Con las nuevas medidas de acceso al mercado de cambios, el gobierno ha tomado una decisión tan correcta como necesaria. Por un lado, se corrigieron evidentes inequidades, al restringir la compra de dólares a quienes estén usufructuando la asistencia financiera que el Estado ofrece con el fin de hacer frente a la crítica situación que determina la pandemia del Covid-19.

Resultaría socialmente muy injusto que quienes reciben ayuda estatal, utilicen esos recursos en la adquisición de las divisas que el país obtiene con el esfuerzo del trabajo de todos y todas, y que hoy, más que nunca, resultan indispensables para financiar la reconstrucción de nuestra economía y encaminarnos en un sendero de desarrollo nacional.

Por el lado de las finanzas, la decisión es coherente con el norte que se ha trazado el Poder Ejecutivo y que viene transitando, a pesar de los enormes desafíos que enfrenta nuestra economía: el de avanzar hacia un desarrollo sostenible, basado en la producción y el trabajo, antagónico con la política de especulación financiera, fuga y endeudamiento de los cuatro años anteriores, que dejaron como saldo 40% de pobreza, dos dígitos de desocupación, la inflación más alta en 3 décadas y la destrucción de más de 25.000 empresas nacionales.

El escenario financiero en el que el macrismo dejó sumergida a la Argentina resultó, sinceramente, dantesco. Aún cuando todos quienes sufrimos la crisis de 2001 creímos que las implicancias de golpear las puertas al FMI eran una lección aprendida, y que, luego de la peor crisis de la historia argentina y de la más ardua y compleja reestructuración de una deuda pública -probablemente de la historia financiera global-, los excesos del Estado en materia de deuda externa no se repetirían, Macri dejó a la Argentina con una deuda impagable, y con el FMI como principal acreedor.

El expresidente, que se jactaba de sus relaciones con el mundo, condujo uno de los gobiernos que peor leyó el escenario financiero internacional que se venía desenvolviendo desde, al menos, 6 años antes, con el comienzo de los remedios monetarios para la “Gran Recesión”. Hubo advertencias hasta del G-20 sobre la peligrosidad del aumento en la liquidez global y sus impactos en la balanza de pagos de las economías periféricas, que no tendrían capacidad para absorberla.

Argentina, el "casino" del mundo 

Macri creyó que “el mundo” lo quería a él cuando, en realidad, el poder financiero quería hacer negocios en “su” casino, nuestro país. Y vaya si los hizo: en apenas 4 años la deuda pública bruta superó el 90% del PBI, la deuda externa pasó del 14% al 45% del PBI, el 80% de la deuda quedó nominada en moneda extranjera, pero los dólares obtenidos a través del endeudamiento se utilizaron para financiar la acumulación de más de USD 103.000 millones de activos externos de una minoría privilegiada a la que las políticas regresivas de entonces permitieron acumular excedentes extraordinarios que se fugaron de nuestro circuito productivo. Con el agravante de que más de 2/3 de esa riqueza fugada, ni siquiera se declara ante el fisco, con lo que se priva al Estado Nacional de contar con los recursos necesarios para atender las múltiples necesidades de la sociedad, algo más notorio que nunca en tiempos de pandemia.

Recordemos que, en 2019, mientras el 15% del gasto del Estado se destinó al pago de intereses de la deuda, apenas un 3% del mismo fue invertido en salud. Ese mismo año, las reservas del Banco Central sufrían una sangría de más USD 20.600 millones, a pesar de que estaba vigente, desde mediados de 2018, el crédito Stand By con el FMI, por medio del cual el organismo desembolsó USD 44.000 millones.

Tan escandalosa resultó la política de fuga y endeudamiento que, durante el periodo de vigencia del Stand By (junio 2018-diciembre 2019), se fugaron de nuestra economía -entre Formación de Activos Externos y salida de capitales golondrina que habían entrado para hacer negocio con las siderales tasas de interés domésticas y luego retirarse llevándose los dólares- USD 6.500 millones más que la totalidad de desembolsos del Fondo Monetario.

Sobre las cenizas que Macri dejó y mientras el Estado despliega sus máximos esfuerzos para morigerar los impactos de la pandemia, el gobierno intenta construir una dinámica cambiaria sostenible, basada en un esquema de ingreso de dólares por la única vía legítima: la balanza comercial. Para ello, es central el monitoreo permanente del egreso de divisas, garantizando que su uso resulte también genuino: es decir, que se apliquen al pago de importaciones de bienes de capital, equipos o conocimientos que permitan, a su vez, aumentar las exportaciones. Se trata del único camino racional para lograr un sendero de crecimiento, responsable con el pueblo argentino y serio con el resto del mundo.

Cuidar los activos

Con el agravante de los desafíos que implica transitar la Pandemia, resulta imperioso cuidar los activos de los argentinos. Entre ellos, es de vital importancia para el desarrollo nacional, nuestra disponibilidad de reservas internacionales. El Coronavirus ha devastado a la economía global y con ello, el comercio de bienes y servicios.

