"La verdad no está en un sueño sino en muchos sueños"

Pier Paolo Pasolini

Durante muchos años, la medicina no se dedicó a estudiar el sueño. El tiempo de dormir no es solo reposo sino que también implica actividad cognitiva de reforzamiento, como por ejemplo la memoria. Se generan además procesos de limpieza de detritus como consecuencia del alto consumo metabólico del cerebro, activándose un sistema llamado glinfático, en donde se produce un incremento del espacio intercelular removiendo las proteínas patológicas.

El sueño representa un tercio de la vida. Si viviéramos 90 años, aproximadamente 30 los habríamos pasado durmiendo. En realidad, solo vivimos 60 años conscientes de nuestra existencia, o por lo menos en vigilia.

El sueño es parte de un sinnúmero de ritmos biológicos que tiene nuestro cuerpo y, por supuesto, también nuestro cerebro. Uno de estos ciclos es el ritmo entre sueño y vigilia, que se repite día tras día y solo se pierde si la persona se encuentra en coma, momento en que el cerebro disminuye su actividad.

El dormir es, entonces, una función activa en la cual el cerebro va cambiando sus funciones, ya que, si bien existen partes del sueño en las que el cerebro funciona menos que en la vigilia, hay otras en las que se produce un mayor consumo de glucosa y, por ende, una mayor actividad. Esto muestra que el sistema nervioso está trabajando y generando muchas tareas, como por ejemplo soñar o mejorar el rendimiento cognitivo.

Así las cosas, el sueño no es un factor que hoy se pueda olvidar. Es una función fisiológica clave y activa para el cuerpo que genera un conjunto de trabajos vitales. Además, el sueño tiene ciclos que se repiten entre cuatro y seis veces durante cada noche. Cada uno de estos ciclos está compuesto por cuatro etapas (llamadas 1, 2, 3, 4) y el sueño de movimiento oculares rápidos (MOR), que son muy disímiles.

Este sueño MOR es el que más trabajo cerebral genera y conlleva más consumo de glucosa, así como también gran actividad eléctrica. Allí se presentan los sueños vívidos y se produce el borrado de la memoria que no debe acumularse y se guarda lo que debemos recordar. Entonces, para olvidar, necesitamos dormir y mucha energía.

Es decir, el olvido de las cuestiones poco importantes se produce durante la noche. Este proceso es complejo y en él se reduce el recuerdo a muy pocas cosas, que son a las que le damos una impronta emocional, sea esta positiva o negativa.

Así, si debemos rendir un examen, es mejor que durmamos un período de sueño entero (que dura aproximadamente una hora), en el cual produciremos un reforzamiento de lo estudiado (siempre y cuando le hayamos dado la ansiedad suficiente). Es decir, le indicamos a nuestro cerebro que esa circunstancia representa una situación importante.

Por otro lado, como en ese momento de sueño activo es cuando tenemos los sueños más reales, entonces podríamos movernos mucho. Por eso, el sistema nervioso genera una falta de tono muscular en todo el cuerpo, para que no podamos actuar nuestros sueños y desencadenar muchos problemas, tanto para nosotros como para nuestro entorno, como consecuencia de vivenciarlos.

Solo dos músculos se mantienen activos: el diafragma, para respirar (lo cual no podemos dejar de hacer), y los músculos de los huesecillos del oído, para despertarnos ante un peligro (un claro mecanismo de protección darwiniana).

Existe otro soñar que se produce en el dormir menos activo (etapas 1, 2, 3 y 4) que, sin embargo, al haber tono muscular lleva a movernos y a hacer conocer a otras personas que estamos soñando: su máxima expresión es el sonambulismo.

Michael Czisch, del Instituto de Psiquiatría Max Planck, realizó un estudio con resonancia funcional entre personas que recuerdan los sueños (llamados soñadores lúcidos) y observó que se encienden las mismas áreas cerebrales cuando el individuo se mueve que cuando sueña el movimiento. Concluye, entonces, que los sueños no son un "cine de sueño" en el que solamente observamos un evento en forma pasiva sino que implica actividad en las regiones del cerebro que son relevantes para el contenido de los mismos.

El sueño tiene muchas cosas por decir y, aunque en el comienzo de la ciencia parecía olvidado, hoy ya sabemos que ocupa un gran espacio de nuestra vida. Con el multiestímulo actual, las sociedades han disminuido la cantidad de horas de descanso, siendo necesarias ocho horas diarias. Asimismo, muchos grupos urbanos duermen hoy menos de seis horas, produciendo importantes problemas de salud tanto física como mental.

*Decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA 

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