El fin el Estado de Bienestar, anunciado desde Londres y Washington en los albores de la década del 80, en la periferia del mundo, aún se resiste a desaparecer. Así al menos lo interpretan los grandes fondos que se entrelazan en las bolsas de Nueva York y la city londinense, que reaccionaron de forma negativa a los anuncios del presidente Macri de aumentar la Asignación Universal por Hijo ( AUH) un 46% en 2019, lanzando una venta masiva de acciones y bonos de la Argentina, alimentando el riesgo país y dañando aún mas la alicaída cotización de las compañías locales. Y es que pese a que los mercados hablan de pragmatismo, en los hechos operan muchas veces guiados por excesos de ideología y cualquier anuncio de una leve intervención del estado en la economía y/o la sociedad, desata entre los operadores fuertes temores de un regreso al populismo, al que juzgan un pariente lúmpen del comunismo. En especial, los anuncios oficiales agradan cada vez menos a los mayores analistas de Wall Street, que consideran "blando" el ajuste que el FMI le impone a la Argentina e interpretan terriblemente mal que un gobierno de centro derecha y liberal, como consideran al de Mauricio Macri, se este pareciendo cada vez mas, por su forma de organización económica, institucional y comunicacional, al que es para ellos el mayor promotor del estado benefactor en la Argentina: el peronismo.

Pero sin el exterior se habla cada vez menos en voz baja de los errores de la actual administración Macri y del miedo a un regreso a la senda del populismo si el presidente no logra la reelección y lo sucede Cristina Fernandez, dentro de nuestras fronteras la discusión entre las pymes, los asalariados, los trabajadores informales y las grandes compañías locales es cuanto estan dispuestos a seguir perdiendo estos sectores para evitar el regreso del peronismo al sillón de Rivadavía.

En este contexto, se impone acaso volver al razonamiento del filosofo polítíco Jacques Ranciere y del economista Michael Kalecki para entender con mas claridad el panorama. Así las cosas, Ranciere sostiene que es imposible que los sectores mas vulnerables (asalariados, desempleados y trabajadores informales) a los que demonina los sin-parte, se mantengan en silencio por mucho tiempo y acepten las políticas de ajuste que propone el FMI y aplica el Gobierno, sin reclamos cada vez mas duros. En rigor, afirma Ranciere, esto se explica porque cuando los "sin-parte" buscan apropiarse de alguna parte extra, desarrollan percepciones y prácticas diferentes que las que les son asignadas e interpelan al poder desde donde pueden, incluso de forma no tradicional y poco orgánica. El mejor ejemplo de esta situación parece haberla dado la semana pasada Dante, el obrero de la construcción que le pidió al presidente Mauricio Macri que "hagan algo, no importa el gobierno pasado", para solucionar la crisis económica, durante una recorrida por una obra en el barrio porteño de Parque Patricios. Con Ranciera podríamos afirmar que la política en la Argentina es cada vez mas la indeterminación de las identidades, la desligitimación de las posiciones de palabra, de las desregulaciones del espacio y del tiempo. Un lugar en que un obrero puede increpar al presidente y reclamar su "parte", la que le quitaron o la que no quiere perder.

Pero esta situación no solo lo ocurre a los trabajadores. De hecho, son cada vez mas los industriales, pymes, productores agrarios que empiezan a dudar si conviene seguir perdiendo para frenar el regreso del peronismo a la Casa Rosada. Como señala Kalecki, los empresarios muchas veces eligen, por razones ideológicas y políticas, oponerse a las políticas públicas que mejoren la redistribución del ingreso, los subsidios al consumo y a una canasta básica de bajo costo, básicamente porque estas medidas deteriorarían la disciplina laboral haciendo que el mercado de trabajo ya no actuara como regulador del salario y de la desocupación. Para decirlo con claridad: para Kalecki los empresarios optan por bajar su tasa de ganancia (o lisa y llanamente perder dinero). Y no por razones económicas, pues el desarrollo de la demanda elevaría la producción y las ganancias de la empresa, sino para disciplinar a los empleados.

Las pregunta parecen ser entonces: ¿cuánto están dispuestos a perder los trabajadores y empresarios para que el populismo benefactor - que tiene para el votante medio la cara del peronismo- no regrese?. ¿Y como harán para aguantar el ajuste los que menos tienen y la perdida de ganancia los que mas tienen si se sigue sosteniendo en el tiempo?.

Esta respuesta esta flotando en el aire y en un año electoral, en Wall Street parecen haberlo dado el viernes pasado una muestra gratis a la sociedad argentina , y no sólo a la administración actual, de los tiempos por venir para del estado benefactor, que incluso para el gobierno actual, aun parece ser la herramienta mas fuerte de acción política.