Ya ha habido muchos ríos de tinta sobre pandemia, salud, cuarentena, etc. Este artículo, no va por ese camino. Estas líneas pretenden, modestamente, reflexionar sobre el mapa político, social y económico mundial e interno, después de que acabe este terrible huracán sanitario que azota a la humanidad.

Es cierto que, el mismo ha minado todas las instancias políticas, de empleo, economía, estructura y tejido social, instancias solidarias, entre otras.

La respuesta estará  entonces en cómo se muevan las fichas en la política internacional.

Las salidas individuales, país por país, pueden dejar un gran saldo de “heridos” y en ciertos casos de “muertos”. Entre ellos, inclusive, tal destino podría tocarle a algunos países desarrollados.

Por ejemplo, si la salida es individual, que podría llegar a pasar con países como Italia y España? ¿La Unión Europea podría salir en su rescate? ¿Cómo? Si lo más probable es que el único país de la UE que no quede temblequeando sea Alemania.

No quedan dudas que Estados Unidos también tendrá problemas pero, tiene una ventaja: la máquina de hacer dólares, por eso puede soportar un déficit fiscal igual o mayor que los de América Central y del Sur en su conjunto.

¿Estaremos ante una situación igual a la de aque crack del ’29? ¿Estaremos frente a una situación similar como la padecieron muchos países del planeta tras la Segunda Guerra Mundial?

La situaciones no se trasladan automáticamente pero pueden tener algunos puntos de contacto. Lo cierto es que nos vamos a enfrentar a una increíble recesión mundial, igual o peor a la que ocurrió después del último conflicto bélico a gran escala en el planeta.

La resolución, de esta forma, podría darse en una perspectiva conceptual darwiniana, esa visión de que se salven los más “fuertes” la cual seguro se dará desde los países desarrollados hacia los subdesarrollados.

Parafraseando al mismo Darwin: “la naturaleza seleccionaría a los países más aptos para la supervivencia y descartaría a los menos aptos”. En el caso de los países subdesarrollados podría haber dos estadíos, sin que ello sea taxativo:

O bien terminar como países satélites de los países desarrollados – de aquellos que queden en pie, desde el punto de vista de potencia mundial – es decir que sean más “aptos”.

Otra alternativa puede vislumbrarse en que los países subdesarrollados que sean menos aptos podrían quedar sometidos a nuevos colonialismos.

Y la otra mirada, quizá la menos posible, estaría dada sin una perspectiva darwiniana, que se evolucione hacía un mundo solidario. Probablemente, ése no sea el objetivo de los países desarrollados.

Después de que este “ Tsunami” pase, debería imponerse un nuevo orden internacional, pero no como se lo conoce a la fecha, sino que el mismo conlleve una nueva división del trabajo pero desde un panorama, totalmente, distinto y mucho más horizontal.

Los mecanismos de dominación  - tales como las invasiones armadas que se han dado “en pos de la democracia y la libertad” o mediante la deuda externa- deberían desactivarse para poder salir de una terrible recesión que se avizora.

Los países subdesarrollados deberían, en este momento, realizar un movimiento conjunto a los efectos de pedir la liberación del pago de la deuda externa y no la renegociación de la misma.

País por país estarían en desventaja al momento de exigir esa liberación, tanto con el FMI como con los denominados “Fondos Buitres”.

Parafraseando a Marx “países subdesarrollados del mundo uníos “, ya que después de la Pandemia el mundo será distinto. Para que el planeta sea distinto y para bien, siguiendo la máxima de Marx reiteraríamos: “Países del mundo uníos”

Tendrá que haber, para que este mundo sea mejor, un nuevo “Estado de Bienestar, a nivel mundial”. La cuestión es si la humanidad es capaz de barajar y dar de nuevo.

*Abogado laboralista y politólogo