Facebook enfrenta denuncias y todo tipo de reclamos respecto de su comportamiento moral y el tratamiento de la privacidad de sus usuarios y su información. También suma cuestionamientos sobre las condiciones de ciberseguridad que incluyen audiencias en comisiones investigadoras en el Congreso Norteamericano. La empresa, por su parte, minimiza y desacredita las denuncias y prefiere hablar de su cambio de nombre y de su nueva propuesta denominada “METAVERSO”. Parece broma, pero no lo es.

Desde la crisis de Cambridge Analitycs se ha vuelto recurrente la utilización de estas plataformas para intentar manipular e influir sobre los votantes en procesos electorales en todo el mundo. Por citar algunos ejemplos, podemos comenzar por el cuestionamiento a Zuckerberg sobre si “escuchaban a la gente que usa sus aplicaciones” hasta la postura casi adolescentede no poder resolver ni responder la pregunta sobre: “porqué permitir libertad total de acción en las plataformas a grupos negacionistas del holocausto-shoa”. La postura entre ingenua e hipócrita de “Mark” fue: “todos tenemos derecho a expresarnos”.

Multas que ascienden a 110 millones de euros por proporcionar “datos incorrectos o engañosos” en la compra de WhatsApp o denuncias judiciales para detener la transferencia transatlántica de datos de usuarios de la Unión Europea a Estados Unidos, son hechos recientes sintomáticos de esta situación. Este preludio no es siquiera representativo de lo que ahora enfrenta Facebook: una crisis más intensa y de mayor alcance en los 17 años de la joven compañía. Organizaciones de noticias de los Estados Unidos publicaron los ahora denominados FACEBOOK PAPERS, cientos de documentos internos de la empresa que se presentaron en el Congreso por parte de la denunciante, Frances Haugen.

 

Sin controles

Facebook es acusado de sembrar discordia, violencia y afectar la democracia, con evidentes dificultades para moderar y regular contenido, con consecuencias como la facilitación de la acción de traficantes y trata de personas, pedofilia, fraudes económicos concretados en sus marketplaces, engaños y estafas utilizando las capacidades de streaming en sus formatos “live”, ofrecimiento y venta de tarjetas de crédito robadas, etc.

Resultan más que preocupantes las denuncias sobre el impacto de Instagram en las jóvenes y adolescentes, que provocó la declaración de la Sra. Frances Haugen, ex empleada de la firma. Haugen afirmó que: "los productos de Facebook e Instagram dañan a los menores de edad” y que dentro de la empresa conocen este efecto.

Anteriormente Facebook ha lidiado con escándalos, pero la falta de controles eficaces y su evidencia irrefutable hablan de una necesidad de combatir el discurso de odio de todo tipo, la desinformación y proteger a los usuarios más jóvenes.

La falta de moderación y control de los contenidos en un conglomerado de plataformas que permearon tanto en las sociedades de casi todo el planeta, especialmente en pandemia, podría explicarse dada la extensa universalidad que ha adoptado. Probablemente 2.740 millones de usuarios activos al mes solo en Facebook sean demasiados para regular.

El anuncio e invitación de un usuario a su propio “SUICIDIO ON LINE” fue transmitido por “ Facebook Live” al que asistieron 200 personas, quienes pidieron desesperadamente a la plataforma que interrumpiera la transmisión para desalentar al protagonista de la trágica historia. Esto no solo no ocurrió, sino que la respuesta de Facebook fue que: “no se había incumplido aún ninguna norma de comportamiento”.

Publicar contenido violento parece un deporte que, por más que Facebook anuncie que está invirtiendo en inteligencia artificial para pararlo, no alcanza. Lo mismo ocurre en Instagram, incluidas fotos y videos extremadamente violentos y cada vez más casos de adolescentes a quienes les secuestran sus imágenes y son reutilizadas y vinculadas a sitios de contenido erótico.

 

Prioridades

Muchos sostienen que el fracaso de Facebook en abordar y solucionar estos problemas se debe en parte a que prioriza el objetivo de negocio y la rentabilidad por sobre el bienestar y salud mental de la población mundial y en algunos casos, a que carece de la capacidad para ponerles freno.

Facebook tiene 40.000 personas trabajando en la “seguridad” de su plataforma, incluidas 15.000 personas que revisan el contenido en más de 70 idiomas que funcionan en más de 20 locaciones en todo el mundo. La empresa dice haber invertido un total de US$ 13.000 millones desde 2016 para mejorar la seguridad de sus plataformas. Pero lamentablemente esto no explica cómo es posible la existencia de su programa Cross-Check que protegió a millones de usuarios VIP de las reglas normales de moderación de contenido de la plataforma de redes sociales, mediante la utilización de inteligencia artificial.

Lo que queda por analizar es si esta crisis, no es en realidad una crisis de ética. Como ocurre en tantas sociedades y gobiernos del planeta, quizá nos acabamos de dar cuenta y estamos gobernados por plataformas tecnológicas y éstas parecen no tener moral.

*CEO de BTR Consulting, especialista en ciberseguridad, riesgo tecnológico y negocios.