Los silencios de Elisa Carrió se están volviendo tan incómodos para el Gobierno como sus palabras. En momentos en que deben comenzar a buscar la "sintonía fina", Carrió aparece como una dirigente disruptiva que obliga a la Casa Rosada a mirar sobre su hombro. La decisión del Gobierno de bajar el tono indica que todavía rige el dogma de que la chaqueña "hace menos daño desde adentro que desde afuera".

No todos están convencidos de eso. Uno de los ministros que fue blanco de sus ataques en secuencia, Germán Garavano, leyó las declaraciones de Carrió en las que planteaba que no le importaba qué dijera el Presidente sobre el nuevo reglamento de uso de armas. Miró cuidadosamente los tuits de la líder de la Coalición Cívica desautorizando la bolsonarización de la seguridad y la crítica frontal no sólo contra Patricia Bullrich sino directamente contra el jefe de Estado.

"¿Te das cuenta de que no soy yo, que sos vos, ¿no?", le dijo por teléfono al Presidente para tratar de convencerlo de que todos los ataques a los funcionarios eran, en última instancia, una crítica para lesionar la autoridad presidencial.

El "regreso" de Marcos

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, se reinstaló con fuerza en el marco de las deliberaciones y bilaterales del G20. Estuvo en todas las audiencias importantes aunque siguió con bajo perfil con las declaraciones. "Volvió Marcos", comentaban. Claro que es una conclusión un poco forzada.El funcionario nunca perdió la confianza del Presidente, ni aún cuando la gobernadora María Eugenia Vidal le sugirió al propio Macri que era un obstáculo para la consolidación de Cambiemos y para la estrategia de cara a las elecciones de 2019, que la mandataria bonaerense observa más como de apertura hacia sectores del peronismo que como una repetición del cierre de la coalición con la UCR y la CC.

Por cierto, las refriegas verbales con Carrió volvieron a colocar en segundo plano la disputa que se viene espiralizando con el radicalismo. El sector institucional de la UCR está molesto por la escasa gravitación que tuvo, tiene y ¿tendrá? en el armado de la estrategia electoral y en el elenco ministerial.

Si bien esa es la línea partidaria, no todos los radicales piensan lo mismo. "Acá no se trata de poner ministros sino de acumular poder. Y eso lo tenés a través de la cantidad de legisladores y de intendentes. En ese cálculo, pensar en irse de Cambiemos es una locura", razona un dirigente de la UCR dialoguista que tiene en su haber varios años de funcionario público.

¿Por qué el radicalismo habría de definir ahora dejar Cambiemos cuando el escenario para 2019 es tan incierto? "Primero hay que ver si se arma el peronismo, y cómo se arma. A la UCR le sirve ir con el oficialismo y volver a sumar puestos institucionales. ¿Por qué vas a dejar un equipo que no ha sido derrotado?" Ese razonamiento sigue dominando.