Hace un año, conmemorando para esta misma fecha el Día de la Industria, destacábamos la importancia y capacidad de respuesta de nuestra industria manufacturera ante los desafíos que nos impuso el COVID para atender la salud de los argentinos. Y lo hacíamos poniendo en valor no solo la forma en que nuestros industriales y trabajadores -el centro y sujeto histórico de nuestro trabajo- organizaron sus procesos y protocolos para operar e incrementar la producción en medio de la emergencia sanitaria, destacando también que lo hacían arrastrando aún las consecuencias de una crisis industrial sin precedentes, provocada por el gobierno anterior.

Y no fue un proceso de desindustrialización más. Fue uno de los más graves de la historia económica argentina. Entre 2016 y 2019 Argentina fue uno de los países que más se desindustrializó. El producto industrial se contrajo 13,5% en ese período, con todos los sectores achicando su nivel de producción. El PBI industrial per cápita retrocedió 17,5%, se perdieron 144.000 puestos de trabajo formales y el 8,4% de las industrias cerraron. A todo aquel que producía algo en Argentina le fue mal.

Hoy podemos celebrar el Día de la Industria iniciando una nueva etapa. La etapa que deja atrás esta doble crisis. La industria se muestra hoy en recuperación: creció 4,6% en la primera mitad de 2021 con respecto al mismo período de 2019, ya empieza a alcanzar el nivel de producción que había en 2018 y el empleo industrial muestra 12 meses consecutivos de expansión. La industria argentina generó más de 33 mil puestos de trabajo entre diciembre 2019 y abril 2021. En junio, 13 de los 16 sectores industriales operaron por encima de los niveles de 2019. El incremento en el uso de la capacidad instalada da pie a un aumento de la inversión bruta fija industrial. Nuestros industriales vuelven a producir e invertir en sus plantas.

Estos resultados no son obra de la providencia, sino de la decisión política del gobierno del Presidente Alberto Fernández de tener más y mejor industria. Revertir el proceso de desindustrialización provocado por el gobierno anterior en el marco de los desafíos y restricciones del entorno pandémico es fruto de la política industrial activa, abierta y consensuada que hoy se despliega. La etapa que en este día de la industria celebramos inaugurar es la de los compromisos entre industriales, trabajadores y Estado para cuidar la política industrial que da resultados, mira al futuro, genera trabajo y nos dignifica.

Y esta enunciación no es caprichosa, sino que se sostiene en un trabajo diario y en el despliegue de herramientas y recursos para que sea realidad efectiva. El presupuesto ejecutado en política industrial liderada por el Ministro Matías Kulfas fue de $141.418 millones en 2020, 20 veces más que en 2019. Desde el inicio de mandato se ha desplegado una política industrial donde el financiamiento productivo de capital de trabajo e inversión ha ocupado un lugar preponderante después de años de convivencia con tasas de interés que impedían cualquier desarrollo productivo; en apenas 18 meses el apoyo financiero a PyMES fue superior a $200.000 millones con el apoyo del FONDEP y el FOGAR. A su vez, se desplegaron herramientas como el Programa Nacional de Desarrollo de Proveedores, el Programa Nacional de Parques Industriales y se bajaron los derechos de exportación y subieron reintegros a los bienes industriales bajo un esquema de mayor incentivo a mayor agregación de valor. En pos de promover el empleo de calidad en las economías regionales se recuperó una política de incentivos federales en materia de contribuciones patronales con el Régimen de Promoción de Generación de Empleo en el Norte Grande, el Programa Federal de Fortalecimiento de la Reactivación Productiva (ya lanzado en Mendoza, Entre Ríos y San Juan). Se profundizó el incentivo a la demanda de bienes de producción nacional con la ampliación del programa Ahora 12 y el despliegue de herramientas sectoriales.

La administración del comercio orientada a tener una inserción efectiva de nuestra industria en el mundo hoy exhibe un incremento de las exportaciones y de las importaciones industriales; a su vez, en la canasta de lo que compramos al mundo el 85% corresponde a bienes de capital, piezas, partes y bienes intermedios que fortalecen nuestra producción industrial. No hay velo ideológico en este camino; somos pragmáticos. No estamos enamorados de los instrumentos (apertura – protección), nuestro foco es consolidar el desarrollo productivo del país: una inserción inteligente de nuestra industria en el mundo. Venderle más y comprarle más al mundo para producir y generar trabajo.

Se sancionó la Ley de Economía del Conocimiento, mejorando las condiciones de competitividad y oportunidades de desarrollo de uno de los sectores con mayor potencial de dinamismo en materia de empleo de calidad y exportaciones. Asimismo, porque hablar de industria es hablar de futuro, estamos trabajando en el nuevo paradigma de movilidad con nuestra industria automotriz. Y se puso un pie fundamental en la discusión de la sostenibilidad industrial y futuro de nuestra industria con el Plan de Desarrollo Productivo Verde.

Este despliegue no es unilateral, sino que se calibra en permanente contacto, dialogo y acompañamiento a nuestros industriales y trabajadores. La semana pasada, en el 1er Congreso de la Producción y el Trabajo, se sellaron los compromisos con cámaras empresarias y sindicatos industriales de esta nueva etapa. Este Congreso recogió consensos y compromisos de industriales, trabajadores y Estado alcanzados en 16 mesas sectoriales del Acuerdo Económico y Social con distintas cadenas de valor industriales (que serán 21 para fines de este año), las cuales cuentan con la participación de 72 cámaras y 28 sindicatos. Desde 2020 se celebraron 89 encuentros (entre plenarios y técnicos) en los que se calibraron medidas, y se definió la dirección estratégica consensuada para cada sector.

Celebramos un nuevo día de la industria con la convicción de que estamos transitando el camino correcto. Abriendo una nueva etapa con la producción y el trabajo en el centro; porque está en nuestro ADN no solo de industrialistas sino también de peronistas, de honrar el mandato basal de que gobernar es crear trabajo. Y es nuestra industria la que crea empleos de mayor calidad y mejor remunerados. Es la que más invierte en innovar, desarrollar y adecuar tecnologías. La que da oportunidades a nuestros jóvenes. Nuestra industria es la llave de un futuro en el tablero internacional ocupando el lugar que nos pertenece. Cuidarla, empoderarla y fortalecerla es nuestra misión.

Y una vez más afirmamos, como lo sostuvimos el año pasado, que “Con Industria Hay Nación”.

*Secretario de Industria, Economía del Conocimiento y Gestión Comercial Externa