De cadenas de pagos, bolsos y desembolsos
El lunes, el cuartel general del Fondo Monetario se notificará formalmente del primer incumplimiento del Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF) que pactó un año atrás con el Gobierno para refinanciar el préstamo récord que tomó Mauricio Macri. Será cuando el Banco Central le informe, con un día de atraso, que no pudo acumular las reservas que se había comprometido a atesorar durante el primer trimestre del año. El programa seguirá en vigor porque el Directorio habrá aprobado antes la revisión de las metas del cuarto trimestre de 2022 y la flexibilización de esa cláusula. Pero su futuro inmediato, como se vio esta semana en Washington, sigue muy comprometido.
La zozobra se hizo patente entre el martes 21 y el miércoles 22 de marzo, cuando vencían U$S 2.686 millones del StandBy de Macri y Nicolás Dujovne. Un mecanismo de "consolidación mensual automática" le permitió a Sergio Massa patear hasta el viernes 31 ese pago y llegar -raspando- a calzarlo con el desembolso que habilita la demorada aprobación de la revisión en el Directorio. No fue gratis: por esos siete días hábiles de demora hubo que agregar a la cuenta el proporcional de la tasa de interés anual que se aplica a la deuda, hoy en un récord del 6,2% anual por la empinada suba de tasas de los últimos meses en los países ricos.
La reunión de Alberto Fernández con Joe Biden no mejoró mucho la situación. Tampoco el encuentro de Massa con Gita Gopinath, la directora adjunta del Fondo cuyo aliento siente en la nuca Kristalina Georgieva, de gira por China. La interna entre ellas, igual de intensa aunque menos expuesta que la del Frente de Todos, tiene a la Argentina como sufrido campo de batalla. Si el programa termina de colapsar será un punto para la estricta Gita contra la más flexible Kristalina, quien solo confía a esta altura en la neoyorquina Julie Kozack, antigua contraparte de Martín Guzmán en las negociaciones del EFF y actual portavoz suya.
La suerte luce esquiva tanto para los aliados del Gobierno en el Fondo como para los más entusiastas del vínculo en el Frente de Todos. El último corte que informó el INDEC de la inflación acumulada en marzo dio una décima por debajo del 7%, pero en Economía ya se atajan: "Casi seguro dé algo más, porque siempre le suman los servicios a último momento y este mes hubo mucha suba de colegios, prepagas y alquileres", revelaron a BAE Negocios fuentes del equipo de Massa.
Es un nivel indigerible a las puertas de una campaña presidencial y tras el 39,2% de pobreza que informó ayer el INDEC para la segunda mitad de 2022. Pobreza que, según estimaciones de la consultora ExQuanti sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), llegó en el cuarto trimestre al 40,6%, un pico superior a toda la gestión de Macri. Con el agravante de que el año pasado crecieron fuerte el PBI y el empleo, algo que ya no ocurre más.
El otro defaultLas consecuencias de la sequía todavía son inciertas. El radical Ricardo Buryaile, exministro de Agroindustria de Macri, advirtió en la gala que organizó el lunes el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) que se cierne sobre el sector un corte masivo de la cadena de pagos. Independientemente de las generosas condonaciones impositivas que anunció el secretario Juan José Bahilo, cuestionadas desde el kirchnerismo, Buryaile asegura que el peor impacto se sentirá cuando empiecen a vencer los contratos pactados "en cereal" o "en grano" el año pasado. Para peor, lo poco que se coseche de soja no se venderá más caro porque en Brasil llovió normalmente y el stock global no se vio tan afectado.
El nuevo "dólar soja" para el cual Massa consiguió la venia del Fondo antes de regresar de Washington tampoco tiene el éxito de las anteriores ediciones asegurado. Sin la menor intención de darle oxígeno al peronismo para la transición, la dirigencia del sector va por todo: retenciones cero, devaluación y dólar único. Por eso protestó contra lo que, otra vez y sin que haya trascendido su letra chica, consideró una concesión "inconsulta".
