Hay una tendencia bastante generalizada a comparar el legado de la administración macrista con el de 2001/2002. Por supuesto, por la extensión de la crisis y su profundidad, es el episodio similar más cercano. Desde esa crisis que la economía no caía por dos o más años consecutivos (eso no ocurrió ni siquiera con la crisis financiera internacional, según las estadísticas del INDEC actual) y tampoco con tanta intensidad como en los últimos meses. Por caso, las ventas minoristas en 2009, según CAME, habían bajado un 8,5% en 2009 y, para la misma asociación, entre enero y septiembre de 2019 la merma fue de 12,8% y seguramente los datos más actualizados del INDEC comenzarán a exhibir también el desmoronamiento.

Otra similitud relevante es la depreciación del peso. En 2002, en términos nominales, la moneda nacional llegó a perder casi un 75% de su valor y, descontando la inflación, la merma anual fue del 53%, la mayor de nuestra historia. En 2019, lo más probable es que se deprecie nominalmente entre un 40% y un 45% y, en términos reales, alrededor de un 12%. Si bien la devaluación de la crisis de la post convertibilidad fue mucho más fuerte, la reciente también es importante y será una de las cinco peores del último medio siglo.

Otro rasgo común es el insostenible peso de la deuda externa. Igual que en 2002, no hay manera hoy de hacer frente a esos compromisos, obligará a continuar con la renegociación y estará vedado el acceso por parte del sector público y de la gran mayoría de las empresas nacionales a los mercados de crédito privados en moneda extranjera. En el mismo escenario de depresión, los indicadores de desindustrialización, pobreza, desigualdad, precarización laboral y baja utilización de la capacidad productiva también van empeorando aceleradamente.

No obstante, a pesar de estos rasgos en común, hay otras características que diferencian sustancialmente el período que estamos transitando respecto de la post Convertibilidad. En ese momento, a nivel global, China dinamizaba el crecimiento y comenzaba un proceso de recuperación de los precios internacionales de los recursos naturales y de crecimiento regional. Sin embargo, a pesar de lo que se cree comúnmente, la cotización de la soja y del resto de los principales cultivos de exportación recién en el año 2007 superaron los valores promedio de la década del noventa.

La devaluación de la post convertibilidad fue fuerte, pero la reciente será una de las cinco peores del último medio siglo

Otro aspecto relevante que distingue el escenario que se viene es que buena parte de la deuda fue asumida directamente con el FMI y eso casi no deja margen para declarar un default mucho más extendido que el actual. Una consideración también importante pero mucho menos referenciada son las características particulares de la dinámica inflacionaria de cada etapa. Si bien en el año 2002 el IPC del INDEC se incrementó un 41%, su aumento fue combinado con un congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, fuertes aumentos de retenciones e incrementos salariales y de haberes por decreto de suma fija. La gran mayoría de los precios de bienes y servicios no transables (son los que no están afectados por la competencia externa), con una demanda interna devastada y casi 10 años sin inflación, registraron aumentos muy modestos. No había tanta inercia inflacionaria como la de los últimos años y, en especial, se produjo un notable cambio de la estructura de precios relativos que, al tiempo que redujo sustancialmente los costos internos medidos en dólares, motorizó un potente proceso de sustitución de importaciones y un crecimiento del empleo, de la producción y del consumo de bienes y servicios básicos, en sectores industriales con alta capacidad de integración productiva local y con alto impacto en la distribución del ingreso (textiles, ropa, marroquinería, juguetes, entre otros).

Ese nuevo esquema de precios relativos, sumado al efecto de las retenciones en la recaudación fiscal y a la cesación de pagos de la deuda en el gasto, también impulsaron niveles superlativos de superávit fiscal que facilitaron el crecimiento de la obra pública en infraestructura.

Lamentablemente, hoy la renegociación del pago de deuda, con la presión del FMI, seguramente dejará menos margen a la expansión fiscal y la estructura de precios relativos estará lejos de ser tan favorable.

Existe margen para la aplicación de políticas expansivas y registrar una recuperación quizás desde mediados del año que viene

Sin embargo, si bien el escenario 2020 tendrá bases macroeconómicas mucho menos dinámicas que las de fines de 2002 cuando ya se había superado lo peor de la crisis de la Convertibilidad, existe margen para la aplicación de políticas expansivas y comenzar a registrar una recuperación quizás desde mediados del año que viene. Básicamente, los factores de impulso se podrían concentrar en el muy posible redireccionamiento de las políticas públicas, dejando de estimular el negocio financiero y orientando el crédito a la actividad productiva, una presión tributaria mayor y selectiva sobre los rubros que mayor capacidad de captación del excedente han tenido en los últimos años (sector financiero y de empresas de servicios públicos privatizados, entre otros), la recuperación con políticas fiscales expansivas a favor de los sectores vulnerables con ingresos más postergados, una administración de las importaciones que restrinja la competencia en condiciones desleales y así estimule una reactivación de la oferta productiva local, quitas de retenciones y reinstalación de reintegros a sectores exportadores de bienes y servicios con alto valor agregado, compras públicas también orientadas a productores nacionales y un gobierno recién asumido con masivo apoyo popular que debería tener una fortaleza suficiente para cerrar acuerdos sectoriales, con buena probabilidad de cumplimiento, para impulsar la actividad productiva, la inversión y la generación de empleos.

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