El lunes 17 de mayo, el Presidente de la Nación anunció el cierre total de las exportaciones de carne vacuna durante al menos 30 días con el objetivo de mermar, aunque sea leventemente, el aumento desenfrenado de la inflación alimenticia. El desmadre de los valores es en gran parte producto de la apertura total que se dio durante el gobierno de Mauricio Macri, argumentó Alberto Fernández.
La aparición de China como gran consumidor desencadenó una tentación muy grande de venta motivada por los elevados precios que pagan. Sin embargo, el desembarco del Tigre Asiático en el sector no significó grandes aumentos de producción y, por el contrario, implicó menos de un 5% en el total de exportaciones de carne.

La realidad, es que el problema de la falta de inversiones y aumento de la productividad en nuestro país poco tiene que ver con el precio internacional que se proporciona, debido a que los costos medios que se pagan en Argentina ya son significativamente más bajos que en el resto del mundo, cuando del campo se trata. Hay detrás de este conflicto, una situación compleja que tiene que ver con la concentración del poder y la libertad de manejarse de un modo extorsivo.

El presidente, por su parte, también deslegitimó el argumento de que el incontrolable aumento de precios tenga como epicentro los valores que las cadenas de supermercados establecen. La realidad es que la formación de precios explicada en gran parte por la enorme cantidad de interventores es un tema largo del que hablar, pero también es cierto, que la venta de carne proporcionada por los supermercados explica solamente el 30% del mercado, por tanto, de mínima no podemos decir que es el único motivo.

La variación interanual de alimentos de abril 2021 con respecto al mismo mes de 2020 fue de 46,4%. Es claro que el problema irresuelto de la inflación trae problemas en demasía para la estabilidad macroeconómica del país y para la credibilidad de un gobierno muy endeble, pero sin duda, el mayor altercado que genera es una crudísima realidad para muchos argentinos y argentinas que no pueden cubrir la canasta básica de alimentos de forma mensual y muchos de ellos ni siquiera de forma quincenal.

La pregunta del millón refiere a qué clase de solución es impedir las exportaciones en un país donde la recurrente falta de divisas es un tema latente. En verdad, tiene sentido si adjudicamos gran parte del aumento de precios de la carne al aumento del precio internacional originado por el contexto económico y sanitario que estamos viviendo.

Mas allá de los distintos resultados e impactos que fueron y siguen teniendo las distintas medidas que va ejerciendo el gobierno,  lo más preocupante es la enorme rebeldía con la que responden los sectores más poderosos de nuestro país. Es inviable trazar un rumbo en el cual se lleva más tiempo negociando que ejerciendo.

La respuesta que dio la Mesa de Enlace de entidades agropecuarias en rechazo al cierre de exportaciones fue convocar el martes 18 a la cesación de actividades de todas las categorías de hacienda vacuna que tendrá lugar entre el jueves 20 y el viernes 28 de mayo, con posibilidad de extensión en caso de que no se llegue a un acuerdo.

Es alarmante que suele reivindicarse la unidad de respuesta y de ataque por parte del campo frente a gobiernos democráticos y que se identifica como gestos de madurez política y búsqueda de diálogo, frente a la “soberbia” y el “autoritarismo” ejercido por el gobierno. La autoridad arrebatada por un grupo empresario al jefe de Estado y su equipo, es algo que se observa en pocos países del mundo mucho menos en aquellos a los que comúnmente denominamos “países ordenados”.

Podríamos pensar incansablemente si las medidas propuestas por el equipo de Fernández son o no las mejores, el problema es que es imposible saberlo con cierta seguridad si cada medida se ve vapuleada por sectores que son capaces de generar desabastecimiento para 45 millones de personas.

Las oraciones ecuménicas expuestas por el sector agrícola ayudaron a referenciar, hace ya muchos años, un discurso que busca convertir la rebeldía agraria en una muestra de civilidad frente al poder central. Sin embargo, las formas y medidas extorsivas ponen de manifiesto una y otra vez la violencia a la que somos sometidos la mayoría de los argentinos sin piedad.

El gobierno enfrenta un problema que tiene que resolver de manera inmediata, aunque ello solo sea posible de forma utópica. El porcentaje de pobreza escala a valores escalofriantes y los dólares no se comen. Quizás prefiero, un gobierno que responda ante la negación de la autoridad, antes que un gobierno sumiso que busque fingir una falsa paz que hace muchos años no tenemos.

* Economista (UBA), Integrante de Paridad en La Macro, Militante de Grupo Bicentenario y del Espacio de Géneros Micaela García.

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