El presidente Mauricio Macri soprendió cuando aseguró que está listo para competir – “ready to run” en busca de su reelección presidencial a miles de kilómetros de Argentina, en medio de una negociación con el Fondo Monetario, con el país atravesando un paro general contundente,  con una economía en declive y con una reorganización de Gabinete que no oxigenó.

Macri apuntó a dar certidumbre de que va a mantenerse como líder del proyecto de Cambiemos apoyado en las encuestas que tiene la Casa Rosada que le dan alrededor de 35% de intención de voto y victorioso en segunda vuelta contra cualquier candidato. ¿Es suficiente?.  El presidente llegó a Nueva York para dar certidumbre y confianza y en ese contexto se produjo la renuncia del presidente del Banco Central, Luis Caputo.

Está claro que una decisión así fue acordada (¿pedida?) por el presidente de la Nación, quien parece haber ofrendado la cabeza de la autoridad monetaria  como una señal contundente de que está dispuesto a cerrar el acuerdo con el FMI aún a costa de correr –la otra acepción de “run”-  de quienes fueron, son, sus colaboradores de confianza.