El seminario que organiza AEA el martes durante la mañana en el Sheraton va a poner en escena una interna que intenta dirimir el establishment a su manera, discretamente, pensando ya en las elecciones del año que viene.

Se va a ver ahí a Federico Bravo, a Alfredo Coto, a Héctor Magnetto; a Martín Migoya, el fundador de Globant, muy crítico, muy alineado con Marcos Galperín en su crítica al gobierno de Alberto Fernández. Se va a ver a Luis Pagani, que si bien mantiene diálogo con el Presidente fue uno de los motores de esta última ola inflacionaria con Arcor a la cabeza de los aumentos que acaban de pasar. Va a estar Paolo Rocca, un personaje polémico para el kirchnerismo si los hay, y más en un momento en que empieza a reverdecer la "Causa de los cuadernos", muy sintomáticamente.

En ese lugar, lo que va a aflorar es el ala moderada del establishment, que prefiere una continuidad de Alberto Fernández o un recambio por Horacio Rodríguez Larreta. Un Horacio Rodríguez Larreta que, se sabe, ya se puso a recaudar fondos de campaña, al margen de que tiene una estructura importante en el gobierno porteño para llevarla adelante.

Y hay, obvio, efectividades conducentes entre quienes quieren ese recambio por la vía de la moderación, y descartan, en cambio, la alternativa del "Segundo Tiempo" de Mauricio Macri o de una confluencia entre Macri, Patricia Bullrich y Javier Milei, que es a lo que apuesta más el foro del Llao-Llao, los que citaron justamente a esos referentes en Bariloche hace un mes y pico.

También está el corazoncito de cada uno, porque hubo quienes festejaron. Hubo CEOs de multinacionales que festejaron esta semana el golpe a la mesa del Presidente, tanto en el acto en Cañuelas como antes, cuando había criticado a Macri por "ladrón de guante blanco".

Y entre esos sectores, los que están entusiasmados con que Alberto se acerque a Biden, vaya a la Cumbre de las Américas, a Estados Unidos, y haga estas demostraciones de autoridad hacia el interior, en ese sector también está el respaldo a Guzmán, que es lo que se va a poner en escena el martes cuando el ministro de Economía cierre este evento en un ejercicio, por un lado, de blindaje del Gobierno frente al desafío interno del kirchnerismo, pero también de blindaje suyo, propio, frente a otras alas del oficialismo.

La remake del superministro

¿De qué se cuida Guzmán? Bueno, de las zancadillas que le hacen de todos lados. Ya no es solamente el kirchnerismo. De hecho, no es especialmente el kirchnerismo el que lo ataca. Su principal enemigo en las últimas semanas fue Sergio Massa, que lo presionó con que suba el mínimo no imponible de Ganancias, pero que además lo denuesta en privado sin ningún doblés. Le pega a diestra y siniestra todo el tiempo desde hace más de un año, y especialmente desde hace un mes. ¿Por qué lo hace Massa? Bueno, porque en un mes se va a saber que el acuerdo con el Fondo Monetario fracasó.

En un mes se va a terminar de confirmar de modo inmediato que las reservas no aumentaron lo que el acuerdo con el Fondo, firmado hace tres meses, decía que tenían que aumentar. Se va a saber también que no alcanza con el permiso del Fondo para emitir pesos este año, y va a quedar también muy claro que la meta fiscal por la cuenta de los subsidios no va a ser alcanzable tampoco.

Eso Alberto Fernández lo entendió hace un mes. Es, en realidad, la confirmación de lo que anticipaba que iba a pasar Cristina Fernández de Kirchner. Es el escenario que previó ella en un contexto nuevo, donde Guzmán, obviamente, culpa a la guerra en Ucrania. Pero cuando Alberto lo entendió, hace un mes, le mandó un emisario a Roberto Lavagna. En su momento se habló de una conversación entre ellos, directamente, por teléfono. Pero fue Gustavo Béliz quien viajó a Cañuelas personalmente para entrevistarse con Lavagna. Y Lavagna le dijo a Béliz que el problema es más político que económico y que por eso lo que él recomendaba no era reemplazarlo a Guzmán por otro economista. Él en su momento, ya el año pasado, había recomendado a Jorge Sarghini, un economista suyo, con trayectoria bonaerense muy tupida. El problema, dijo, es político y no económico, y por eso el superministro que tiene que asumir es Massa, rodeado de un equipo de economistas.

Claro, es la remake: el último superministro fue él, fue el propio Lavagna. Pero a partir de ese consejo que le dio Lavagna a Béliz para que le transmita a Alberto Fernández y que fue en simultáneo a las ratificaciones de Guzmán ùo sea, mientras Alberto Fernández ratificaba a Guzmán, le preguntaba a Lavagna por quién reemplazarloù, en esa recomendación aparece también la debilidad del Gobierno frente al Fondo Monetario, y la perspectiva de que en el segundo semestre las exigencias del Fondo sean más estrictas, en un momento en que va a haber mucho menos margen de maniobra por parte del Ejecutivo Nacional.

By pass al sueldo

Pero mientras el poder imagina estas entelequias para la transición el año que viene y para sostener la gobernabilidad en un contexto en el que el 60 o 70% de la gente se está quedando afuera de un momento de crecimiento fuerte de la economía, la inflación aparece como un tic tac que corroe a Guzmán, que corroe a Alberto Fernández, pero que también corroe a Cristina Fernández de Kirchner.

La pregunta para el año que viene es: sin ese by pass entre el PBI y los sueldos, sin que este gobierno haya podido convencer a la gente de que le conviene que la economía crezca porque así también mejora su situación particular... la gran pregunta es ¿qué le prometen los que aspiran a reemplazarlo el año que viene? Y como esas promesas son tan módicas, son promesas de ajuste ya no en 100 días sino en 100 horas ùcomo le hizo Rodríguez Larreta a los empresarios del Llao-Llaoù, lo que empieza a estar en cuestión es la gobernabilidad misma.

Y los empresarios por eso discuten la posibilidad de un gobierno más moderado, a la vez que evalúan la necesidad, que quizás tenga la política que quieren aplicar, de un gobierno mucho más represivo que enfrente ya no el malestar que ahora se manifiesta solapadamente, o de vez en cuando, sino un malestar callejero que realmente ponga en crisis la posibilidad de sostener la paz social. Eso es algo que este gobierno todavía mantiene como activo frente a los empresarios, y que no está para nada claro cómo llevaría adelante una eventual remake de Cambiemos, especialmente si eso se da en su variante más dura, en la variante que hoy encarnan Macri y Bullrich al interior de esa coalición.

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