El relajamiento de las condiciones de cuarentena en el AMBA provocó también una mayor soltura de la actividad de los ministros del Gabinete nacional. No solo mostraron actividad verbal en, vale decirlo, medios de todo tipo y tendencia, sino que también se aceleró el "reunionismo" que, si bien es una palabra que no figura en el diccionario de la Real Academia Española, sí está en todos los manuales políticos.

Lejos de las acepción peyorativa, los encuentros cara a cara -barbijo de por medio-mejoraron la relación entre el Gobierno y los sectores del campo (sin la Sociedad Rural) y con el sector empresario que se sintió convocado e interpelado por la gestión de Alberto Fernández. 

Ese pasaje del "relato a la acción" tiene varios episodios y terminales, pero la pata central resultó ser la del ministro de Economía, Martín Guzmán, a quien el empoderamiento de gestión le viene durando, esta vez, un poco más que las 24 horas del "éxito" de la renegociación de la deuda privada, cuando las medidas cambiarias con supercepo incluido borraron el 99% de acuerdo.

A horcajadas de las nuevas medidas de control de dólares paralelos, Guzmán recibe esta semana a los representantes del Fondo Monetario Internacional ( FMI), Julie Kozack y Luis Cubeddu, ya no en misión exploratoria sino concreta: el nuevo programa con Argentina.

 

Del dicho al hecho

El día después ya llegó.  La lenta recuperación después de la brutal caída que dejó la pandemia de coronavirus y que cerró la actividad económica, fue abriendo pequeñas ventanas por la que deben colarse las medidas proactivas para evitar que se asfixien los primeros respiros.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, salió a apostillar la tarea del Martín Guzmán. "Las medidas que adoptó el Ministro de Economía generaron calma. VIene una etapa de fortalecer la recuperación, donde tenemos la posibilidad de que haya mucha más inversión productiva", dijo a radio Rivadavia.

La política también se mueve dejando el relato y pasando a la acción.  La presencia de Alberto Fernández en la asunción del nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce, completa el primer paso que dio cuando asiló al mandatario forzado a entregar el poder, Evo Morales, y cimenta la esperanza de volver a conformar un polo regional centro progresista. Algo que tampoco debería quedar en el relato épico de un regreso a una década atrás, sino de tender a la cooperación económica aprovechando el cambio de signo político en Estados Unidos. Una idea de que la economía y la política se "desTrumpice", aunque claro, esa palabra tampoco esté en el diccionario.

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Gabriela Granata

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