Oportunamente en "El precio de los alimentos en una economía orientada a la producción" (BAE Negocios, 4-03-19), sostuvimos que "la ganadería -como explotación comercial- tiene tal magnitud en nuestro país que algunos académicos afirman que su historia es la de Argentina".

Agregábamos que "su importancia se verifica en que después del alza del precio del dólar y de los combustibles, el aumento de la carne es el que más impacto tiene en la vida comunitaria y familiar".

Esto se expresa en el viejo adagio: "Aumenta la carne y aumenta todo". Aunque ese "todo" refiera al costo de los alimentos.

Pasábamos, luego, a una somera caracterización del mercado interno que conserva vigencia, los sectores de alto y medio poder adquisitivo consumen el animal liviano (ternera, vaquillona y novillito) mientras que los restaurantes orientados al turismo y otros demandantes sofisticados adquieren el novillo pesado de exportación, pero los sectores populares complementan con el novillo su principal ingesta: la "vaca buena".

Pues bien, cuando durante la gestión de Cambiemos esa categoría de vacuno comenzó a ser masivamente exportada (especialmente desde la incorporación de la República Popular China como comprador relevante) su inevitable consecuencia fue que la satisfacción de la demanda externa se realizó a expensas de contraer la doméstica vía el aumento de los precios internos.

Ahora bien, estos precios continúan aumentando y el actual oficialismo intenta resolver el problema con una suspensión de la exportación de carne bovina por treinta días. Medida que, por cierto, parece no haber sido analizada en profundidad ni mensurados los impactos que podría acarrear en los distintos y diversos eslabones que componen su cadena de producción y comercialización.

Los cambios estructurales

Cómo son los precios mínimos del "novillito", de la "vaca buena" y el consumo per cápita argentino en una serie de tiempo:

En el período 2013-2017 (considerando las apreciaciones del dólar con respecto al peso de 2014-2016) el precio del "novillito" se incrementó un 287%, mientras que el de la "vaca buena" lo hizo un 274%.

Sin embargo, esta paridad entre las categorías analizadas se modifica drásticamente a partir del 2017, coincidente con el inicio de las exportaciones a China, incrementándose en los siguientes tres años un 197% y un 334%, respectivamente.

Esto tiene un profundo impacto en el consumo poblacional, ya que los sectores de alto nivel adquisitivo no lo modificaron pero los medios y bajos prácticamente lo han reducido a la mínima expresión.

En este marco, la ingesta de carne vacuna promedio disminuyó desde los 67,2 kilos por año de 2009 hasta los 50,2 kilos por año de 2020, lo que represento una caída del 25,3%.

A su vez, recientes estimaciones para abril de 2021 la ubican en 44,7 kilos por año, transformándose en el consumo más bajo de las últimas décadas.

Va de suyo que en tiempos de auge de los conceptos sanitarios resulta de sentido común que la caída del consumo de uno de los productos claves en la alimentación (proteína animal) de nuestro pueblo podría atentar (salvo una correcta sustitución) contra la salud colectiva.

Las penas son de nosotros, las vaquitas

Existen decisiones tanto en la vida de las naciones como en la de las familias que una vez tomadas resultan irreversibles y sus consecuencias nos acompañarán de allí en más.

La apertura de la comercialización de carne bovina al mercado de China se inscribe en esa "categoría".

Citando al papa Francisco, en la segunda parte de "Respirar y también comer" (BAE Negocios, 19/04/2021) decíamos: "Es necesario un esquema mental capaz de unir tensiones y encontrar salidas superadoras a los dilemas que enfrenta una nación en su búsqueda de ser".

Es por ello que se deben recuperar las proporciones de una sana ingesta de carne vacuna en todos los estratos poblacionales que lo deseen y, a su vez, sostener los nuevos mercados de exportación alcanzados.

Esta doble direccionalidad solo se podrá lograr con un incremento en la producción, resultante de un accionar enmarcado en la necesidad de declarar la ganadería bovina "sector prioritario de la economía argentina".

El consenso alcanzado permitirá en tractos sucesivos:

  • El fortalecimiento del proceso en ciernes de expansión de la frontera pecuaria -externalidad positiva de la predominancia de los granos y oleaginosas en la Pampa húmeda (1)- debe continuarse con la creciente mejora en las pasturas (2) y con la innovación productiva generada a partir de la utilización de "tecnologías convenientes" (3),
  • Un sistema de oferta de créditos ad hoc que fomente la inversión en el sector y que facilite el desarrollo de un mercado de capitales tanto spot como de futuros.
  •  El esfuerzo sistémico y mancomunado del sector público y de los distintos integrantes de la cadena de valor tendiente a garantizar los objetivos propuestos a partir de una correcta integración del precio del animal -desde el kilo vivo hasta el mostrador- entre los cuartos delanteros y traseros en los diversos mercados.

Finalmente, una vez más encontramos en la sabiduría de Su Santidad al proclamar que "la unidad prevalece sobre el conflicto" la clave que permita la resolución de la problemática descripta y aporte una línea de acción, al interior de un Modelo de Desarrollo Permanente y Sustentable (Modepys) con orientación a la producción.

* Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challú y Lic. Walter Romero

Agradecemos la participación de Marcos von Ifflinger

Podcast: Locución: Iván Zimberlin 

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