En Argentina la palabra default ya forma parte de nuestro diccionario cotidiano, pero ¿Sabemos realmente qué significa caer en una cesación de pagos? 

En finanzas, un default o suspensión de pagos es un término utilizado para hacer referencia a una situación en la que el prestatario no hace frente a las obligaciones legales que tiene con sus acreedores en la forma establecida en el contrato de reconocimiento de la deuda. Prestemos especial atención a este último fragmento: “en la forma establecida en el contrato”.

En los últimos meses, precisamente empezando post PASO, hemos escuchado hablar de “reperfilamiento de deuda”, “default virtual” y demás nuevos conceptos creados por los gobiernos. Bueno, esos es marketing político, la realidad es que si no se cumplen las condiciones establecidas en el contrato original, se entra en default. Obviamente, existen condiciones que permiten modificar dicho contrato y extender el tiempo de pago, pero la condición necesaria y suficiente del primer contrato, ya habría sido violada.

Nuestro país tiene 5 default en su haber, lo que se podría decir que lo categoriza como un incumplidor serial de sus deudas. Actualmente, Argentina posee una deuda bruta de casi USD312.000 millones lo que representa un 92% del PBI. Hoy debemos cumplir un pago de USD44.000 millones al Fondo Monetario Internacional y aunque Guzmán presentó su oferta de reestructuración, ya tenemos en claro que a los fondos privados no les pareció nada atractiva.

Sabiendo esto ¿Qué implicaría para nuestro país caer nuevamente en default? 

Caer en la instancia de incumplimiento de los pagos no es algo que está exento de costos. Si optamos por una cesación total de pagos, como el que optó Perú en 1985 o Grecia en 2015, nos puede afectar muchísimo. Las penas pueden consistir en un aislamiento del mercado voluntario de deuda y, obviamente, el no acceso a la asistencia financiera de organismos como el Banco Mundial o el BID, los cuales tiene el objetivo de apoyar el desarrollo de proyectos sociales en diversos países. 

Para que tengamos una idea y comparemos, cuando Grecia cayó en 2015 en su segundo default, fue colocada en una lista de morosos y estuvo muy cerca de recibir grandes sanciones. 

Si entramos en default, entramos en una crisis de confianza económica. Argentina ya demostró que no supo resolver eficientemente sus deudas en el pasado, lo cual representa una de las principales variables de la actual incertidumbre y volatilidad económica del país y que obviamente condiciona el proceso de renegociación.

A corto plazo podremos ver una fuerte merma en los flujos de capitales, los cuales son elementales para proyectar una recuperación económica. Esto no es algo nuevo, ya lo estamos viviendo con el cepo y sus resultados son negativos en todos sus aspectos. Cae la inversión, cae la creación de nuevas empresas, caen las nuevas contrataciones, se abandonan proyectos por falta de rentabilidad, aumenta la tasa de desempleo, aumenta la pobreza, etc. Es una relación inversamente proporcional en la que siempre salimos perdiendo.

Otro aspecto negativo del default argentino, sería no poder acceder a los mercados de capitales. A diferencia de otros países, este concepto no está tan naturalizado en nuestra cultura (lo cual se ve reflejado en nuestro desarrollo económico) pero básicamente, al no poder obtener financiamiento por parte del mercado ni poder acceder a deuda internacional, al estado solo le quedan dos opciones: 1) Subir Impuestos. 2) Emitir Moneda.

Desde el 10 de diciembre del 2019 vemos que Fernández prefiere ampliamente la opción 2, y lo vemos reflejado en los datos del BCRA. Según sus datos, el total de emisión que llevamos solo en estos 5 meses transitados, es igual al 80% de lo emitido en 2019 y al 98% de lo emitido en 2018.

Esto afecta de forma directa a la economía, podemos ver cómo la brecha cambiaria cada vez aumenta más. En estos días, la brecha supero el 70% entre el dólar oficial y el dólar Blue. Según diversos analistas internacionales, la recesión podría ser mucho mayor de lo que pensamos, al haber tantos billetes en las calles, será necesario una mayor contracción en la demanda de dinero, para cuidar la estabilidad del pesos, ya que los inversores no querrán nuestra moneda y demandarán activos más seguros.

La tasa de intereses, que hoy se encuentra en valores negativos con respecto a la inflación, necesariamente deberá subir haciendo caer la inversión. La actualización de precios una vez finalizado los 6 meses de los precios cuidados llevará a la inflación nuevamente a su tendencia alcista. Y, cómo la inflación tiene el mismo efecto que un impuesto, el sueldo de las personas valdrá cada vez menos.

Para concluir, Argentina debe tratar de evitar a toda costa un default, ya que su situación económica es extremadamente delicada y caer en una cesación de pagos, solo empeoraría mucho más las cosas, inclusive generando resultados que nos llevaría años poder revertir sus efectos negativos. 

*Director Bull Market Group

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