Dólar, LeFi, oro y repo: la danza de la “segunda fase”
El 28 de junio, en una conferencia de prensa, el Ministro de Economía, Luis Caputo, y el Presidente del BCRA, Santiago Bausili señalaban cuáles eran las tres principales causas de la emisión monetaria: el déficit fiscal, los intereses que el Banco Central debía pagar por sus pasivos remunerados y los pesos emitidos para la compra de divisas. En dicha conferencia, los funcionarios aclaraban que, mientras que la primera había sido corregida con el superávit fiscal (producto de un ajuste de partidas que, mayormente, se enfocó en jubilaciones y otros gastos sociales), procedían a dar paso a la “segunda fase”.
Esta etapa se caracterizaría por reducir la emisión de pesos destinados al pago de intereses correspondientes a los pasivos remunerados por el Banco Central. El método a utilizar sería la transferencia de la deuda que posee esta institución al Tesoro, entendiendo a este último como el origen de la existencia de estos pasivos.
En otras palabras, el Gobierno señalaba que el motivo por el cual el Banco Central emitía este tipo de instrumentos era para absorber los excedentes monetarios propios del gasto mayor al ingreso en que incurría el Tesoro, dando lugar al tan famoso y prolongado déficit fiscal. Así, el traspaso de esta deuda al Tesoro le permitiría al Banco Central tener un mayor grado de independencia para fijar tasas de política monetaria acordes a su objetivo de desacelerar, y luego reducir, los precios.
La primera reacción de los mercados frente a esta decisión no fue positiva, y los activos financieros a la baja fueron un claro reflejo de ello. La incertidumbre fue la protagonista de esos días, la cual supo incrementarse aún más con la intervención en el mercado financiero que llevó a cabo el Gobierno, mediante la venta de dólares en el mercado de contado con liquidación para bajar la cotización de este dólar. Así, impulsaban la contracción de la brecha cambiaria a través de una medida difícilmente sostenible en el tiempo, al tiempo que desconcertaban a propios y ajenos con una medida intervencionista y discrecional de este calibre.
Letras fiscales de liquidez
Aproximadamente tres semanas después, la incógnita que rodeaba el traspaso de la deuda del Banco Central al Tesoro logra disiparse en gran medida con la Resolución Conjunta 40/2024 que publica el Ministerio de Economía el pasado 17 de julio, dispone la emisión de la “Letra Fiscal de Liquidez” (LeFi) por un monto de hasta veinte billones de pesos, en valor nominal, cuyo vencimiento será el 17 de julio de 2025.
A su vez, la Resolución Conjunta indica lo siguiente: “pagará intereses a la tasa nominal anual de política monetaria informada por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) con capitalización diaria hasta el vencimiento del instrumento y serán pagaderos al vencimiento de la LeFi. En cada cambio de la tasa nominal anual de política monetaria, se capitalizarán los intereses y se considerarán como nuevo capital.” En este punto, deviene clave la decisión que la autoridad monetaria tome al respecto de su tasa de política monetaria, a partir de la mayor independencia que esta registre con el traspaso de su deuda.
Con este instrumento a disposición, esta semana se caracterizará por el desarme de pases pasivos del Banco Central (instrumento de deuda a 1 día) y, como contrapartida, por la venta a las entidades financieras de las nuevas LeFi (instrumento de deuda a 1 año). A priori, las dos principales cuestiones a destacar de la medida son que, por un lado, cambia la responsabilidad de la deuda. En este sentido, el pago de las LeFi quedará sujeto a la capacidad del Tesoro de alcanzar el superávit fiscal. Por el otro, el plazo de la deuda se modifica notablemente, pasando de ser un pasivo diario a un pasivo a un año.
Repo y solvencia financiera
A colación de la extensión del plazo de deuda y la política intervencionista de vender dólares, inexorablemente surgen dudas acerca de la capacidad de repago y del rumbo económico. Este fue un punto consultado al Presidente en entrevistas, a lo cual respondió que, mientras que el refinanciamiento de vencimientos de deuda no era un problema porque ya estaba cerrado, lo que necesitaba garantizar era el pago de los intereses. Por ello, aclaraba, ya están armadas las repo para el año próximo. Y, con esta última declaración, se constataba que el Banco Central envió lingotes de oro a Inglaterra para que estos pudieran ser utilizados como caución o garantía frente a eventuales créditos u operaciones. La contraparte de esta operación es que, una vez que Argentina decida repatriar el oro, deberá contar con los dólares necesarios para hacer esa transacción.
Mientras que el Gobierno se muestra con confianza para tener los números necesarios para llevar adelante esta medida, otros sectores la cuestionan señalando que el mundo se encuentra realizando lo contrario siendo que acumulan el oro previendo cualquier tipo de eventualidad a nivel global.
Con varios frentes abiertos, abundan los instrumentos y medidas para llevar adelante esta “segunda fase” del programa económico. Al ritmo de la intención de reducir la emisión monetaria, cabe aguardar para ver si los precios, el dólar y la recepción de los mercados acompañan favorablemente el derrotero de la evolución del plan del Gobierno, mientras este busca fortalecer su solvencia financiera.
*Economista (UBA). Integrante de Paridad en la Macro.

