Con el mayor conocimiento tanto de la inteligencia artificial como de la neurociencia y de la genética se tiende a repensar cuál es el nivel de libertad de elección que detenta el homo sapiens. Estos factores deterministas son los que pueden contrastarse con la libertad de elección, sesgada por un componente biológico predeterminado de algoritmos bioquímicos. Por otro lado, a partir de factores psicosociales y tecnológicos se agregan condicionantes de la libertad electiva por la influencia sesgada de la información recibida.

A estas variantes se le suma el factor "azar", que nuevamente incorpora variantes no manejadas que disminuyen la libertad a la hora de discriminar la capacidad de decisión. Existe una permanente discusión, desde la filosofía, el derecho, la neurociencia y la psicología sobre el libre albedrío. En neurología cognitiva esto podría denominarse como la capacidad y la libertad cognitiva de tomar decisiones.

Estas últimas pueden ser de corto plazo, como cuando elegimos rápidamente una salida en la rotonda de una ruta; a mediano plazo, como cuando decidimos una comida en un restaurante, o a largo plazo, cuando determinamos casarnos o comprar una propiedad.

Algunos autores plantean una especie de determinismo en la conducta humana como secuencia de neuronas reaccionando, lo que llevaría a una planificación y/o a una conducta predeterminada.

Estímulo al cerebro

Benjamin Libet, neurofisiólogo de la Universidad de California, estudió la conciencia estimulando el cerebro luego de ser operado en pacientes que están conscientes y sin dolor. Observó que, al estimular la corteza cerebral sensorial de estas personas, tardaba más de medio segundo (500 milisegundos) en hacer consciente el estímulo. Es decir, el paciente demoraba más en tener conciencia del estímulo que sí se generaba desde un lugar periférico y real, como la piel, que devenía consciente en aproximadamente 200 milisegundos.

Entonces existiría una actividad eléctrica preparatoria que se anticipa antes de la llegada a la conciencia. Esto sucedería tanto en el acto motor como en el sensorial, que se harían posteriormente conscientes. Existiendo primero esta instancia subconsciente, que planteaba como anticipatoria

También la actividad motora se activa antes de ejecutar los movimientos, ya que se prenden las cortezas cerebrales, que planifican el movimiento, algo que los fisiólogos consideran una función necesaria para arrancar pero sin determinar la conducta final. Esto sucede tanto al pensar el movimiento como al observarlo. En este último caso, a través de la actividad de las neuronas en espejo.

Toda resolución genera incertidumbre, pues nunca tendremos la totalalidad de la información de variables que condicionan un evento. Además, muchas veces se deben tomar conductas rápidamente y no habrá certezas absolutas de una posible asertividad.

Las tomas de decisiones incorporan, entonces, procesos instintivos. Funke sostiene que estos mecanismos requieren de la razón, pero también de funciones instintivas básicas de supervivencia. Se ha observado que el razonamiento lógico es mucho más efectivo en decisiones cotidianas de mediana complejidad que en las de complejidad extrema. En estas últimas sería más efectivo dejar mayor rienda a lo instintivo, según muchos estudios de investigación. Incluso se puede determinar la capacidad legal para desarrollar actividades civiles o ser considerado imputable ante un delito. Resolver problemas es muy complejo y difícil de evaluar, aunque resulta fundamental a la hora de entender la conducta humana.

¿Por qué reaccionamos?

La libertad de decidir a corto plazo implica un capítulo especial. La base de la toma de decisiones a corto plazo detenta un comienzo inconsciente y un devenir consciente controlador que fijará la posibilidad de inhibición o de la realización del acto. La reacción comienza muchas veces como un proceso inconsciente para luego hacerse consciente. El tiempo que se tarda en hacer consciente un evento le adjudica también la carga de libre albedrío o de responsabilidad sobre el suceso.

Sin embargo, el proceso inconsciente de reacción tiene también un punto crítico en la solución de muchos problemas. Muchas veces es muy poco el tiempo para evitar un choque, caernos ante un tropiezo o meter un gol en una jugada repentina, no preparada.

Recién luego de este proceso, y pasados los de 0.280 segundos del comienzo del estímulo, comenzará un programa consciente motor. Es decir, en este caso existe una demora de un poco más de un cuarto de segundo entre la programación del acto y la conciencia del mismo.

En este proceso es importante considerar la trascendencia de la capacidad atencional y los efectos externos distintivos. La atención es una función clave del sistema cognitivo y está desarrollada fuertemente en el humano adulto.

Se toman decisiones inmediatas, intermedias o tardías, conjugando lo instintivo con lo racional, algunas generadas en forma simple y otras que son muy complejas.

Muchas veces tomar conductas es difícil, pero el cerebro utiliza un sistema estadístico. Usando el llamado sistema bayesiano (Teorema de Bayes), se evalúan los riesgos y los beneficios y se aprovecha lo aprendido; es decir, se ayuda de la subjetividad.

El psiquiatra Karl Friston, miembro del Colegio Universitario de Londres, llama a estas posibilidades correctivas "codificación predictiva". Consiste en una comparación entre lo actuado y su corrección a partir del resultado previo. Es una clara modificación cognitiva de comparación inconsciente entre lo sensorial percibido y la motorización posterior.

El sistema nervioso genera una minimización de la predicción para desarrollar correctamente todas sus percepciones y acciones. Trabajan imbricados el pensamiento y la múltiple información sensorial que recibe el cerebro. El pensamiento y la percepción del mundo permiten generar un proceso que minimiza los errores, aunque con cierto límite cuando las múltiples actividades son excesivas o se realizan en poco tiempo. Es así que corregimos inconscientemente nuestros actos, la toma de decisiones (fundamentalmente a corto plazo) y aún nuestro pensamiento interno; es decir, nuestra conciencia. Sin embargo el azar será algo difícil de sortear, lo que limita la posibilidad de creer definitivamente en nuestra libertad decisiva.

El genial físico alemán Niels Henrik David Bohr decía que "hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro". Respetar los instintos quizá sea la postura más inteligente.

Es decir, existirían mecanismos nerviosos preparatorios que intervienen en lo que sentimos o en lo que movernos, incluso antes de darnos cuenta. Pero luego queda un tiempo consciente que permite mantener la autodeterminación. Esta situación es clave para sustentar el libre albedrío y así poder elegir entre opciones para tener autonomía en las decisines.

El historiador Yuval Harari plantea que quedan muy pocas posibilidades de libertad de albedrío..

Es decir, entre el determinismo biológico, la influencia tecnológica sobre nuestro cerebro y el azar parecería que la libertad de elección se reduce sustancialmente. Especialmente si, además, se piensa en un impacto ambiental influido por los medios de comunicación y por las redes sociales. Como dice Harari, existiría un "yo narrativo". Una ilusión imaginaria en el que se basa el liberalismo.

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