Los organismos internacionales se han dado a la tarea de identificar hasta donde ha impactado el desempleo, y una cifra alarmante es sin duda la que presentó la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en la octava edición del observatorio de ese organismo: La Covid-19 y el mundo del trabajo, cuyas estimaciones prevén que en 2021 se perderá el equivalente a 125 millones de empleos, 25 millones de plazas más que el cálculo presentado en junio pasado, y una merma de 4.3% en las horas laboradas a nivel mundial.

Eso nos habla de una dimensión no antes vista, sobre todo porque la válvula de escape que significó el empleo informal también se vio afectada y de la misma manera ha tardado en recuperarse.

Aunque los datos apuntan a que ha empezado a recuperarse el mercado de trabajo, la mayoría de las veces se trata de un empleo sin un contrato, prestaciones sociales o salario digno, y ello, sin duda, elevará los niveles de informalidad en la región y se estima que alcancen nuevamente cifras superiores al 50% de la población ocupada.

Desafío y prioridades

El enorme reto de recuperar el empleo perdido después de la pandemia ha puesto a debatir a los sectores de empleadores, gobierno, sindicatos y académicos sobre la mejor manera de impulsar la inversión, de abrir oportunidades laborales, y si bien no es una tarea fácil, es importante experimentar las mejores opciones que no sólo atiendan a quienes perdieron su trabajo; sino a todos aquellos jóvenes que se están sumando a la fuerza laboral y que por primera vez percibirán un salario.

En 22 meses de pandemia hemos escuchado todo tipo de experiencias, de ajustes familiares para poder cumplir con los nuevos horarios, con las reuniones por Zoom e incluso para atender las clases en línea.

El futuro se transformó en una conversión que se esperaba se presentara dentro de 10 años a tan sólo 8 semanas y el mejor ejemplo son los supermercados, la telemedicina, el entretenimiento en línea o la educación en línea.

En entrevistas a mujeres de los sectores administrativos, turísticos o comerciales, es posible advertir que su principal problema se llama escuelas o estancias infantiles para poder dejar a sus hijos y retornar, en horarios completos, a sus actividades cotidianas; de ahí que las empresas deben plantearse la posibilidad de ofrecer nuevos esquemas laborales encaminados a responder las necesidades de esas mujeres que han abandonado su empleo.

A la vez, las compañías deberán experimentar nuevos horarios laborales, pues se ha dado un fenómeno, al menos en México, en el se ha solicitado a los trabajadores retornar a la oficina; pero ante la rigidez de permanecer 8 horas en el centro de trabajo y abandonar el modelo de trabajo en casa -mismo que quedó comprobado que se puede utilizar- han optado por renunciar a la compañía y buscar nuevas oportunidades con empresas que tengan como filosofía el Bienestar Laboral (equilibrio entre vida y trabajo).

La mujer bajo el "techo de cristal" y la sobrecarga de labor

Aunado a los dos aspectos antes señalados -apoyo a las mujeres trabajadoras y la flexibilidad laboral- se suma la capacitación. De acuerdo con estudios de compañías de Capital Humano, se estima que más del 54% de los empleados requerirán una significativa capacitación de habilidades, el 35% necesitará una formación de más de 6 meses, el 9% tendrá de 6 a 12 meses y el 10% más de un año, todo ello para poder hacerle frente al nuevo mercado laboral.

Es evidente que los gobiernos en América Latina enfrentan el desafío de apoyar el ingreso y la reinserción laboral y a la vez favorecer las condiciones para la creación de empleo decente, sobre todo entre las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), tal y como lo ha hecho público la CEPAL y la OIT, por lo que incluso en cada país se debe revisar la legislación, a fin de que a mediano plazo, se implementen reformas que permitan avanzar hacia mercados laborales más resilientes.

Asimismo, es de vital trascendencia tomar medidas de reactivación con programas para favorecer el paso de la informalidad a la formalidad laboral, junto a un rediseño de la protección social.

La tarea apenas está en proceso, el compromiso de los gobiernos y de las empresas debe ir en paralelo buscando las mejores alternativas de ampliar los espacios laborales, sin olvidar que las nuevas tecnologías y la innovación están cambiando el futuro del mundo del trabajo.

(*) Periodista, especialista en temas laborales en el Periódico El Economista de México