Son los conejos que empiezan a agotarse en la galera del incansable Massa, en cuyo entorno todavía albergan esperanzas de que Cristina Kirchner lo avale como candidato presidencial y designe a un incondicional suyo como compañero de fórmula. Su último pase de magia, el canje forzoso de bonos de la ANSES, fue criticado puertas adentro y no precisamente por el kirchnerismo. En la Quinta de Olivos recordaron que alguien le había propuesto el mismo paquete a Martín Guzmán y que el profesor de Columbia lo rechazó por considerarlo un "endeudamiento en dólares encubierto y carísimo". Igual que ahora la oposición.
A falta de otros mejores, como el financiamiento brasileño anunciado cuando vino Lula en enero y todavía verde, un salvavidas al que se aferra Miguel Pesce es el swap de monedas con China. Ya se activaron los primeros U$S 3.000 millones, en los próximos días se activan U$S 1.000 millones más y semanas después otro tanto. Es una ayuda del cuco sobre el que advirtió Biden a Fernández, máxime tras la cumbre Xi-Putin de la semana pasada. No es casual que el mismísimo The New York Times haya publicado esta semana un artículo de su corresponsal en Beijing, Keith Bradsher, titulado "Después de repartir enormes préstamos, China ahora está rescatando países".
Todo un desafío para la tercera posición de la que siempre hizo gala el peronismo en términos geopolíticos. Especialmente en perspectiva histórica, a casi setenta años de las negociaciones secretas para el ingreso de Argentina al Fondo que el fundador del Movimiento decidió finalmente interrumpir y a 47 de cuando el organismo bendijo el plan económico de la última dictadura. El recorrido del clan Cafiero describe perfectamente el pantano del cual la democracia no consiguió sacar al país en cuatro décadas. Es la distancia entre aquel informe de 1949 del abuelo Antonio al propio Perón sobre "las obligaciones a que se someten los países que constituyen la institución" y la resignación con la que el nieto Santiago llamó esta semana desde Washington DC a "revitalizar todos los vínculos con Estados Unidos".
Acelerador y freno¿Qué incentivo tendría el Tío Sam para empoderar a Alberto Fernández con un préstamo puente como el que alimentaron las fantasías de Olivos esta semana, al estilo del blindaje que recibieron De la Rúa y Cavallo en 2001? ¿Acaso "cuidar la estabilidad de la región" como se apuraron a definir en Cancillería? ¿No les conviene más a las multinacionales estadounidenses que se prolongue la inestabilidad para imponer mejores condiciones a cambio de sus inversiones y para comprar más baratos activos en el país? ¿No es exactamente por eso que el establishment local celebró a lo grande que Mauricio Macri abandonara la quimera de su segundo tiempo?
Los hombres de negocios más poderosos del país anhelan que se establezca un sendero de ajuste "con matices", al estilo chileno. Un puñado de ellos lo escuchó el sábado pasado de boca del mismísimo Sebastián Piñera en una merienda en el Sofitel, donde se hospedó el exmandatario. "Nosotros tenemos definido un camino como país y después el sistema político avanza a distintas velocidades. Si en un momento están más en boga las ideas de derecha y gobierno yo que soy de derecha, voy más rápido. Si gobiernan los izquierdistas, van más lento. Y lo mismo al revés, pero el camino es el mismo", les dijo. Todo un contraste con la promesa de hacer "lo mismo pero más rápido" con la que Macri los tenía asustados.
Las preferencias de esa élite se manifiestan en sus votos pero antes en los aportes de campaña. Y ahí es donde Patricia Bullrich parece estar perdiendo la carrera por suceder al fundador del PRO. Los primeros almuerzos y cenas que organizó, con cubiertos en dólares, son solo un "approach" para el verdadero aporte, que en todos los campamentos se pide después y sin factura. Pero por lo general, los teléfonos después no le suenan mucho a la exministra. "No está causando buena impresión. A veces tiene exabruptos parecidos a los de Macri, pero a él se los perdonaban por pertenencia y porque después metía algún chiste de fútbol", confió un banquero al que todavía no le mandaron el bolso vacío para que llene.
Lo bueno es que, devaluación del peso mediante, todo se abarató. Ya nadie habla de campañas de U$S 100 millones, como hasta hace dos o tres elecciones. "Con una décima parte alcanza para hacer algo digno. Y Patricia va a llegar. Diez amigos que pongan un lenque cada uno tiene que tener", aventura el banquero, risueño.

