Sabemos que gran parte de los agregados macroeconómicos fluctúan en torno a una tendencia, y poco antes de la década del 70’, se popularizó el estudio de estas fluctuaciones en la macroeconomía, esto es, el estudio del ciclo. En base a esto surge la cuestión sobre cuál es el rol de la política monetaria y de la política fiscal en pos de estabilizar estas desviaciones.

Algunos estudios revelan que los países avanzados utilizan estas políticas de manera contracíclica, es decir, aplican políticas expansivas en tiempos de crisis y practican la austeridad en tiempos de crecimiento con el objetivo de mantener el ciclo más o menos estable en torno a la tendencia.

Si observamos el mundo actual, con la crisis que provoca el coronavirus (Covid-19), vemos que esto es efectivamente así. Las grandes potencias incrementan el gasto público para paliar los efectos negativos en los indicadores sociales y económicos, y es de esperarse que este gasto se revierta cuando se retorne a la normalidad y las economías se encuentren en funcionamiento. No obstante, los mismos estudios evidencian que la política contracíclica no es tan obvia en los países emergentes.
 

En nuestro país, la pandemia llegó en el peor momento. Con una economía golpeada, y con indicadores sociales desplomados, el gasto público hace varios meses ya se encontraba en terreno negativo, por lo que la holgura con la que nos encuentra la crisis no es para nada significativa.

Con una cuarentena de, hasta hoy, tres meses, y con movilidad de personas reducida, el gobierno actual se encuentra en la obligación de mantener un paquete de medidas que contengan a los sectores más afectados, y en particular a las personas que se encuentran imposibilitadas de asistir a sus lugares de trabajo.

Herremientas económicas en tiempos de coronavirus

En un principio, se trató principalmente de un pago único de transferencias monetarias nuevas, como es el caso del Ingreso Familiar de Emergencia ( IFE), o refuerzo de las ya existentes como es el caso de la Asignación Universal por Hijo (AUH). No obstante, y dada la extensión del confinamiento obligatorio, estas transferencias directas se tuvieron que repetir, así como también las trasferencias a los sectores productivos.

El secretario de Política Económica recientemente ha declarado que gracias al IFE entre 2,7 y 4,5 millones de argentinos evitaron caer en la pobreza.

Dadas las circunstancias, y una incierta recuperación de la economía mientras dure el periodo de aislamiento obligatorio, será muy difícil la reversión de las medidas de contención en el mediano plazo si se quiere mantener el costo social, dentro de lo que se puede, más o menos moderado.

Y aquí es donde el gasto público deja de ser una herramienta transitoria en el intento de mantener la estabilidad del ciclo hacia la tendencia, para pasar a ser una herramienta de utilización permanente.

En este aspecto, se corre el peligro de volver a medidas de corte keynesianas, donde la actividad económica se encuentra motorizada por el Estado.

Manteniéndonos ajenos a la discusión de si estas medidas resultan adecuadas o no, la cuestión radica en que con una economía que responderá con rezago, un déficit fiscal financiado con emisión y una sociedad que comienza a tomar como referencia al dólar blue más que al tipo de cambio oficial, el panorama se presenta adverso.

No es un sesgo ideológico, pero el país viene con esa receta desde hace tiempo, nos puede jugar una mala pasada un oleaje en esa dirección. En la etapa de moderación difícilmente se pueda salir de una actividad basada en el gasto financiado con señoreaje, las consecuencias, ya se verán.

* Florencia Blanc es economista de LCG Consultora.