A pesar de saberse parte de las ciencias sociales, la economía intenta desde hace más de cien años convertirse en un ciencia empírica, natural, y olvidar para siempre las confusiones e incertezas que las ciencias humanas tienen para hacer predicciones. Para eso ha desarrollado hasta sus máximas posibilidades herramientas matemáticas para justificar ante lógicos y epistemólogos su lejanía con las ciencias del hombre, que frente a sus otras hermanas de las ciencias exactas, suelen comportarse caprichosamente y de manera poco previsible.

Pero, pese a los ingentes intentos de los economistas criollos de desligar sus pronósticos de la cercanía de las ciencias sociales, en un año electoral los analistas locales parecen cada vez mas enfrentados a una versión desdibujada de la metáfora del filosofo Walter Benjamin sobre el materialismo en su “Tesis sobre la filosofía de la historia”, donde se narra a un invencible autómata ajedrecista, quien derrota siempre a quien se atreva a competir con él en el juego. Pero el autómata es en realidad un fraude, que a través de un complicado juego de espejos, esconde bajo la mesa un enano experto en ajedrez que desde allí maneja a un muñeco vestido a la turca, con una pipa de agua en la boca y que estafa a los desprevenidos. Para Benjamin, acaso el pensador de izquierda mas crítico del marxismo en el siglo XX, el muñeco es el materialismo histórico y el enano, la teología.

Los rendimientos de las acciones pueden estar en modo “ Peronismo racional”, “ Kirchnerismo” o “Riesgo macrista”

Así las cosas, en 2019 nuestros economistas vernáculos aún siguen jugando al ajedrez con un títere, la economía, y no se han percatado aún que es el enano de la política quien guía las manos y cada una de las jugadas del muñeco turco.

Pero no todos son iguales, y algunos economistas de nuestro país, como los de las consultora Delphos, explicaron en un informe a los grandes inversores de Wall Street que para entender los rendimientos de los acciones de los bancos argentinos y saber si están caras o baratas hay que empezar a dividir los papeles en tres grandes grupos o rangos: uno llamado “ Peronismo racional”, donde sus retornos están en línea con lo observado entre 2013 y 2015; otro rango para los rendimientos posteriores a 2015 -“Rango macrismo”-, y otro para los de 2010-2013, el “Rango kirchnerismo”. Una forma acertada y novedosa de entender el mercado y, de una vez por todas, empezar a mirar a los ojos al enano de Benjamin y descartar al títere que durante tantos años confundió a propios y ajenos.

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