Entre las infinitas posibilidades que brinda el idioma y la potenciación que ofrecen las traducciones -en tanto aislamiento siempre se puede repasar a Eco en “ Decir casi lo mismo”- y metáforas, prefiero aplacar la vorágine digital y aceptar, finalmente, que las palabras pueden describir todas las imágenes y que esa frase atribuida a tantos autores de “una imagen vale más que mil palabras” no registra la infinitud babélica y universal de los idiomas.

La metáfora comúnmente utilizada en el periodismo político y económico que clasifica sectores internos de cualquier grupo de poder en dos conjuntos denominados como halcones y palomas, lleva ínsita una petición de principios. (a 26 años del Atentado a la Amia, también es esclarecedor releer “ Las alarmas del Dr. Américo Castro”)

La utilización metafórica clásica desde Vietnam, en la que los halcones quieren la guerra y las palomas la paz, ha merecido múltiples adaptaciones y a fuerza de ahorrar espacio, remito aquí al tocayo de Keynes y también británico Smith.

La adulación que parecía abarcar la imagen del halcón, con sus características de fuerza, determinación, garra, y visión a distancia, versus la cobardía, fragilidad y paciencia de las palomas, ha perdido mucho terreno desde esos estudios de Smith aplicados a la teoría de los juegos.

En la economía, y en especial en la que viene poscuarentena, esa simplificación que solo reconoce guerra o paz, blanco o negro, vida o muerte, y grieta por doquier, está perdiendo terreno hasta en lo discursivo.

Los inmensos montos dinerarios que la Unión Europea está dispuesta a poner en juego para reactivar la economía, han encontrado un debate en el seno de las instituciones comunitarias que hizo una ensalada de aves que no imaginó ni Adrià.

El pragmatismo de Merkel (como en Lufthansa) y Brexit mediante, pasaron el rol protagónico cetrero a Austria, Holanda, Suecia y Dinamarca que se expresan a la cabeza de la exigencia de la interpretación que exige que las ayudas comunitarias sean tomadas en formas crediticias, retaceando los aportes sin devolución que pretenden las palomas del sur.

También reclaman ajustes en las normas laborales y jubilatorias de los miembros que, pasada la pandemia, deberían mejorar sus cuentas fiscales para estar preparados ante nuevos cisnes negros. Y en eso se les metió un debate sobre formalidad y materialidad del sistema democrático por unas leyes judiciales en Hungría y otras controversias en Polonia.

El resultado es que no encuentran ni se enrolan en una dicotomía clara que divida a Tirios de Troyanos. Los que reclamaban ayudas crediticias que garanticen “premios y castigos” se desdibujan cuando, treinta años no es nada si, sacaste la cortina pero quedó el barral. Situación de desalineamiento que recuerda a cuando Francia, condenando el Genocidio Armenio, tabicó el acceso de Turquía a la UE. La prensa europea se hace cargo del salpicón y bautizó como frugales a los del norte. ¿Se atreverán a llamar pantagruélicos a los otros?

Metáforas de la Política transgénica.

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