Como suele ocurrir en la previa a un viaje de fuste por el exterior, el ministro de Economía, Martín Guzmán, antes de subirse al avión hace una gira doméstica de declaraciones públicas tranquilizadoras.

En  especial en lo que se refiere al optimismo del ministro para lograr domar la inflación más allá de abril y acercarse a la pauta del Presupuesto 2021: 29% anual.

Eso implicaría una suba mensual de menos del 2% de acá a fin de año en un país que ya viene de varios años de dos dígitos de inflación y supera nueve veces la media de ese indicador para el resto de América Latina (excluyendo a Venezuela, claro) , en torno al 3,7% anual.

Guzmán sostiene su optimismo en un concepto técnico-político que sabe desarrollar con tono firma y académico: la gerencia recibido que dejó al país en una inflación de 54% anual, que firmó un acuerdo stand by con el FMI por un total de 54.000 millones de dólares y que ingresó a la Argentina a la pandemia con una recesión profunda.

Todo es cierto; sin embargo, ese argumento doméstico que mira más a las elecciones legislativas, a fortalecer al presidente Alberto Fernández y a mojarle la oreja a la oposición tal vez no sea exitoso a la hora de rogar clemencia en el frente externo para los vencimientos cercanos a los 7.000 millones de dólares para este año entre lo que debe abonarse al Fondo y al Club de París.

Por otro lado, el ministro siente que tiene un as en la manga: acaba de lograr un fuerte respaldo del Presidente para avanzar en el ajuste que sabe necesita presentarle al board del FMI en torno al aumento de tarifas, que ya está en marcha en gas y electricidad pero que un sector de la coalición de Gobierno le critica duramente y le pide que desande, al menos hasta después de las elecciones.

El titular del Palacio de Hacienda confía en la recaudación, que viene creciendo 10 puntos por encima de lo proyectado en el Presupuesto y es lo que enciende la esperanza de Balcarce 50 en que, como dijo recientemente el primer mandatario confió en que hay una reactivación fuerte que aún no se ve, siempre comparado con el precipicio 2020.

En cuestión de horas, el ministro partirá a Washington donde se reunirá el lunes próximo, cara a cara, con la sonriente timonel de ese organismo internacional de crédito, la búlgara Kristalina Georgieva, quien a su vez debe justificar puertas adentro de esa entidad por qué su antecesora le otorgó a la Argentina, durante la gestión de Mauricio Macri quien perdió las elecciones, un préstamo millonario y en tiempo veloz para la historia de ese organismo.

A solas, puertas cerradas, las sonrisas de la timonel del FMI y del titular de Economía podrían desdibujarse. Ambos tienen necesidades comunes pero también exigencias técnicas que ofrecer indefectiblemente. Probablemente el ministro también, tenga que explicar a solas y a puertas cerradas qué pasa con las vacunas contra el Covid en la Argentina.

Hoy, desde la mirada internacional la vacuna tiene un componente económico que no se deja de lado porque de a inmunización de la población depende la velocidad del arranque económico y la Argentina argumenta que necesita crecer para poder pagar.

Seguramente, se le agregará algún cuestionario incómodo a Guzmán en torno a los cambios en Justicia, ya que las advertencias de algunos referentes del sector privado en cuanto a los temores por el rumbo que podrían tener no sólo las causas por corrupción sino los fallos en torno a las reglas de juego económicas ya habrían llegado a Washington antes que aterrice el avión de Guzmán.

En fin, el ministro buscará que el FMI le garantice al menos 3.500 millones de dólares para afrontar los 2.500 millones de dólares que la Argentina tiene que pagarle en mayo al Club de París.

Esto independientemente de la fecha en que efectivamente se firme o no el acuerdo con el FMI. Lo que el equipo económico además  busca es que el G7 (los países más industrializados del mundo) apruebe un aumento en los fondos debido al impacto económico de la pandemia en los países menos industrializados a través de los giros del FMI.

Si esto fuera así, entre abril y mayo, la Argentina podría recibir entre 3.500 millones de dólares y hasta 5.000 millones de dólares. Con ese respaldo internacional, Guzmán tendría oxígeno incluso para afrontar otros 1.800 millones de dólares que se vencen en septiembre y hay que pagarle al Fondo.

Con ese frente resuelto y el plus que, esperan en el Palacio de Hacienda, continúa generando la recaudación Guzmán tendrá espaldas anchas para capear, al menos por este año, los embates domésticos que le piden desde la coalición gubernamental mano más suelta con el gasto y los subsidios. Pero la Argentina es, siempre, muy dinámica y aún más en tiempos de pandemia.

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Alejandra Gallo

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