Con todos sus tanques para almacenar combustible llenos a tope, un poderoso petrolero le advirtió anteayer por teléfono a Matías Kulfas que la semana próxima puede verse obligado a cerrar su mayor refinería. Y que el riesgo no solo es el corte de la cadena de pagos que podría afectar a sus decenas de proveedores sino el altísimo costo de reencenderla cuando vuelva algo parecido a la normalidad. El ministro de Producción también se sobresaltó por el dato que le llegó desde YPF el mismo día: desde el viernes pasado, cuando empezó la cuarentena obligatoria, la venta de nafta cayó al 15% de lo habitual y la de nafta premium, al 10%. La de gasoil cayó a la mitad.

Uno de los consultores más cotizados de la City, que aterrizó en Ezeiza en el último vuelo desde Nueva York y que aún guarda aislamiento estricto, se tomó el trabajo de preguntarles por mail a sus clientes cuánto había caído la demanda de sus productos y servicios. Un 40% estimó el desplome entre el 25 y el 50% y cerca de un tercio le respondió que había caído a menos de la mitad. Desde su casa, bajo condición de no citarlo, compartió sus miedos y sus cálculos con BAE Negocios: "¿Vos te das cuenta de que al lado de esto, 2001-2002 va a ser un poroto?", preguntó.

La pregunta era retórica, claro. Pero la comparación con el año de la mayor crisis social, económica y política de la historia argentina resuena en todos los despachos oficiales. Fundamentalmente por dos razones: la espada de Damocles de la deuda, que sigue ahí como entonces, increíblemente, y la olla a presión que representa la cuarentena en los barrios más pobres, donde el #YoMeQuedoEnCasa es solo eso, un hashtag de redes sociales. No porque los sectores desfavorecidos no quieran respetar la consigna oficial sino porque sencillamente en sus casas no entran.

"Tenemos que encontrar una solución argentina a este virus, porque el aislamiento puede haber funcionado en Asia o en Europa pero ellos no tienen los conurbanos de Latinoamérica. Pedirle que se aísle totalmente al 10% de la población que sufre hacinamiento y otras necesidades insatisfechas es una utopía", dijo a este diario uno de los más estrechos colaboradores de Alberto Fernández, ocupante de un despacho en el primer piso de la Rosada al que no cree que vuelva a ir al menos hasta fin de mes.

Si bien no los va a hacer inmunes al COVID-19 ni les va a permitir aislarse preventivamente con el confort de las familias de clase media y alta, esa especial vulnerabilidad fue lo que convenció a Fernández de implementar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de $10 mil. La directora nacional de Economía y Género, Mercedes D´Alessandro, le elevó primero el proyecto al viceministro de Economía, Haroldo Montagu, mientras el Gobierno disponía la exención de cargas patronales para las Pymes y los bonos para jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales. Montagu lo conversó de inmediato con Martín Guzmán y el ministro se lo propuso al Presidente.

La población objetivo -empleados en negro, empleadas domésticas y monotributistas- era la que se había quedado afuera de las primeras medidas. Y la iniciativa partió de DAlessandro precisamente porque las mujeres son mayoría en ese universo. Daniel Arroyo aportó un dato sociodemográfico: la multitudinaria prevalencia de parejas de empleadas domésticas y albañiles en la base de la pirámide. Ambos, en su mayoría, trabajan en la informalidad. Y se quedaban afuera del paquete inicial de asistencia.

Poniendo estaba la gansa

¿Quién va a financiar la expansión del gasto que van a demandar el paquete anti-crisis y las partidas extraordinarias para Salud? En principio, Miguel Pesce dispuso prender al máximo la maquinita del Banco Central, sin miedo a fogonear la inflación porque esos pesos irán a compensar el derrumbe de la demanda de los sectores que dejan de percibir ingresos. Guzmán coincide. Pero no es solo una cuestión de heterodoxos. El ultramonetarista Carlos Rodríguez, adalid de la dolarización en 2001 y exviceministro de Carlos Menem, sorprendió esta semana con su recomendación: "No queda otra que emitir, y rápido".

Es como decía Milton Friedman, padre fundador del neoliberalismo y profesor de Rodríguez en la Universidad de Chicago. Las grandes crisis dan lugar a grandes cambios y esos cambios toman las ideas que flotan en la época. En este caso, flotaba el debate sobre el ingreso universal y apareció el IFE. Lo que cabría preguntarle a Rodríguez tras su capitulación teórica es qué podría hacer ahora el Gobierno si la sociedad le hubiera hecho caso a su consejo. ¿Cómo podría reaccionar ante la corona-crisis un Alberto Fernández dolarizado, además de pedirle a la población que rece, como hizo Jeanine Áñez?

