El nuevo "triángulo de hierro" para llegar al 27
La gobernabilidad, precisamente, aparece como la variable crítica cuando falta apenas una semana para las elecciones de medio término. En los últimos seis meses la gestión de Milei destruyó los pocos y frágiles puentes políticos que había construido
La semana que pasó tuvo un protagonista excluyente e inesperado: Estados Unidos. No solo por su peso político sino también por su incidencia directa en la dinámica económica argentina. La visita del presidente Javier Milei a la Casa Blanca y las declaraciones formuladas por Donald Trump marcaron un punto de inflexión. El mandatario hizo un extenso discurso en el cual vinculó explícitamente el apoyo económico de su país al resultado electoral argentino, en un gesto poco habitual para la diplomacia estadounidense.
A eso se sumó una serie de mensajes de funcionarios encabezados por Scott Bessent, quien pasó de la retórica a la acción y ordenó intervenir en el mercado cambiario argentino para intentar contener la volatilidad del dólar. La señal fue clara: Washington no quiere un escenario de desestabilización antes de los comicios legislativos, pero maarcó condicionamientos.
De qué 27 estamos hablandoLa confusión electoral de Trump pone en escena que hay dos 27 con un peso político central. El 27 de octubre, día después de los comicios legislativos, la economía y la política marcarán la dinámica de la seguda mitad del Gobierno nacional. Y allí se pone en juego el 27 nodal: 2027, año de las elecciones presidenciales. Asoma, entonces, la necesidad de que se consolide un nuevo esquema de gestión.
Un nuevo "triángulo de hierro" emerge con urgencia: macroeconomía, microeconomía y gobernabilidad. Más o menos explícitamente, todos los actores relevantes del poder están girando alrededor de esas tres patas. La macroeconomía mostró sus límites y sus debilidades en las presiones preelectorales.
La microeconomía viene avisando desde hace varios meses con números en rojo que la caída del consumo, el desempleo, la pérdida de poder adquisitivo, la acumulación de deudas y el temor por los ingresos tanto personales como familiares están al tope de las preocupaciones. Y la gobernabilidad fue mentada tanto por figuras de peso en el exterior (el FMI, el Tesoro de Estados Unidos) como por funcionarios y aliados locales, como Santiago Caputo y Mauricio Macri.
Es un reclamo que desde el Congreso viene repitiéndose en distintas voces, incluso desde espacios como Encuentro Federal y Provincias Unidas. Vale recordar la frase que Miguel Pichetto le dijo al presidente de Diputados, Martín Menem, al inicio del gobierno libertario, en una sesión de febrero de 2024: "Al oficialismo le pedimos que tenga un poco de flexibilidad. Traten de receptar algunas propuestas. Hay que ganar, les encanta seguir perdiendo...".
Pichetto forma parte actualmente de ese bloque que busca posicionarse como tercera vía legislativa, capaz de inclinar la balanza a favor o en contra del oficialismo. Pero no es el único actor con tensiones internas: el PRO también quedó fragmentado tras el armado electoral y el radicalismo exhibe una fuerte grieta entre la conducción de Martín Lousteau y la mayoría de los gobernadores y de los legisladores de su propio espacio.
El interrogante central es, entonces, con quién construirá gobernabilidad Milei. En el cortísimo plazo restan apenas cinco ruedas financieras antes de las elecciones, pero en el horizonte quedan veintiséis meses de gestión, una economía que aún busca su piso y una sociedad cada vez más preocupada por el deterioro de sus ingresos, menos identificada con las figuras políticas, más impaciente y más urgida de respuestas concretas.
La economía no espera y la paciencia social tiene un límite que se mide, cada vez más, en el bolsillo.
