Córdoba decidió y con su voto récord le dio una vidriera nacional inmejorable a su gobernador reelecto, Juan Schiaretti. El socio heredero del cordobesismo. Con el poder del 54% de los votos en la segunda provincia más poblada del país, ahora falta que decida Schiaretti. Muchos esperan su palabra, que él administrará con cuentagotas. Hasta ahora evitó nacionalizar la campaña, una estrategia que le redituó en votos, y también evitó nacionalizar los festejos. ¿Nacionalizará el impacto de su triunfo? Ruega Roberto Lavagna que así sea. El frente electoral con el que revalidó Schiaretti imita al sueño del ex ministro de Economía: mucho peronismo del centro acompañado por algo de socialismo y del GEN. Hubo, sin embargo, un ingrediente secreto: kirchnerismo en dosis homeopáticas: algunos candidatos en intendencias no tan visibles (como Fabián Francioni en Leones) y nombres camuflados en las listas legislativas. Una de las listas departamentales la integró, sin ir más lejos, el último candidato kirchenrista en la provincia: Eduardo Accastello, que en 2015 se había llevado el 17% de los votos frente al 40% de Schiaretti. La suma de esos votos da casi lo mismo que lo que sacó el gobernador este domingo.

El Partido Justicialista, que orbita en el pankirchnerismo, ve en esa lectura un argumento para la unidad y por eso aprovechó el envión de la noche del domingo para convocar a una reunión. Será hoy al mediodía en la sede de Matheu para analizar los resultados electorales del año y empezar a definir, dice la convocatoria firmada por José Luis Gioja, un gran frente electoral opositor al Gobierno. Los tiempos se acortan.

Negri y Carrió festejaron haber “desterrado definitivamente” al radicalismo tradicional cordobés

Tras la idea que trazó el jueves Cristina Fernández de Kirchner en La Rural, algo más amplio que la unidad, el kirchnerismo y sus hace poco repatriados mostraron un movimiento mediático que, si no lo fue, pareció sincronizado. El viernes, Hugo Moyano, Oscar Parrilli y Aníbal Fernández -entre otros- jugaron en declaraciones públicas con la candidatura casi inevitable de la ex presidenta. Ayer, después de la elección cordobesa, el paso de baile se repitió pero con otro objetivo: convocar a Sergio Massa a la unidad. Hablaron Andrés Larroque, Alberto Fernández y Felipe Solá. Los dos últimos, ex compañeros del tigrense en su salto a la oposición al kirchnerismo. "Todavía esperamos que Massa venga con Cristina y juegue con nosotros. Después vemos dónde", ofreció -poco tentador- Felipe.

En el medio, el intendente de Tigre, Julio Zamora, prometió acompañar la postulación a la reelección de Cristina "si es la candidata del PJ". Y Daniel Vila, socio fundador del massismo, aplaudió a la novel escritora (Juan Boido dixit) desde la primera fila, pasillo, de la sala Jorge Luis Borges

¿En qué están las conversaciones entre el Instituto Patria y el Frente Renovador? En el kirchnerismo aseguran que son fluidas. "Estamos hablando para cerrar. A él le cuesta encontrar el modo de entrar", aseguró un hombre de diálogo diario con Cristina. Desde competir en una Primaria Abierta hasta la posibilidad de ser el candidato a gobernador bonaerense del espacio, pasando por un acuerdo sólo legislativo. Todo, aseguran, está en el menú de opciones. Pero Massa observa y espera. Cerca suyo reconocen que "habla con todo el mundo". En la vereda de enfrente, los kirchneristas avisan: "Que se apure porque mientras duda se desguaza".

Alrededor de Massa son varios los que no ocultan el deseo de que el acuerdo avance. "íLe ofrecieron de todo, pero no sé qué quiere hacer!", rezongaba el domingo a la noche un massista bonaerense. José De Mendiguren es otro de los que piden unidad. Las coincidencias discursivas y de diagnóstico sobre el país y el Gobierno entre el kirchnerismo y Massa están claras. Quedan 30 días para la inscripción de alianzas electorales.

El Gobierno, derrotado en Córdoba, volvió a exponer su falta de unidad. Encerrados en su interna, el domingo a la noche festejaban Mario Negri y Elisa Carrió haber desterrado definitivamente, decían, al radicalismo tradicional cordobés. Miraban con euforia los 9 puntos de Ramón Mestre en la Ciudad de Córdoba. Es decir, hizo una peor elección en la ciudad que gobierna desde hace 8 años que en el resto de la provincia. Pero, en sus festejos, lo que la diputada y el diputado tal vez no veían es que además de haberle puesto un punto final al radicalismo tradicional en la provincia, es probable que también se lo hayan puesto a cualquier cosa que no sea peronismo cordobés. Schiaretti busca su propio MPN.

Con una lista de objetivos de gestión cada vez menos ambiciosa, el presidente Mauricio Macri espera poder contener las fluctuaciones del dólar hasta el 22 de junio para poder inscribir oficialmente su candidatura a la reelección. La única posibilidad de que Macri no sea candidato, explican consultores que trabajan junto a Marcos Peña, es si garantiza la derrota. Si, en cambio, tiene chances, aunque sean mínimas, será su apellido el que lidere la boleta de Cambiemos.

Además, apuesta a que el radicalismo no se desbande cuando el 27 de mayo se reúna la UCR en Parque Norte para definir su futuro electoral. Pensando en esa fecha, respiró la mesa chica de PRO con el resultado que consiguió Negri. Pero no será fácil la discusión. Los radicales llegarán a la Convención habiendo perdido la capital cordobesa y con chances de sufrir el desapoderamiento de las capitales de Entre Ríos, Santa Fe y La Pampa, esta última justo antes de la reunión, el próximo domingo. Ese vendaval electoral, por el que muchos responsabilizan a la crisis económica, hará para los radicales independentistas lo que no pudo Mestre. Pero aun así, el Gobierno confía en sus cartas. Cree que podrá inscribir a Macri como candidato y que será en el marco de un frente Cambiemos muy parecido al que conocemos.