera del trabajo, protegiendo su vida, integridad física y salud. Contempla para ellos, tres aspectos: uno ético, otro social y un tercero económico.

Sobre lo ético, nos referimos al respeto por la dignidad del dependiente, estableciéndose límites, pausas y también distintos tipos de jornadas según los modos de prestación laboral.

El aspecto social logra que el empleado tenga, en el clásico modelo, el tiempo suficiente para compartir con sus semejantes y su familia. Respetando así 8 horas de trabajo, 8 de esparcimiento y 8 de descanso, sin perjuicio que la reducción pueda ser mayor por la actividad específica.

El tercer aspecto, el económico, tiene como fundamento la posibilidad de que trabajadores/as cumpliendo su jornada puedan ser consumidor/as de los mismos bienes y servicios que producen, o de los producidos por sus semejantes.
Sostenemos, con el derecho comparado como fuente, que resultan auspiciosos y positivos los resultados que se advierten en Islandia con una semana laboral de cuatro días, experiencia desarrollada entre 2015 y 2019 sobre una población de referencia.


 

Sudamericanos en tendencia

También la Cámara de Diputados de Chile declaró admisible el proyecto de ley que busca reducir la jornada laboral a cuatro días y extender el descanso a tres a jornadas, con una fórmula que fue definida por los parlamentarios como 4x3.

La misma se trazó para reducir la jornada laboral a 40 horas semanales y bajar a las 38 horas al quinto año de su implementación. Otro ejemplo reciente es Colombia, menos ambicioso pero con una gradual y progresiva reducción de 2 horas de la jornada actual, desde 2023 y hasta 2026, hasta llegar a las 42 horas.

Allí también se expresó lo inalterable del salario y sus cargas, instituyendo un acuerdo entre las partes de la relación laboral a los fines de implementar esta normativa y que en nuestro entendimiento y práctica doméstica sería el instituto de la negociación colectiva.

En la realidad socio económica de nuestro país, con una desocupación de 2 dígitos, la limitación del máximo de la jornada laboral -vía legal- surgecomo una de las formas de combatir el desempleo, deviene desde una primera mirada atractiva, ya que la reducción de la carga horaria, en simplificación aritmética, hacer pensar que la misma derivará en la contratación de nuevos empleados.

A su vez el aumento de empleo dinamizará el consumo, la economía, los salarios y su poder adquisitivo, vía redistribución de la riqueza.

Sin embargo, no podemos obviar los efectos de la mayor productividad derivada de las experiencias pilotos, para descartar que la creación de nuevos empleos sea directamente proporcional a la reducción de la jornada.

Camino de las buenas intenciones

La reducción de jornada laboral conlleva a otras consecuencias conflictivas a resolver como el control y/o eliminación de horas extraordinarias, aumento de vacaciones y permisos retribuidos, y estrictos controles de fiscalización laboral, por parte del Estado y de las asociaciones sindicales.


Asimismo, la mayoría de los desempleados, con escasas calificaciones profesionales, enfrentan problemas particulares que les impiden ocupar empleos.
Para que dichas personas se reinserten en el mercado de trabajo, se necesitarán políticas adicionales activas, focalizadas a grupos endebles específicos y orientadas hacia la oferta de trabajo, además de reducciones. 

Esto último no contribuiría, por sí solo, a reducir el desempleo existente.


Otra disyuntiva a resolver son los costos laborales que el empleador debería afrontar ante la reducción de jornada y la contratación de nuevos empleados.
El riesgo es evidente: una eventual prohibición de las horas extras, generaría el efecto contrario al deseado: un mercado de trabajo en negro.

En este punto, es esencial la intervención del Estado con incentivos y controles para el logro del fin perseguido. Sin lugar a dudas las resistencias se harán notar en un contexto de pujas de poder, donde la visión no debe sujetarse al presente sino a que los procesos, en especial post pandémicos, aceleran de modo exponencial las previsiones marcadas por los diversos espacios de pensamiento. A punto de anticiparse al trabajo remoto/teletrabajo, escasez de empleo y  cambio de paradigmas laborales.

Tanto la mayor productividad, como la formalización del empleo y su creación son una necesidad en la región y la Argentina no se encuentra exenta.

Sin perjuicio de que la mejor calidad de vida y disminución de los riesgos laborales son base fundamentales a futuro, en un sistema que se pretende inclusivo y transversal desde el punto de vista de la dignidad del hombre.

Bienvenidos los debates en este sentido, en este marco de iniciativas parlamentarias que persiguen una reducción de horas y días laborales como punto de referencia. Porque a través de las políticas de la generación de empleo se alcanazarán los estándares de producción y reducción de estrés laboral.


Dichos objetivos encontrarán su punto de inflexión en políticas regionales de estimulación de la economía y atracción de capitales, tal como se advierte en el gobierno argentino, con una agenda pro-productiva, sin perjuicio de que la realidad consiste en lograr un equilibrio de cargas entre producción y trabajo, brindando contención a los nuevos desafíos de la economía en términos de comercio, servicios e industria.

 

Atreverse


Son desafíos anticipar los efectos de la modernidad yla adaptación a los paradigmas del trabajo entre la personas humanas, tecnología y algoritmos en una diversidad transformadora que requerirá de capacitación y nuevas habilidades.
Es fundamental el consenso de grupos antagónicos, como empresarios y sindicatos, bajo la acción coordinadora del gobierno, para el logro de objetivos comunes. Tal acuerdo implicaría ventajas y desventajas para cada una de las partes, si lo que se busca es la recuperación del empleo como prioridad.
Resulta imperioso que el Estado a través de sus poderes genere una convivencia entre las empresas y los empleados acorde a los nuevos tiempos y esta silenciosa revolución del siglo XXI.



(#) Abogado UNLP, conductor de Grupo Descartes y ex ministro de Trabajo bonaerense


(##) Abogado laboralista UBA, relator de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires