Los datos son lo que da vida a lo que hoy conocemos como Inteligencia Artificial y machine learning o aprendizaje de máquina, y son también el origen de los productos del futuro. Esto reside principalmente en las nuevas tecnologías que hoy nos permiten generarlos en grandes cantidades y de forma perdurable en el tiempo sin riesgo de perderlos.

Para proponer un ejemplo sobre las capacidades de generación de datos podemos pensar en “¿cuántas veces se escucha que se le haya roto la turbina a un avión?”. Seguramente que muy pocas. Esto se debe a que las turbinas generan una cantidad bestial de datos desde que despegan hasta que aterrizan y le pasan esa información al fabricante en tiempo real. Si hubiera un problema, el fabricante lo sabe en vuelo y manda a los técnicos antes de que el avión aterrice. Eso es porque un avión que no vuela es un avión que pierde dinero. Cuando uno se sube a un avión o usa cualquier tipo de aplicación en su celular, genera datos. Es lo que le ha dado el origen a productos sumamente diferenciales.

Podríamos decir que los usuarios de tecnología somos testers en tiempo real para que los creadores mejoren sus productos y que el día de mañana, en base a eso alguien diga qué funciona y qué no. Y aquí la pregunta es: “¿Quién custodia a quienes recopilan los datos?”. Los Estados son, junto con las empresas, los grandes impulsores del Big Data y hoy las tecnológicas son Estados sin fronteras.

Existen formas de poner límites a la utilización de los datos que generamos como establecer conexiones seguras que no puedan ser interceptadas por ningún tipo de tecnología.

Por otro lado, cuando destacamos la perdurabilidad de los datos, inevitablemente tenemos que hacer referencia a la tecnología Blockchain. Su funcionamiento se asemeja a la analogía de tener un archivo replicado letra por letra en muchas computadoras en todo el mundo y que, a su vez, si alguien quisiera cambiar una letra, este cambio se replicaría en todas las computadoras. Hasta ahora la única manera de hacer una base de datos que no se rompiera era copiarla muchas veces, lo cual es carísimo.

También nos permite hacer cosas muy interesantes como sacar un DNI mundial único irrepetible que nos identifique en cada lugar del mundo, y que se valide, aunque nadie nos conozca.

Así, Blockchain es sinónimo de una base de datos mundial, que no se puede romper y no se puede eliminar, y que además carece de intermediación. Hoy con una criptomoneda las personas pueden transferir valores, sin importar donde estén, sin intermediación y de manera totalmente anónima. La única forma de hacer esto antes era pagar un montón de peajes, pero esto es totalmente descentralizado. En ese sentido, Cripto intenta dar el poder a las personas, frente a los Estados que siguen teniendo muchos monopolios, como el de la moneda –de la que son emisores y distribuidores- y la fuerza.

Si bien, existen las monedas digitales emitidas por bancos centrales (central bank digital currencies), hoy también cualquier tipo de moneda emitida por un Estado es electrónica, porque no necesariamente tienen que imprimir los billetes. Sólo tienen que poner “hay 1 trillón de dólares más en un sistema”. Incluso, algunos países mantienen los billetes por una cuestión afectiva.

El nivel de inversión que uno realiza en cualquier momento en que se conecta con el mundo virtual es increíble, y recién estamos en los comienzos. Las posibilidades de generación de nuevos y mejores productos y servicios están trazadas principalmente por la generación y buen análisis de los datos. En Argentina, ya hay muchas compañías y estudios que basan sus resultados en la utilización de los datos. Pero este es un fenómeno mundial y estamos en los inicios de un camino fantástico para recorrer.

*Director de la Licenciatura en Gestión de Negocios del ITBA