De acuerdo con la Organización Mundial de Comercio, el volumen del comercio global de bienes cayó, en términos anuales (junio contra junio) un 18,5%, siendo ésta la peor caída desde que el Organismo realiza este tipo de mediciones. En nuestro país, uno de los principales exportadores de productos alimenticios en su estado primario, el ingreso neto de divisas a través de la balanza comercial acusa el golpe de esa caída, con un retroceso del 30% (julio contra julio). Las alarmantes proyecciones en cuanto a la contracción de la producción alrededor del mundo indican, para Argentina, un 12% a fin de este año.

En un año que nadie pudo prever, asumiendo el gobierno de un país que venía de 2 años de profunda recesión y crecimiento de la pobreza, el hambre y la desigualdad, el Poder Ejecutivo ha fijado como prioridad de su política financiera el cuidado de ese ahorro externo genuino. Con ese objetivo se negoció con innegable éxito el canje de la deuda, que alcanzó un histórico 99% de aceptación, implicando un ahorro de USD 38.000 millones y una significativa reducción de las tasas, de un promedio de 7% a uno de 3%, reordenando el perfil de pasivos para recuperar la solvencia económica y evitar seguir destinando dólares a pagar una deuda insostenible.

La regulación del dólar ahorro

Así, además, nuestras empresas obtendrán mejores condiciones financieras en el exterior para acceder a nuevas tecnologías. Por ello, también se diseñó un esquema normativo que restringe el ingreso y egreso de capitales especulativos, extractores absolutos de valor: durante los primeros meses del año casi desapareció una práctica que, desde el año 2002, sólo fue permitida e incentivada por el macrismo.

Por su parte, las regulaciones en el acceso al “dólar ahorro”, hicieron posible que la salida por este concepto representara apenas un 12% de la registrada durante los primeros 7 meses de 2019 (USD 1.433 millones versus USD 11.500 millones). La medida, que evoluciona con las nuevas disposiciones en un estricto sentido de cuidado, tiene un fin de política financiera, pero sobre todo de justicia social.

Hacer más costosa la moneda extranjera para atesoramiento, un bien muy valioso para el conjunto de la ciudadanía, pero al que sólo un 10% de la población accede de manera más o menos regular y apenas un 5% de manera persistente, pone el foco sobre otro factor clave: el cuidado de los precios internos. En el mismo sentido, generar las condiciones para la reestructuración de la deuda externa privada, que Macri alentó, y que, en esos 4 años, creció en USD 18.000 millones, atiende a los mismos objetivos.

Defender las reservas internacionales, evitando la devaluación brusca que fogonean quienes, ya sin disimulo, militan la desestabilización del gobierno democráticamente electo, inspirados en el espíritu tan sinceramente declarado por David Rockefeller, cuando sostuvo que “de lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional, que se ha practicado durante siglos en el pasado, por la soberanía de una elite de técnicos y financieros mundiales”, va en ese sentido.

Como quedó comprobado durante el gobierno de Macri, cuando -liberalización total de por medio- sufrimos una devaluación de 540%, el tipo de cambio comercial, que rige para las importaciones de bienes y servicios, impacta en la composición de los precios domésticos.

Si el gobierno cediera ante las presiones que impulsa el bloque devaluacionista, estaría convalidando un proceso inflacionario que erosionaría drásticamente los ingresos reales, retraería el consumo, la demanda y, con ella, la producción y el empleo, sumando recesión y agravando la situación que Macri configuró y que la pandemia agravó, lo que sería inconsistente con el programa de expansión económica, inversión pública y fomento al dinamismo de la actividad privada que el gobierno ha plasmado en el proyecto de presupuesto 2021.

La Argentina retornará a la senda del crecimiento económico en cuanto la pandemia esté controlada y las vidas de los argentinos y las argentinas no estén ya en riesgo. Las medidas que ha puesto en marcha este gobierno permitirán relanzar nuestro mercado interno y que el potencial de nuestro país, para desenvolverse en el comercio global, sustente el desarrollo de largo plazo, con fuentes de financiamiento sanas y sostenibles.

Continuar con el desendeudamiento, desde el punto de vista financiero y de diseño regulatorio, y cuidar el superávit comercial, resultan políticas centrales, así como la asignación de estos recursos hacia el agregado de valor y el trabajo de calidad en la producción local, para alcanzar los objetivos que el pueblo argentino decidió cuando eligió al actual gobierno: retomar un sendero de desarrollo, con efectiva justicia social.

* Por Fernanda Vallejos, diputada Nacional por la Provincia de Buenos Aires del Frente de Todos. Economista y Guido Forcieri, Mg en Finanzas. Ex Director Ejecutivo del Banco Mundial