"Queremos pagar, pero no podemos". La frase de Alberto Fernández, en su discurso inaugural, vino de la mano del nombramiento de su ministro de Economía Martín Guzmán. Inmediatamente se empezaron a reproducir declaraciones suyas de poco tiempo atrás, que se resumían en una frase: suspender el pago de capital e intereses de deuda externa por dos años.

Vamos por partes. Primero y principal, se trata de un reconocimiento de aquello que durante mucho tiempo solo planteábamos desde la izquierda (aunque en estos últimos meses empezó a generalizarse): no hay ninguna posibilidad de pagar los vencimientos de deuda, incluso los más inminentes. La Argentina está al borde de la cesación de pagos. Sólo sería posible cumplir con el calendario de vencimientos a cambio de un mayor y más feroz ajuste que el que implementó el propio Macri. Pero Alberto Fernández sabe que eso es un suicidio político. "En 2020 no se puede hacer un ajuste fiscal", dijo Martín Guzmán en su conferencia de prensa inaugural. Por si quedara alguna duda de que "no se puede" ahí están los ejemplos de las últimas semanas en Ecuador y Chile.

Segundo: ¿quiere decir esto que el gobierno de Alberto Fernández va unilateralmente a suspender, aunque sea por el plazo de dos años, todo pago de deuda? No es eso lo que se está planteando. Guzmán reconoció en sus textos académicos que no hay que pagar nada por lo menos por ese período. Sin embargo, consultado en su conferencia de prensa, fue mucho más cauto. Dijo que "estamos en consultas con los acreedores" y que "las conversaciones que ya iniciamos con el FMI forman parte de esto". En concreto, supedita lo que el mismo define como la medida más básica y urgente (suspender los pagos, aunque sea por un período corto de tiempo), a una nebulosa negociación con diversos actores de las finanzas internacionales (fondos de inversión, oportunistas que compran bonos a precio de remate) y con el propio Fondo. Seamos claros: no existe en toda la historia del FMI ningún acuerdo sin la exigencia de un plan de ajuste. El propio Fondo ya dijo, una y mil veces, que está dispuesto a "renegociar", pero pasando del actual préstamo stand by a otro "de facilidades extendidas", donde se pueden correr vencimientos (nunca eliminarlos) a cambio de que el gobierno argentino implemente las reformas jubilatoria, laboral y mayores ajustes. Y los acuerdos con los acreedores, por lo menos con aquellos que tienen bonos con legislación internacional, seguramente requerirán para cerrarse el aval previo del FMI.

Tercero. Aún si se diera el caso de que el gobierno obtuviera un acuerdo con los acreedores de "correr" los pagos de capital e intereses por dos años, lo único que se lograría es patear el problema para adelante. Si se acumulan intereses sin pagarlos durante dos años, al final de ese período nos encontraremos con una "cordillera" de vencimientos, y una deuda que se habrá incrementado considerablemente por la simple acumulación de intereses impagos. Difícil que eso pueda resolverse simplemente "creciendo", como dice el discurso del nuevo gobierno. La famosa "consistencia macroeconómica" que declara buscar Martín Guzmán parece lejos de alcanzarse, quedando todo como una declaración de buena voluntad.

Tenemos la obligación de insistir: no hay salida sin dejar de pagar la deuda externa y romper con el FMI. Todos esos recursos deben ser dirigidos a un auténtico plan de emergencia. La lucha contra la desocupación y el hambre solo se gana si se crea trabajo genuino, con un verdadero plan de obras públicas que, al mismo tiempo que resuelva el drama del déficit habitacional, genere millones de puestos de trabajo. Del mismo modo, hay que recuperar el poder adquisitivo perdido por los trabajadores. Esto no se arregla con una "suma fija a cuenta de futuros aumentos" si realmente el objetivo es reactivar el mercado interno. Y, si se quiere terminar de verdad con la especulación financiera, la fuga de capitales y las maniobras con el dólar, hay que terminar con una legislación donde aún sigue vigente la ley de entidades financieras de la dictadura militar, reemplazándola por la nacionalización de la banca y el comercio exterior.

*Economista. Dirigente de Izquierda Socialista