Al gobierno le restan 550 días de gestión. Ya consumió 911, sin pena ni gloria. Sin resultados significativos ni proyección de futuro.  No hay épica en lo que se hizo, tampoco en lo que se aspira a hacer. Hasta las realizaciones más concretas caen en los avatares de una administración a la deriva. Cada tanto el presidente sale del país, vaya a saber si imaginando que a su regreso algo cambiará para bien. Nunca ocurrió y no hay motivo para sospechar que su estadía en la Cumbre de las Américas en EEUU tenga un resultado distinto.

Alberto Fernández debería entender que no se puede desperdiciar más de un año que le queda a su gestión. Necesita aprovechar alguna de las fechas que nos encuentran unidos a los argentinos (20 de junio, 9 de julio o 17 de agosto) para relanzar el gobierno.

Ya no sirve el Consejo Económico Social, transitando irremediablemente al baúl de los artefactos en desuso. Tampoco los acuerdos en el Congreso donde los debates han bajado su nivel hasta reducirlo a un anticipo de la disputa electoral del 2023. Los grandes empresarios muestran una gran impotencia por desarrollar una propuesta, más allá de reiterar la cantinela de bajar el gasto público y la clase trabajadora hace tiempo que no plantea los lineamientos programáticos para una recuperación nacional vigorosa. El gobierno tendrá que convocar a una multisectorial con objetivos precisos. 
Un posible orden del día para debatir, proponer y consensuar; sería el siguiente:
1.- Elevación social hasta erradicar la pobreza y la indigencia. No hay siglo XXI con estos niveles  de exclusión, injusticia y desigualdad.
2.- Recuperación del Ingreso de asalariados, jubilados y receptores de planes sociales, potenciando el mercado interno, estimulando la inversión y la creación de empleo.
3.- Una Reforma Integral del Estado para retomar dos capacidades que se perdieron en las últimas décadas: a.- De planificar democrática y estratégicamente; y b.- Saber ejecutar las tareas indispensables  para el desarrollo integral de  la Nación.
4.- Re-localización de los ingresos fiscales, cambiando el foco tributario; bajando los impuestos al trabajo, la inversión y el consumo; al tiempo de recuperar las grandes rentas de la Nación, apropiadas indebidamente por una minoría oligárquica nativa y extranjera. 
4.- Equilibrio fiscal y macroeconomía del desarrollo. Reindustrialización.
5.- Plan nacional de viviendas y de obras públicas, grandes y estratégicas. 
6.- Replantear los compromisos externos conforme nuestras necesidades, en un mundo que tiene el deber de entender la necesidad de crecimiento, justicia social y estabilidad política que necesita Argentina.
7.- Reordenamiento del Sistema Nacional de Salud.
8.- Convocatoria a un Congreso Pedagógico sobre Educación Pública.
9.- Transición energética y productiva para el cuidado del ambiente. 
Muchas otras cuestiones podrían plantearse. El asunto es que el relanzamiento del gobierno debe ser visto por los argentinos, las fuerzas políticas, sociales, etc. como un aporte a una transición democrática que nos saque del estancamiento y decadencia en la que nos encontramos. Facilitando las tareas del próximo gobierno, sea este del actual oficialismo o de uno alternativo. 
El desprestigio de la “política” llegó demasiado lejos. La falta de expectativas hace nacer opciones poco calificadas que, con promesas absurdas, busca resultados mágicos para la resolución de los problemas. Esta es una etapa donde la cooperación de las diversas fuerzas  políticas y sociales debe abrir una nueva perspectiva. Es tiempo de  cerrar décadas de tendencia declinante. Es hora de poner proa al progreso y desde la unión de los argentinos encontrar los caminos para alcanzar los más nobles objetivos.
El presidente tiene hoy 550 días por delante. Si los deja pasar no habrá sido una gestiòn sin pena ni gloria, habrá sido el incumplimiento del mandato que nuestro pueblo requiere y necesita. No asumir el desafío sería imperdonable.

* Presidente del Partido Socialista Auténtico