Nuestro cuerpo y mente responden ante las injurias con fenómenos normales de estrés. Esto sucede como respuesta a eventos repentinos internos o externos y genera una respuesta relámpago del organismo, que busca el equilibrio activando sistemas y sustancias que nos activan para la lucha. En el caso agudo se secretan adrenalina y noradrenalina (sistema simpático), en un funcionamiento que busca mantener el equilibrio de respuesta del cuerpo y su metabolismo.

Se producen así cambios de importancia que generan mayor consumo de energía, como taquicardia, aumento de la tensión arterial, de la frecuencia de respiración, aumento de sangre en los músculos, cambios en la respuesta inmunitaria que no pueden ser permanentes.

Existen además modificaciones funcionales cognitivas-emocionales, con incremento de la atención, de la ansiedad fisiológica, de los tiempos de reacción, cambios selectivos de la memoria consciente y lemocional, como también disminución del sueño; entre muchos parámetros de respuesta a un estímulo abrupto.

El estrés agudo como tal, agota la respuesta. No puede durar eternamente, y con el paso del tiempo, en general, de un mes a tres meses, se pasará del estrés agudo al crónico, tanto en el ámbito corporal como el mental. Entonces, se pasará de secretar sustancias de  respuesta aguda como  adrenalina a incrementar otras sustancias y hormonas del estrés crónico, como el cortisol y el CRH (corticotrofina).

Esta cronicidad afectará varios sistemas, entre ellos especialmente el mental y posiblemente el inmunológico en muchas personas.

Existe un cruel modelo de depresión  llamado “prueba de natación forzada” . Los ratones eran sumergidos en agua generando la amenaza de ahogamiento. En un principio ante el estrés agudo los animales luchaban fuertemente por su vida y disparaban el sistema simpático-adrenérgico. Pero luego, se dejaban ahogar, perdían la capacidad de lucha y se inundaban de cortisol, el cual aleja la motivación y disminuye la respuesta conductual, los neurotransmisores del placer y la  inmunidad.

Se pasa por definición de un estrés agudo a uno crónico postraumático, cuando la respuesta anormal se prolonga más allá de los tres meses. Algo similar sucede entre el duelo fisiológico y el patológico o entre la respuesta aguda a un evento y la  versión adaptada patológica que se produce al cronificarse el mismo, constituyendo un trastorno adaptativo. De estos últimos los más problemáticos, serán los de angustia y los depresivos, especialmente estos últimos.

La depresión, una patología compleja 

La depresión, considerada un trastorno afectivo es una patología muy compleja. Se piensa que a los factores ambientales y psicológicos en esta enfermedad se le agregan influencias genéticas de riesgo de bastante fuerza (es muy frecuente contar con pacientes que presentan familiares con trastorno depresivo).

El estrés puede producir no solo cambio psicológicos  sino  físicos. Así demostró Eric Kandel (premio Nobel de Medicina en el año 2000) que ante la injuria ocasionada en un rata ésta cambiaba su conducta  abandonando las crías y dejaba de sintetizar una proteína clave para  el manejo normal de su  conducta maternal. Si se inhibía esa proteína el animal no cambiaba su conducta y la proteína no se producía: Tesis y antítesis. Es así como un fenómeno ambiental puede producir cambios orgánicos y viceversa.

Es así que ante la persistencia del riesgo recidiva la angustia y/o la depresión en pacientes que lo han sufrido, asociado a una probable cicatriz en la conexión  cerebral que produce una dificultad en el procesamiento emocional, generando un aumento de las emociones negativas. Aumenta así la susceptibilidad a tener una recaída, dada la alteración funcional persistente.  

Estas afecciones depresivas contienen diferentes componentes biológicos. Uno de ellos es el relacionado con el tiempo. Los síntomas de angustia y tristeza están mucho más presentes durante la mañana. Asimismo existe otro factor rítmico que es el sueño-vigilia, existiendo un insomnio asociado al problema afectivo. Es decir que presentan claros ritmos que permiten realizar acercamientos diagnósticos de certeza. Además de los síntomas emocionales, las depresiones contienen muchos problemas corporales, como por ejemplo la deficiencia de apetito, el dolor de pecho o disminución de la fuerza corporal.

Actualmente se le otorga gran importancia a la capacidad psicosocial de las personas depresivas y cómo pueden soportar la depresión. En un estudio multicéntrico europeo liderado por Buist-Bouwman de Holanda se han descripto dos de los aspectos claves para las dificultades psicosociales y laborales de las personas depresivas.

Los trastornos psicosociales como problemas económicos y las dificultades familiares pueden ser generados por la pérdida de voluntad, pero también —evalúan en este estudio— por dos circunstancias claves. Una de ellas es la vergüenza de padecer depresión y la otra las dificultades de cognitivas que la depresión genera. Se ha observado que una vez recuperados los problemas emocionales, casi la mitad de las personas continúan enlentecidos, desorganizados y con alteraciones de la memoria de trabajo (que es la memoria inmediata relacionada con la función atencional). La continuidad de estas dificultades puede conllevar al riesgo de precipitar nuevamente a otra depresión. La reiteración los síntomas afectivos así como la gravedad de los mismos llevan a situaciones de posibles agresiones. Probablemente el mayor fracaso de los tratamientos de la salud mental sea el suicido de la personas.

Existen grupos de personas depresivas con mayor riesgo, es así que ancianos, hombres solos y con estrés crónicos son los que tienen mayor riesgo de autoagresiones. Es tarea de los médicos aprender a descubrir estos problemas a tiempo y tratarlos adecuadamente, así como reconocer a las poblaciones de riesgo para prevenir estos fracasos y ofrecer mayor posibilidad de rehabilitación psicosocial.

Debemos prestar atención  a la prolongación del “estado de pandemia”, pues con el paso del tiempo el estrés puede hacerse crónico. El ser humano puede no resistir el estrés permanente. El manejo inteligente de este proceso será ideal para el cumplimiento de las consignas y evitar patologías subsecuentes muy complejas.

* Prof. Titular de Psiquiatría y Salud Mental. Facultad de Medicina -UBA.

Doctor en Medicina y Doctor en Filosofía. Conicet.