Recientemente el Presidente Alberto Fernández expresó su pesar por la constante búsqueda de dólares por parte de los argentinos y no fue el único funcionario de este gobierno ni de muchos otros anteriores que manifestaron lo mismo. Efectivamente, los argentinos principalmente ahorramos en dólares, pensamos en dólares y deseamos siempre comprar dólares, casi a cualquier precio.

¿Por qué actuamos así?

Motivos no nos faltan, venimos de una larga historia de inflación, hiperinflación, cambios de moneda y otros tantos eventos contra nuestra propia divisa. Tanto en 2018 como en 2019 el atesoramiento de dólares fue una de las pocas reservas de valor que encontró quien tenía un excedente de capital. Durante 2019 el precio del Dólar MEP – ese que se obtiene a través de la compra y venta inmediata de bonos – subió 87% para terminar en torno a los $72. En 2018 el Dólar había subido más aún.

Mientras tanto, el año pasado el valor de las propiedades bajó, los Plazos Fijos perdieron contra la inflación y la inflación contra el dólar, por lo que también los Plazo Fijo UVA, el mercado accionario tuvo en promedio un resultado tibio, los bonos fueron fuertemente castigados y las Letras del Tesoro – el instrumento más conservador que ofrece el mercado – terminaron siendo reperfiladas (incluso re-reperfiladas para el caso de las Letes).

Los argentinos diariamente, respecto al dólar, nos enfrentamos a una situación descripta en la Teoría del Juego como el Dilema del Prisionero. En ella, cada uno de los participantes del juego (en este caso, los ahorristas e inversores), actuando egoístamente hacen que el resultado combinado de todos los participantes sea peor que uno coordinado, con el acuerdo entre todos.

En el Dilema del Prisionero cada participante actúa no sólo maximizando su resultado, sino especialmente, cuidándose de lo que los otros puedan hacerle. Eso es precisamente lo que cada día decidimos los argentinos: compramos Dólares por las dudas, para cuidarnos, aunque ayer ese precio nos había parecido caro.

“El dinero es cobarde” es una frase que escuché. Pero, ¿podemos culparlo? ¿Quién está de acuerdo con poner en riesgo el capital que tanto trabajo y tiempo le ha costado conseguir? ¿Quién en un contexto en el que muy probablemente sea necesario acudir a un ingreso extra para poder pasar una vejez tranquila? Cada uno, cuidando su propio capital, elige comprar Dólares.

¿Cómo salimos de esto?

La respuesta es sencilla, pero lograrla es complejo: los argentinos tenemos que creernos que, en el futuro, el Dólar va a dejar de ser el mejor método para ahorrar.

No hace tanto, algunos lo creímos. Eso fue llamado “carry trade”. Durante 2016 y 2017 las Letras del Banco Central, las Lebacs, fueron uno de los principales instrumento de inversión y le ganaron tanto al Dólar como a la inflación. Eran en Pesos, y tanto convencían al público que hasta hubo miles de millones de Dólares que ingresaron del exterior para invertir en Pesos en este instrumento. ¡Gente que vendía Dólares para invertir en Pesos!

¿Estoy abogando por el regreso de estas letras?

Para nada. Lo que estoy haciendo es contando una experiencia en Argentina, reciente, en la que creímos que el peso era mejor que el Dólar. Otro ejemplo: durante la década del 90 muchos nos animamos a guardar pesos sin problema. ¿Recuerdan cuál era la inflación en esa época? Los ayudo, de 1996 a 2001 no hubo un solo año en el que la inflación llegue siquiera al 1% anual.

El camino largo que hay que transitar es el de la confianza, que se construye haciendo las cosas bien durante mucho tiempo. Será muy difícil que atesoremos pesos en la medida que la inflación no esté controlada por un período de tiempo que resulte creíble que seguirá estando bajo control, y en tanto no haya tasas reales positivas en Pesos.

*Gerente de Research de InvertirOnline