A 12.000 kilómetros de Buenos Aires, el presidente Alberto Fernández recibió las novedades del estallido del escándalo del préstamo millonario del Banco de la Nación Argentina (BNA) a la agroexportadora Vicentín. "Bien, sigan con eso", transmitió cuando estaba subiéndose al avión que lo devolvería a Buenos Aires. A pesar de la resistencia de parte del directorio del Nación a seguir fogoneando el escándalo, el entusiasmo presidencial fue definitorio.

En rigor, el informe sobre Vicentin estaba en la computadora del ex diputado Claudio Lozano mucho antes de que se oficializara su nombramiento como director del Banco Nación. Fue el último en incorporarse, pero el primero en tomar la iniciativa de llevar al directorio de la principal entidad financiera del país el lapidario informe sobre los vínculos de la empresa que convirtió en poderosa el empresario Alberto Padoán, nacido en la Avellaneda santafesina. Aunque ya no forma parte del directorio de Vicentin -su parte la quedó en manos de Máximo Padoán y la compañía se atomizó con varios socios- el apellido es sinónimo de la compañía.

Cuadernos, granos y deudas

Padoán fue presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario y se alejó de ese cargo cuando su nombre apareció en la causa por las anotaciones de presuntos recorridos y montos de pago de coimas de empresarios para aceitar contratos. Sospechado por sus vínculos con el kirchnerismo, ahora la empresa que dirigió es señalada por su relación con el macrismo. En el informe que tiene en sus manos el Banco Nación se mencionan los aportes de 13,5 millones de pesos a la campaña de Juntos por el Cambio, que lo convirtió en el primer benefactor. "Lo acusan de macrista, pero nada dicen de que fue el único de los empresarios de la causa ´Cuadernos´ que negó las coimas", deslizan quienes lo conocen, con suspicacia.

Con el affaire Banco Nación-Vicentín de lleno en la escena política, en Balcarce 50 y en Bartolomé Mitre 326 hacen lecturas distintas. Alberto Fernández dio la indicación de "siga, siga", pero varios directores del BNA se preocuparon por el impacto público del escándalo. El vicepresidente del Nación, Matías Tombolini, salió rápidamente a plantear que la deuda de $18.000 que Vicentin tiene con la entidad no pone en riesgo de ningún modo la solvencia.

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Deuda y producción

Otro escándalo vinculado con la gestión anterior se destapó en el Ministerio de Desarrollo Productivo. En la oficina 504 que ocupaba el entonces subsecretario de Coordinación del Ministerio de Producción, Rodrigo Sbarra, encontraron US$10.000 dentro de un sobre que tiene anotado un nombre de pila y una dirección. También había listas con fechas, montos y porcentajes. Todo eso lo tiene la Justicia. Sobre la oficina de Sbarra llamó la atención a los nuevos funcionarios que tiene varias instancias de seguridad -incluidas cámaras y la puerta de acceso a la privada que sólo se abre desde adentro- extravagantes para el rango que tenía el hombre, mano derecha de Francisco "Pancho" Cabrera. "Tiene más trabas de acceso que el despacho del ministro", comentaron, sorprendidos de que además, hubieran "olvidado" un sobre con semejante cantidad de dinero sin notar su falta.

Si algunas voces oficialistas reclaman hacer una puesta pública en escena sobre "el estado del Estado", o la "autopsia de la economía" como la definieron en el encuentro oficialista del jueves pasado en la Cámara de Diputados, varios funcionarios están más preocupados por cuándo se terminará de corregir la distorsión que Cambiemos aplicó a los programas de incentivos. Un ejemplo es la Ley 27.506, de Economía del Conocimiento, que el ministro Matías Kulfas suspendió para poder revisar. "Los requisitos eran incumplibles para una empresa nueva. Bloqueaba a empresas por nacer y beneficiaba a las grandes corporaciones", explicaron a BAE Negocios. La norma será corregida sin impacto, prometen.

Mientras encuentran la corrección al daño, el Gobierno diseña un plan de créditos blandos para pequeñas y medianas empresas que se alimentará de recursos del Banco Nación, del Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (Fondep) y de líneas de organismos multilaterales. Quienes trabajan en ese programa aspiran a que la masa prestable sea de unos $20.000 millones. Apenas un poco más que la deuda de Vicentin. La política económica y las prioridades, está claro, son bien distintas.

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Gabriela Granata

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