Pocas figuras han abierto las puertas a miles de mujeres para introducirlas a la política en la historia de la Argentina como lo hizo Eva Perón.

A aquellas mujeres, siempre madres, siempre hijas, siempre hermanas, pero nunca ciudadanas sujetas de derechos las abrazó y les brindó las herramientas necesarias para disputar, discutir y posicionarlas a la par de los hombres en la vida política, que no es más que el hogar de todos y todas las ciudadanas del país.

Habilitó otros modelos de mujer y rompió con los mandatos que les eran impuestos, por eso su figura fue odiada o amada según la clase social desde donde la observemos.

En esa Argentina nadie esperaba, de la esposa del Presidente, ese espíritu rebelde e irreverente que “ensució” la imagen limpia e inmutable de la Primera Dama para convertirse la líder espiritual de los y las trabajadoras y en Evita, abanderada de los y las que no tenían voz.

"Hermanas"

 

Evita fomentaba un diálogo horizontal con las mujeres, las llamaba “hermanas mías” antes de que existiera el término sororidad que hoy tanto utilizamos desde el feminismo popular. Solo basta emocionarse con el documental de “Las muchachas” donde se puede ver el calor revolucionario de aquellas pioneras justicialistas: el amor hecho política.

Gracias a su trabajo inmensurable, la situación política de la mujer cambió notablemente durante el primer gobierno peronista. Podemos mencionar tres hechos esenciales: el primero fue la aprobación de la Ley de Sufragio Femenino en 1947, con la consecuente oportunidad de que las mujeres votaran y fuesen votadas; el segundo, la creación del Partido Peronista Femenino en 1949; el tercero, pero no de menor importancia, fue la Fundación Evita que a su vez creó hogares, escuelas, hospitales y la famosa Escuela de Enfermera.

Delegadas y subdelegadas

También podemos ejemplificarlo con la patriada que realizaron las delegadas y subdelegadas de Eva en cada provincia, organizando así a las mujeres, en su mayoría del sector obrero y doméstico para activar su participación y gestar así una organización fuerte que cambiaría para siempre el futuro de las mujeres. Cabe destacar que, de esta organización, en 1951 las mujeres lograron ocupar lugares en las listas de legisladores resultando electas 23 diputadas y seis senadoras nacionales. Y para comprender aún más el nivel de relevancia en ese contexto, solo recién en 1999, y gracias a la ley de cupo, se pudo volver al número de mujeres legisladoras al que se había llegado en su momento.

Volviendo al eje del mundo de las relaciones laborales, su mirada siempre estuvo orientada hacia la protección del trabajo y las mujeres; bastan los relatos en que ofició de nexo en los gremios o de su participación en negociaciones colectivas de trabajo mediando en la resolución de conflictos con la patronal, siempre con la bandera que la caracterizaba “donde existe una necesidad, nace un derecho”.

Cada uno de estos lugares y cada uno de estos hechos permitieron el encuentro colectivo de mujeres trabajando para mujeres, ampliando el campo de lo posible en sus vidas: ampliando derechos políticos, sociales, culturales y laborales.

Estos lugares y hechos, constituyen los pilares para pensar hoy en las luchas ganadas en este último tiempo, sólo para mencionar algunos ejemplos: Ley de Protección integral a las Mujeres, Ley de Paridad de Género en el Código Nacional Electoral, Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares, Ley Micaela, moratorias previsionales y reconocimiento del Trabajo de Cuidado, Ley 27850 sobre la eliminación de la violencia y acoso en el mundo del trabajo (ratificación del convenio 190 de la OIT) y la Ley de promoción del acceso al empleo formal para personas travestis, transexuales y transgénero, entre otras.

Por siempre, para siempre

Eva Perón visita la Cristalería Rigolleau en Berazategui (1946) gentileza Museo del Vidrio

Es por esto, que retomar la historia, el compromiso y la lucha de Eva Perón se vuelven en una responsabilidad de todas aquellas que hoy encontramos en distintos espacios de militancia en el mundo del trabajo para seguir avanzando en la ampliación de derechos laborales desde una perspectiva de género y diversidad pluricultural. A su vez, así como recordamos y levantamos la bandera de Evita, también nos debemos la tarea de visibilizar las historias de cada mujer trabajadora que aún sigue oculta; las María Roldán o las Isabel “Chavela” Molina de cada fábrica del pasado hasta la actualidad.

Evita nos deja el legado y obligación de construir nuestro destino político y como escribía en Mi mensaje: ”¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos! Todo lo demás es cuestión de enfrentar al destino.”

Es con nosotras y es con Eva Perón por siempre.

Ornella Risso
 

(*) Licenciada en Relaciones del Trabajo. Facultad de Ciencias Sociales, UBA