El llamado a la presencialidad total o parcial impacta directamente en la vida cotidiana de las personas e implica una transformación rotunda en sus hábitos y rutinas, y como tal, requiere un compromiso mayor en la comunicación. Contar con una estrategia y planificar los mensajes se vuelve más fundamental que nunca. Especialmente porque el pedido de volver a las oficinas no es percibido por todos del mismo modo; para muchos es una pérdida y no un beneficio.

Y es así, aún cuando la presencialidad puede redundar en bienestar y ser muy positiva: promueve la conversación espontánea e intensifica los vínculos de manera natural, sin forzamientos. Así, las posibilidades del face to face son muy importantes para que las personas se sientan contentas y a la vez esa cercanía redunda en la mejora del rendimiento laboral. 

Presencia de formato múltiple

Pero, ¿qué decisión están tomando las empresas en relación a esta transformación en la dinámica laboral?: todavía no está claro, pero sin duda las compañías que van a tener una ventaja en el futuro serán las que adopten un modelo híbrido, aquellas que logren seguir manteniendo un espacio de home office para que la gente pueda sostener cierta organización del tiempo personal y laboral, ya adquirida en la pandemia. 

Uno de los aprendizajes positivos de estos últimos dos años es que los líderes se dieron cuenta de que la gente es igualmente productiva en casa, y así se perdió el prejuicio de que quien no va a la oficina no hace nada o se la pasa en un sillón mirando una serie. Quedó demostrado que el rendimiento tiene más que ver con los objetivos alcanzados a término que con el fichaje de horario. 

Es un aprendizaje constante, no hay lineamientos generales. Cada empresa, en función de su cultura, tiene que encontrar su mejor fórmula, sus espacios, sus formas, sus metodologías. Ya no hay un modelo único: se abrió un abanico de posibilidades y las compañías están necesitando y ocupándose de diseñar un esquema posible para que su  gente se sienta contenta y sea productiva en cuanto a los resultados esperados. Siempre, el mejor camino será el de escuchar a los colaboradores . 

Una estrategia flexible 

El siguiente paso es poder comunicarlo con claridad, anticipando las nuevas reglas y exponiendo el “para qué” de la decisión tomada. El mensaje debe ser empático y tener en cuenta la relevancia del cambio para el colaborador. Después, hay que testear y escuchar cómo este nuevo sistema está siendo recibido, y en tal caso, barajar y dar de nuevo. Todos estamos aprendiendo y es muy positivo asumir ese nuevo desafío.

* consultor en BW Comunicación Interna