Adolf Hitler pensaba que la Comunidad Internacional olvidaría las atrocidades cometidas por él y se preguntaba ¿ Quién se acuerda del genocidio armenio ?. Lo que él no sospechó, es que l os armenios resurgirían de las barbaries que había tenido que transitar su pueblo durante 1915 y 1917 sin obtener, aún hoy, justicia por ello . Lo que él no sabía es, que el pueblo armenio, que construyó su identidad sobre el exterminio, florecería y lucharía por el reconocimiento internacional del genocidio. Un epitafio de Ernesto Cardenal que hicieron suyo, resume la fuerza de voluntad con la que este pueblo revivió de sus cenizas. Quisieron enterrarnos y no sabían que éramos semillas ”.

Luego de 106 años aguardando el reconocimiento por parte del Estado negacionista turco, la presión internacional es evidente. Ya no queda rincón en el planisferio donde no se conozcan los horrores que vivió el pueblo armenio . Una gran cantidad de países, arriesgando sus relaciones internacionales con Turquía, han reconocido el genocidio armenio primando su sentido por la justicia y la verdad. Según informaron algunos medios estadounidenses estos últimos días, el presidente Biden considera reconocer que las matanzas de 1915 efectivamente constituyen un genocidio. Una declaración que implicaría poner en jaque las políticas negacionistas de Turquía. Tengamos en cuenta que el negacionismo de un delito tan aberrante implica continuar con este genocidio. Daniel Feierstein sostiene que el genocidio se divide en etapas, la última de ellas “ la realización simbólica de las prácticas sociales genocidas ” donde podemos encuadrar las estrategias negacionistas de la Nación Turca (trivialización, justificación y la negación del crimen).

En tanto la Comunidad Internacional no cumpla con su obligación de respetar y garantizar el derecho a la dignidad ya la verdad del pueblo armenio, obligaciones que vienen dadas por el principio de garantía colectiva, consentirán la impunidad como lo ha hecho el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Perincek c. Suiza donde se reconoció el derecho a la libertad de expresión en detrimento de la dignidad del pueblo armenio.

Por si fuera poco, la guerra por el territorio de Arsaj abrió una antigua herida. En este enfrentamiento que encontró como protagonistas a Armenia y Azerbaiyán tuvo como coprotagonista a la Nación turca quién se involucró para apoyar a los azerbaiyanos y dejó entrever el odio, aún latente, que tiene por los armenios.

Se cumple otro año más de conmemoración del genocidio sucedido en 1915 y está cada vez más firme la lucha por su reconocimiento internacional que implica, no solo un asunto fundamental para la identidad del pueblo armenio, sino una asignatura pendiente en materia de derechos humanos que atraviesa a toda la humanidad.

 

* Docente de Derechos Humanos, Facultad de Derecho, UBA