La llegada de la oralidad al fuero civil, y el hecho de que se realicen las audiencias por Zoom y otras plataformas, significa un paso más para que los ciudadanos comiencen a depositar su confianza en la Justicia. También permite acortar los plazos que insumen la tramitación de los expedientes y economizar sus recursos. Además posibilita que los jueces dejen de permanecer en el anonimato. Sin embargo, hay muchos desafíos pendientes. 

Ahora que esta modalidad está en el fuero civil, y que las audiencias se realizan a través de medios informáticos, es necesario que jueces y abogados se capaciten para que sus principios se vean plasmados en los Tribunales.

El proceso civil se divide en dos etapas. Una de estas, a su vez, se subdivide en una fase escrita y otra oral, llamada"audiencia preliminar". Allí el juez convoca a las partes, a través de propuestas concretas que permitan llegar a una conciliación. 

El magistrado ejerce así un rol activo, conoce el expediente y quiere escuchar de las partes sus reales pretensiones.En esa audiencia, también puede interrogar directamente a las partes. Puede ofrecer soluciones o requerir propuestas concretas, las que si fracasan lo llevará a analizar la viabilidad de la prueba, pudiendo resolver cuáles son admisibles y cuáles serán rechazadas, sin posibilidad de apelar.

Luego de que toda la prueba escrita sea rendida, se fija fecha para la audiencia de vista de causa, que es oral. Allí, deberán concurrir las partes (en el caso actual, a distancia) con sus letrados, los testigos y peritos. Se busca así terminar en una o varias jornadas con el juicio. 

Actualmente, suele mantenerse en una actitud pasiva frente al juez que avanza preguntando directamente a las partes, interrogando a los testigos y vedando las preguntas de los abogados, dejando sólo reservada una mínima porción para ellos. 

Esta actividad inquisitiva del juez es cuestionable, ya que las reglas de litigación indican que, cuánto más indague, se afecta su neutralidad, que es una de las condiciones esenciales para preservar la igualdad de partes. 

Algunos magistrados suelen ejercer este rol paternalista sobre los litigantes, y reemplazan sus funciones, ya que no confían en sus capacidades.  

En cambio, debería tener a su cargo la dirección del proceso, conduciendo las actividades de las partes y moderando cuanto sea necesario para llegar al veredicto. Así, debería mantener una postura expectante, para preservar su imparcialidad. Sin embargo, no sucede en la mayoría de los procesos.

El proceso civil debería dividirse, al igual que el proceso penal, en dos grandes etapas. La primera requiere que el juez civil sea proactivo en la solución del conflicto, buscando todas las maneras de acercarse a las partes. 

La segunda instancia se basa en una participación distinta por parte del juez, que debe conocer poco del asunto, para que pueda ser objetivo. En esta etapa, solo podría interrogar a los testigos respecto a alguna duda o aclaración.

SI bien la oralidad es un gran progreso, se requiere de un avance cultural jurídico muy grande para que la misma y sus principios se vean reflejados en los Tribunales

Por eso, no solo hay que buscar un real cambio en las normas procesales, sino también es necesario que jueces y litigantes se capaciten en técnicas de oralidad.

*Abogada, Maestra Internacional de Derecho con especialización en Litigación CIvíl y Penal, recibida con honores en CWSL, EEUU.