Lo que todavía no hizo el Central fue exigirle una contribución decisiva a un sector de la economía que nunca dejó de ganar dinero. Y aún así, los banqueros sienten que ya colaboraron. Dos lobistas de sendos grandes bancos nacionales protestaron ayer ante directores de la autoridad monetaria porque Pesce los obligó a financiar a las Pymes al 24% anual (o sea, a tasa negativa) para que puedan pagar los sueldos de este mes. PIdieron que el beneficio solo rija para las Pymes sin fondos en sus cuentas o con problemas de mora, de tal modo que aquellas que no los tengan no aprovechen para financiarse barato a costa de las entidades financieras.

La realidad es que mientras al Tesoro, a las empresas y a los particulares les faltan pesos, a los bancos les sobran. La liquidez amplia de los bancos (un indicador que incluye el efectivo, los depósitos en cuenta corriente en el BCRA, los pases netos y las LELIQs que mantienen en sus tesoros en relación a los depósitos totales) está en un récord histórico. Del 37% en octubre de 2017 saltó al 60% en enero último. ¿Y si el directorio del Central dispone colocarles a los bancos una letra a cambio de esos pesos ociosos? ¿No lo amerita la emergencia?

Mala fe

En medio del sálvese quien pueda de la pandemia y la implosión del multilateralismo, la ayuda difícilmente llegue del extranjero. Pero Guzmán sigue abocado a la renegociación de la deuda casi como si nada hubiera pasado. Y según fuentes que participan directamente en la negociación, la oferta oficial a los acreedores privados se pospuso pero se hará igual en los próximos días. "La verdad que es ridículo hablar de esto en medio de una catástrofe humanitaria mundial, pero hasta que Loretta Preska no nos habilite a no pagar, tenemos el riesgo de que se nos vengan los juicios", admitió una de esas fuentes. Preska es jueza federal del Distrito Sur de Manhattan, como lo era el difunto Thomas Griesa.

La nota técnica que publicó el FMI el viernes pasado, justo mientras empezaba la cuarentena, fue un espaldarazo inédito para la fuerte quita que prevé proponer Guzmán. Un mazazo inesperado para tipos como Larry Fink o Hans Humes, jefes de los grandes fondos acreedores que deben subir o bajar el pulgar a la oferta. En Hacienda destacan dos consecuencias de esa publicación, más allá de que Fidelity, PIMCO, Greylock y Blackrock no tienen por qué someterse a lo que diga el Fondo:

-Los acreedores no van a poder argumentar que el Gobierno negocia de "mala fe".

-Tampoco van a poder pedirle al FMI que "discipline" a la Argentina.

Además del lobby de Jorge Argüello y Gustavo Béliz sobre el Tesoro estadounidense y las gestiones de Guzmán ante Kristalina Georgieva, lo que movió al staff del Fondo a publicar esa nota técnica (que recomienda una quita de hasta U$S 85.000 millones en diez años) fue el apoyo explícito de Alemania. En eso coinciden los negociadores en Washington y en Plaza de Mayo: "Merkel se enamoró de Alberto o sus empresas en Argentina la convencieron de que sin esto explotamos. Si no, no se explica".

Pero el Fondo también juega en el tablero geopolítico internacional. Y juega fuerte, y juega para Occidente. El pedido de moratoria de pagos de las deudas bilaterales para los 76 países más pobres del mundo (entre los que no figura Argentina) fue un tiro por elevación contra China, la potencia que dio vuelta el relato del coronavirus y se muestra como el líder global que Estados Unidos parece haber renunciado a ser. China es el FMI de los países africanos, por ejemplo. Y a fuerza de "swaps" de monedas también amaga con convertirse en el de Latinoamérica.

¿Podrá Fernández hacer equilibrio entre viejos y nuevos acreedores? ¿Cómo quedará el mundo de las finanzas después de esta cuarentena y la crisis económica que inducirá? Son preguntas que parecen secundarias mientras se montan camas de emergencia hasta en los estacionamientos de clínicas como Los Arcos. Pero que también vale la pena hacerse. Y cuyas respuestas también pueden costar vidas.

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Alejandro Bercovich

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