"La sensibilidad es el traje de etiqueta del espíritu"

Miguel Mihura

Existen personas altamente sensibles tanto en su capacidad sensorial como en la evaluación y en la respuesta emocional, lo cual modifica características subjetivas dando condiciones específicas e individuales.

Según diferentes estudios hasta un 20% de la población mundial presenta este patrón de conducta. Se genera así una personalidad más sensible y con mayor retracción social, pero a la vez con una gran sensibilidad al arte y a la intersubjetividad. Es decir, detentan un mayor procesamiento sensorial, perceptivo y representativo ante los estímulos tanto externos como internos.

Con la mayor sensibilidad y reactividad emocional aumenta la percepción interpersonal, al notar más fácilmente las diferencias entre los estímulos. En general, estas personas cuentan con una mayor atención, una mayor sensibilidad sensorial y una mayor flexibilidad. Tienen más retracción y una tendencia a la necesidad de empatía y a la comodidad del grupo, por lo que tienden a decir que sí con mayor facilidad que el resto ya que soportan menos las críticas; es decir, tienen una menor "sensibilidad de negación".

Pocas cuestiones son tan abstractas y a la vez más presentes en lo cotidiano de la vida como los estímulos sensoriales. Si bien existen consensos generales sobre lo que sentimos, es difícil precisar con exactitud qué son las sensaciones. Así, sería difícil coincidir entre personas sobre qué ven realmente cuando describen un color, un perfume o qué sienten exactamente ante un pinchazo.

En el caso del ser humano existen miles de posibilidades que son abordadas por la información; como por ejemplo, cada sentido tiene diferentes submodalidades y cada pensamiento contiene miles y miles de datos.

Sin embargo, esas funciones deben asociarse, como cuando observamos los fotogramas de una película y los integramos en una sola imagen dinámica en el tiempo. O, también, con los colores de nuestra visión, que no son pasibles de separarlos o la imposibilidad de aislar los sonidos de un violín, del resto de una orquesta. A pesar de que sí podemos diferenciarlos con atención, no es posible dejar de lado el resto de la información sensible.

Dolor y agresiones

Por ejemplo, el dolor es un mecanismo normal (fisiológico) que nos defiende de todas las agresiones que recibe nuestro cuerpo, ya sean internas o externas.

Esta complejidad y subjetividad genera un contexto muchas veces desconcertante a la hora de expresar un problema sensorial o cómo tratarlo. Sí se conoce que intervienen varios moduladores neurobiológicos de las sensaciones (constituyendo un real idioma neurológico), en donde participan neurotransmisores y diferentes zonas del sistema nervioso.

Sería difícil definir exactamente cada una de las sensaciones, y mucho menos sus variantes cualitativas, pues los sentidos son la expresión de un idioma neurológico muy complejo, integrado por unos pocos neurotransmisores y receptores pero multiplicados millones de veces. Las personas altamente sensibles detentan un umbral más bajo en la capacidad de los sentidos; es decir, detectan y discriminan mucho más los estímulos, generando procesos complicados sobre cualquier sensación pero siendo cuestiones tan abstractas, lo que tiene a la subjetividad en su máxima expresión. Por ejemplo, muchas veces no creemos en el dolor que expresan pacientes que no padecen de una patología concreta pero que, sin embargo, lo expresan y seguramente lo sienten.

Recibimos información sensorial que es filtrada por un gran sistema controlador de las cuestiones conscientes de la realidad, pudiendo fallar y descontrolando la información que ingresa, ya sea porque se produce información excesiva o porque no es filtrada correctamente. Muchas veces los dolores somáticos podrían ser explicados por un doble juego en el que trabajan tanto el factor psicológico como el biológico, muchas veces no pasibles de diferenciar.

Así, el tacto y el agua pueden enmascarar dolores desde el punto de vista funcional, dado que estimulan vías en paralelo que compiten y, de esa manera, anulan al dolor, aunque, al mismo tiempo, la ansiedad psicológica puede aumentar. También existen casos de pacientes psicóticos en los que se descontrola la sensopercepción auditiva, visual o corporal dando alucinaciones (incluso dolorosas).

Muchos trabajos plantean que las personas con alta sensibilidad producen una mayor actividad en la zona de su cerebro relacionada con esas funciones. Son cuestiones claramente subjetivas y abstractas, pero con bases neurológicas.

Se plantea en la mayoría de los foros de neurociencia o de filosofía el problema de la conciencia subjetiva como un tema central. Se considera clave su integración; es decir, cómo se asocian las diferentes informaciones específicas que se constituyen en ella. Pues las percepciones y los pensamientos dependen de un sustrato material pero no son reducibles a estos, como plantea el neurocientífico Christof Koch.

Por otro lado, la pregunta que debe hacerse es cómo se diferencian los estímulos ambientales, generando procesos que reflejan, por ejemplo, el color azul, un perfume o un sonido. Básicamente, esto se genera por un proceso de transducción de energía, cambiando la energía de inicio, que se convierte en idioma neurológico del cerebro.

Existen planteos que señalan que la sensibilidad en el procesamiento sensorial resulta evolutivamente prioritaria entre los animales gregarios, siendo el homo sapiens el más gregario a partir de su gran capacidad de cooperación. La especialista Elke Van Hoof, de la Universidad Libre de Bruselas, plantea que varios científicos piensan que en el pasado los sapiens altamente sensibles eran las encargados de adelantarse al grupo y buscar dónde descansar a partir del mayor procesamiento de la información.

La alta sensibilidad incrementa la flexibilidad y la variabilidad de respuestas, así como también existiría en estas personas una mayor excitabilidad cerebral en zonas sensoriales y de la atención.

La alta sensibilidad es solo un componente de la personalidad, si bien se puede sufrir más problemáticas de salud mental, especialmente por el desgaste. Sin embargo, también puede ser la base para el desarrollo artístico o para la condición gregaria de los grupos.

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