La empresa que se quede quieta frente al tsunami tecnológico que impone la pandemia a nivel mundial, corre riesgo real de quebrar, aún si la crisis argentina no la puso patas para arriba con la brecha cambiaria, las nuevas medidas económicas que el mercado no bancó a fondo o las restricciones que imponen necesariamente los protocolos sanitarios. Ya hay compañías que se rearman y eso ocurre en todos los sectores porque si hay algo que el Covid-19  demostró es que el mundo continuó funcionando con el trabajo a distancia, aún en la Argentina del presidente Alberto Fernández hoy atravesada por múltiples factores que le ponen incertidumbre por lo que vendrá.

En  esa dirección van automotrices, industrias en general, empresas de servicios públicos y  las tecnológicas por supuesto que ya programan tareas a distancia en un 40% y hasta 60% de sus staffs, especialmente en las áreas administrativas. Eso generaría un fuerte reacomodamiento de costos operativos e incluso inmobiliarios.

También los comercios y las grandes cadenas van cediendo a las nuevas tendencias internacionales de la digitalización. Una encuesta de la consultora KPMG que buscó medir el pulso del nuevo consumidor en 12 países (Australia, Brasil, Canadá, China –tanto continental, como Hong Kong, Francia, Alemania, Italia, Japón, España, Reino Unido y Estados Unidos) reveló que hay un nuevo consumidor con “sabiduría digital” que aplaza sus consumos no escenciales y que “ puede interactuar con las organizaciones a través de canales digitales con mucha más facilidad” y que además le compran a las organizaciones en las que confían.

Por ejemplo, sólo en Brasil “el 68% de los encuestados aseguró que focalizan sus compras en la confianza que les inspira una marca”. Otro dato demoledor de ese sondeo: sólo el 9% de los más de 70.000 entrevistados cree que seguirá usando efectivo para comprar.  Claro que se trata de economías mucho más bancarizadas que la Argentina, que saldría de la crisis de la pandemia con más de la mitad de sus trabajadores inmersos en el sistema informal; hoy ya representan más del 40% de la fuerza laboral de acuerdo con datos que manejan en la CGT.

Obras públicas y elecciones 2021

En cualquier caso, son tendencias globales de un mundo que cambia vertiginosamente al compás de la pandemia. Y la Argentina si quiere atraer inversiones, que este año se desplomarían un 25% en relación al PBI según proyecciones  de consultoras privadas, tendrá que tener un antídoto propio para seducir. El Gobierno le apuesta, en medio de la crisis, a la inversión pública y el empesariado se mueve en modo defensivo.

El Gobierno tiene sus cañones apuntados a la obra pública que inyectaría empleo directo e indirecto en el 2021. Se espera una línea del Banco  Mundial y le daría aire también a los gobernadores y sus obras prometidas pero demoradas por el Covid-19. Todo eso en un año electoral pero también en un 2021 que cargará sobre sus espaldas una mochila extra respecto del desempleo. ¿Se vio lo peor de la crisis en materia de empleo? Lamentablemente, pareciera que no. Hay pérdidas de puestos de trabajo vinculados con quiebras o cierres de pymes pero en realidad en las grandes empresas en términos generales sostienen las plantillas por los DNU que así lo disponen hasta diciembre próximo.

Sólo hay un sector que suma nuevos puestos de trabajo: las tecnológicas y la industria del conocimiento. Sin embargo, allí las compañías denuncian mayor incertidumbre porque no coinciden con los lineamientos generales de la ley de teletrabajo ni de la nueva normativa para la industria del conocimiento. Entidades empresarias como la Cámara de Comercio, Argencon, IDEA, la UIA cuestionaron la letra chica porque denuncian un avance en las regulaciones o controles que consideran innecesarios y a contramano de otras legislaciones similares en países de la región.

Las empresas se muestran hoy en estado defensivo porque ven contradicciones en la política y un rumbo económico poco empático con el sector privado. Es más preocupan, como quedó demostrado en el virtual 56 Coloquio de IDEA de la semana pasada, el intento del sector público por avanzar con empresas propias en sectores netamente privados. Para el Gobierno, en cambio, la regulación y el control es una necesidad intrínseca a su objetivo de buscar más equidad, incluso post pandemia. Es un objetivo compartido por todos los actores pero no hay casi ninguna coincidencia en el modo de hacerlo.

Los dólares del campo, el menú tradicional

Con todo y aunque ueste creerlo en medio de tamaña crisis, hay ingredientes favorables para el menú nacional. Por ejemplo, los precios de las materias primas serán favorables y generarán dólares. Pero la Argentina necesita aumentar sus ventas internacionales y para eso tiene que sumar alianzas y  volumen productivo con estímulos que, hasta hoy, el campo no ve. El plan agroindustrial sigue sumando reuniones y apoyos políticos como el del mismísimo titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, pero en la vida real es aun una promesa. 

En el día a día, la baja transitoria de las retenciones a las exportaciones del agro no desempolvan los 4.200 millones de dólares que proyectó recibir el Gobierno. Además, Brasil, el principal socio comercial argentino, podría recortar este año su caída económica a sólo el 5% pero las relaciones políticas están en uno de los peores momentos y nadie parece amagar un centro.

Por el contrario, la alianza estratégica de Brasil con los Estados Unidos se muestra sólida y sería la más fuerte en la historia latinoamericana, incluso podría permanecer más allá de los resultados electorales de noviembre en EE.UU. Desde la perspectiva empresaria, resulta clave la lectura política que haga el Gobierno de la situación actual y la delicada frontera entre la regulación y los que las compañías vislumbran como el control abusivo del Estado.

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Alejandra Gallo

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